Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Aprendamos a usar nuestro cuerpo para el bien, a luchar por lo que vale la pena y a defender lo verdaderamente importante, para que el orden de Dios llegue a nuestros hogares, ciudades y a toda la sociedad.

Homilía i293009a, predicada en 20251022, con 6 min. y 12 seg.

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Transcripción:

En el año 1979, es decir, el año siguiente a su elección como sucesor de Pedro, el Papa San Juan Pablo II inició una serie de catequesis y yo tengo para mí que ni él mismo se imaginaba en ese momento, hasta dónde llegaría el impacto de esas enseñanzas. Esas catequesis, debidamente recopiladas mucho después, constituyen el corazón de lo que hoy se llama teología del cuerpo. Y es una expresión que llama mucho la atención.

Hace poco un amigo me decía: Yo no había caído en la cuenta de lo que significa esa expresión. Y me decía, uno asocia la teología únicamente con el alma, únicamente con lo espiritual. Y cuando nos hablan de teología del cuerpo, pues parece como una expresión, por lo menos, extraña. Quiero decir unas palabras sobre teología del cuerpo, porque la primera lectura de hoy, tomada del capítulo sexto de la Carta a los Romanos, nos habla precisamente del cuerpo humano. Concretamente, Pablo dice: No utilicen el cuerpo para el pecado, y dice que utilicen el cuerpo para la justicia, la justicia de Dios.

¿Qué quieren decir estas expresiones y cómo se conectan con la teología del cuerpo? En primer lugar, démonos cuenta que prácticamente todo pecado, no solamente los que solemos llamar pecados de la carne, prácticamente todo pecado tiene que ver con el cuerpo. Por ejemplo, si tienes envidia y te metes a hacer murmuración o a sembrar cizaña, vas a utilizar tu boca. Es evidente en la lujuria que todo empieza por los sentidos, es decir, que empieza por tu cuerpo. Las actitudes propias de la ira afectan también tu cuerpo, incluso afectan tu salud.

Recuerdo un psicólogo amigo mío que me decía que tan grave es el resentimiento que daña la salud del cuerpo. Es que somos una unidad, somos una unidad sustancial, nos enseña la antropología cristiana. O sea que, tanto las virtudes como los pecados están conectados con nuestro cuerpo. Y por eso San Pablo nos dice: No utilicen el cuerpo para el pecado. Eso ¿qué quiere decir? Pues que no utilices tus ojos para expresar desprecio, que no utilices tus manos para caricias indebidas o para violencia, que no utilices tus pies para ir donde no tienes que ir y así con todo tu cuerpo.

Pero la otra expresión es un poco más difícil de explicar, porque nos dice San Pablo también en este capítulo sexto de Romanos, nos dice que utilicemos nuestro cuerpo para la justicia de Dios. Una vez más, tenemos que recordar qué significa justicia en el contexto bíblico. Justicia quiere decir el orden de Dios. Traer justicia significa poner las cosas en orden, pero no en el orden que a mí me gustaría, sino en el orden de Dios que siempre es superior y más perfecto.

Entonces, utilizar nuestro cuerpo para la justicia de Dios es decirle al Señor: Aquí tienes estas manos y puedes contar con ellas, aquí tienes esta voz y puedes contar con ella, aquí tienes estos abrazos que yo puedo dar, Señor, y puedes contar con ellos, aquí tienes mis pies. Como decía el profeta Isaías: Envíame a mí. Básicamente, poner los miembros de tu cuerpo al servicio de la justicia de Dios, es decirle al Señor: Puedes contar conmigo, puedes contar conmigo con todo mi ser, puedes contar conmigo con todo lo que yo soy, puedes contar conmigo para traer tu orden.

Piensa, por ejemplo, que los manifestantes levantan su voz, levantan sus puños, hacen escándalo en las calles, utilizan su cuerpo. Pero tú puedes hacer una manifestación maravillosa, espectacular en el sentido de eso, muchísima gente, algo muy nutrido y haces una manifestación para que haya más abortos. O puedes utilizar tu cuerpo y hacer una gran manifestación y una gran marcha por la vida, y ambos están utilizando su cuerpo. Aquellas mujeres que se exhiben, muchas veces, muestran sus cuerpos y están diciendo: más aborto, más aborto, aborto ya, están usando sus cuerpos.

Pero tantas otras mujeres y tantos otros varones que salen a marchar para defender la vida y están también gritando consignas, están usando sus cuerpos, pero están usando sus cuerpos para el bien. Esa es la elección que nos propone San Pablo, eso es lo que quiere Pablo, que nosotros aprendamos a usar nuestro cuerpo para el bien, que nosotros aprendamos a luchar por lo que vale la pena, que nosotros usemos nuestro cuerpo para defender lo que realmente importante, que nosotros utilicemos todo lo que somos, para que el orden de Dios llegue a nuestros hogares, llegue a nuestras ciudades y llegue a la sociedad entera.

¿Te llama la atención ese desafío? Si estás de acuerdo con San Pablo y con estas sencillas palabras, ahora te voy a pedir que, desde lo profundo de tu corazón, tú le digas al Señor: Quiero servirte, quiero servirte con toda mi alma y con todo mi cuerpo. Amén.

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