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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Al convertirnos lo que antes nos servía para pecar debe empezar a servir para la gloria de Dios, recordando que el pecado puede ser ocasión para la obra de la gracia pero no es causa de la gracia.
Homilía i293008a, predicada en 20231025, con 6 min. y 11 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos, hoy la primera lectura de la Santa Misa está tomada del capítulo sexto de la Carta a los Romanos. Y he querido que en estas breves reflexiones nos acerquemos a este documento absolutamente central, porque, no cabe duda, es una de las más extensas, profundas y completas exposiciones de los fundamentos de lo que nosotros creemos como cristianos, la Carta a los Romanos.
En el texto de hoy, el apóstol San Pablo nos enseña varias cosas de las cuales quiero destacar dos. Las dos están conectadas con esta pregunta ¿qué pasa cuando una persona se acerca a Dios, qué pasa cuando una persona se convierte? O tal vez deba ponerlo de un modo un poco más hipotético ¿qué debe pasar cuando una persona se convierte? Y aquí es donde entran las dos enseñanzas que quiero destacar. La primera enseñanza es esta. Mira, date cuenta que lo que antes te servía para pecar, ahora ha de servir para la gloria de Dios, esa es la primera parte.
Y la segunda parte, aunque Dios haya utilizado la realidad de tu pecado para mostrarte su amor, jamás tomes eso como una invitación a seguir pecando. Es decir, el pecado puede ser ocasión de la obra de la gracia, pero el pecado no es causa de la gracia. Dos afirmaciones muy importantes. Entonces, vamos con la primera lo que te sirvió para el pecado, que ahora sirva a Dios para su obra, para su evangelización, para su Iglesia, para la gracia. Tomemos ejemplos, el mismo Pablo es un gran ejemplo.
Un hombre súper inteligente, un hombre muy preparado en la Sagrada Escritura y un hombre con una voluntad persistente en un grado altísimo. Pero ¿para qué le sirvieron a Pablo, antes de su conversión, para qué le sirvieron esas fortalezas, esas cualidades que tenía, para qué le sirvieron? Yo te voy a decir para qué le sirvieron. Le sirvieron para afianzarse en el pecado, como tenía tanta inteligencia, como tenía tanto conocimiento de la Escritura, como tenía tanta formación, pues él estaba absolutamente encerrado en sus propias ideas y no había quien lo sacara de sus ideas.
Es decir, que su inteligencia brillante y su voluntad fuerte lo hicieron obstinado, lamentablemente obstinado en el pecado. Pero él tiene una conversión que se narra en varios lugares, por ejemplo, en el capítulo noveno de los Hechos de los Apóstoles. Y cuando Pablo tiene su conversión, esas mismas cualidades entran al servicio de Dios. Entonces, ahora su conocimiento de la Escritura le va a servir para demostrar que Jesús es el Cristo, que Jesús es el Mesías y le va a servir para dar realmente una doctrina pura, fecunda y abundante a las distintas comunidades donde él estuvo.
Eso, eso es aprovechar para Dios, lo que antes sirvió para el pecado. Puedes pensar en otros casos de conversión. Piensa, por ejemplo, en la simpatía natural que tenía un hombre como San Francisco de Asís, que no era San Francisco de Asís antes de su conversión. Pero cuando él se convierte, todo ese don que él tenía, todo ese don natural queda al servicio de Cristo Señor. La segunda idea no es menos importante, es verdad que nuestros pecados pueden servir de ocasión, ocasión.
Por ejemplo, pues la vida de pecado que llevó María Magdalena como que sirve para resaltar la magnitud de la misericordia divina. Pero eso jamás debemos interpretarlo como una invitación a que nosotros pequemos al estilo de María Magdalena, para que entonces se produzca, como de una manera automática, se produzca la obra de la gracia y se produzca, se produzca la santidad. El pecado no es causa de la gracia, el pecado no genera santidad, aunque Dios en su infinita misericordia puede, puede aprovechar hasta nuestros pecados para mostrar hasta dónde es compasivo, hasta donde es misericordioso, y cuánto nos ama, eso puede suceder.
Entonces, ¿a qué nos llama esto? Pues finalmente lo que esto nos llama es a una vida de agradecimiento, porque es maravilloso que Dios haya llegado a nuestra existencia. Una vida de gratitud y como consecuencia de la gratitud, una vida de fidelidad, una vida de fidelidad al Señor, una vida, una vida de santidad. Vivir agradecidos y emprender de lleno, con gusto, con empeño, con generosidad, el camino de la santidad, esa es la verdadera propuesta de Pablo.
Que antes las cualidades que tenías o la belleza que tenías, o las amistades que tenías, o los talentos que tenías, te servían para el pecado, eso fue antes. Ahora aprovecha todo esto para Cristo, aprovecha todo esto para darle la gloria a Él. Una vida de santidad, una vida en gratitud, que siempre será también, una vida en humildad y una vida de alegría. Que Dios te bendiga.

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