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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La ley de Moisés era un auxilio solo exterior, pero con Cristo estamos en un régimen nuevo, el de la gracia, ese auxilio interior que nos ayuda a vencer toda forma de pecado.

Homilía i293007a, predicada en 20211020, con 5 min. y 44 seg.

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Transcripción:

La primera lectura hoy proviene del capítulo sexto de la Carta a los Romanos. Nos presenta la relación entre el pecado, la ley y la gracia. Tratemos de seguir el planteamiento que nos hace el apóstol, porque yo creo que nos aclara cosas que están sucediendo en nuestro tiempo. ¿A qué me refiero? Muchas personas tienen la idea de que la ley, la ley de Moisés, eso significa, por ejemplo, los mandamientos de la ley de Dios eran prescripciones muy fuertes, muy duras, muy difíciles de cumplir y en las que primaba ante todo el rigor.

Entonces, se presenta como una especie de asociación mental según la cual, para muchas personas, Antiguo Testamento significa el Dios justiciero, significa el rigor, el castigo significa mano dura. Y luego, el Nuevo Testamento, ya cuando entra Cristo en la escena, ya significa una cosa distinta, en el Nuevo Testamento, ya lo que aparece es la misericordia, la compasión, la comprensión por las fallas que todos tenemos. Entonces, se hace inconscientemente una especie de paralelo, de manera que el Antiguo Testamento sería la intolerancia y el rigor, el Nuevo Testamento sería la misericordia y la comprensión.

Y una de las consecuencias que sale de esta caricatura, porque es una caricatura, es que entonces, el pecado era una cosa terrible en el Antiguo Testamento, pero en el Nuevo Testamento el pecado es más o menos como un defecto que uno tiene, como, pues si una falla, pero no hay que hacer gran drama de eso. Es decir, no es tan grave. El pecado era gravísimo en el Antiguo Testamento, pero el pecado ya no es tan grave en el Nuevo Testamento, esa es la idea que muchas personas tienen.

Una forma extrema de esta idea es la de un hombre llamado Marción, que por allá en los primeros siglos del cristianismo llegó incluso a decir lo siguiente: Es que uno era el Dios del Antiguo Testamento y otro el Dios del Nuevo Testamento, dos dioses diferentes. Es, más o menos, la idea que está debajo de esa separación estricta. Y luego, cuando Pablo predicaba, cuando estaba iniciando la predicación del Evangelio, pues él iba, en primer lugar, a las sinagogas, y él mostraba cómo la ley de Moisés había cumplido un papel, pero ese papel era conducirnos hacia Cristo.

De hecho, vamos a encontrar ese pasaje pronto, como la ley es el pedagogo que nos lleva a Cristo. Y cuando Pablo hablaba de esa manera, mucha gente caricaturizaba, otra vez la palabra caricatura, caricaturizaba el pensamiento de Pablo diciendo: Pues si la ley ya está superada, entonces pequemos, a pecar se dijo. Como si Pablo estuviera enseñando pues lo que, a veces, como que se predica hoy, es decir, que en el nuevo régimen, en el régimen de la misericordia, en el régimen de la gracia, el pecado no es cosa tan grave y, por consiguiente, pequemos, o sea, no es tan serio. Claro, son caricaturas.

Si nos vamos al Antiguo Testamento, descubrimos que no todo es justicia, rigor y castigo. Encontramos expresiones de dulzura, de ternura, de cuidado. Una de las frases más tiernas de toda la Biblia está en el Antiguo Testamento. Dice efectivamente, allá en el profeta Isaías: «¿Puede una madre olvidarse del fruto de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo jamás me olvidaría de ti». Esas son palabras de dulcísimo amor, están en el Antiguo Testamento. Y si vamos a mirar palabras de justicia y de rigor en el Nuevo Testamento, son muchísimas.

Como varios han notado, la persona en toda la Biblia que más habla del infierno es Jesús. Esta frase de Jesús dime si suena a que el pecado no es importante, dice Jesús: «Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera». Esa frase de Jesús es impresionante. Entonces, salgamos de esa caricatura, no, no, no, así no es. La gran enseñanza es que estamos en un régimen nuevo, el régimen de la gracia, y que esa gracia es auxilio interior para que no pequemos.

La ley, como enseña Santo Tomás de Aquino, la ley de Moisés era auxilio solo exterior. La gracia es auxilio exterior e interior, pero es para vencer al pecado, para vencer toda forma de pecado. No traicionemos la palabra de Dios y no nos traicionemos.

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