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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tres tareas nos deja Cristo al llamarnos "administradores": conocernos a nosotros mismos; buscar la voluntad de Dios; y recordar la hora de nuestra muerte.
Homilía i293002a, predicada en 20111019, con 4 min. y 38 seg. 
Transcripción:
Creo que la palabra clave en el Evangelio de hoy es administrador. De lo que se trata, según la enseñanza de Jesús, es que cada uno de nosotros pueda reconocerse no dueño, sino administrador. Administrador ¿de qué? Administrador de todo lo que tenemos, incluso de todo lo que somos. Fíjate la diferencia entre el dueño y el administrador. El dueño, precisamente, siente que puede disponer de lo que tiene porque es dueño. En cambio, el administrador no es dueño y por eso, debe presentar cuenta, debe rendir cuenta de lo que hace. Y de aquí, entonces, con esa sola palabra, Jesús nos llama a tres grandes tareas.
La primera, como administradores tenemos el deber de explorar cuáles son los dones que hemos recibido, cuáles son los talentos, cuáles son los regalos que Dios nos ha dado. Dios no nos ha enviado a esta tierra sin sus regalos, pero los regalos cambian de persona a persona, tenemos distintos dones. En algún caso, puede ser incluso los bienes materiales, o puede ser la inteligencia, o puede ser las amistades, o puede ser el sentido de la belleza. Pueden ser cualidades artísticas, científicas, literarias. Cada uno de nosotros tiene sus propios dones y la primera tarea es conocer esos dones.
Y también, por supuesto, conocer las limitaciones, que es una manera de conocer los peligros. Piensen lo que sucede si alguien recibe, digamos, una casa, una hermosa casa, ve que hay muchas cosas que puede disfrutar, que puede apreciar, pero también se da cuenta que esa casa necesita ser protegida por la parte de atrás, necesita una buena reja, necesita una vigilancia porque podría entrar un ladrón por la parte de atrás. Entonces, ahí hay una tarea. Esa tarea es reconocer las fortalezas, pero reconocer también los peligros, reconocer las fragilidades. Esta tarea nos la ha dejado Cristo con la palabra administración, al decirnos que somos administradores.
En segundo lugar, el administrador no solo debe responder por unos bienes, sino que como no es el dueño, pues el dueño, el verdadero dueño, que en este caso es Dios, tiene unos planes, tiene unos proyectos, tiene unos deseos para esos bienes y esos planes y proyectos nos interesan a nosotros, pero nos interesa sobre todo conocerlos. No es únicamente decir: estos son los dones que yo he recibido, sino interesa que yo reconozca qué es lo que Dios quiere.
Es decir, tengo que preguntarme no solo por mis cualidades, sino por cuál es el plan de Dios para mi vida. Esta escucha profunda de la voluntad de Dios, esta búsqueda profunda del querer de Dios muchas veces requiere silencio, requiere oración, a veces, requiere retiro espiritual. Es una actitud que reclama de nosotros la búsqueda de la voluntad de Dios, sabiendo que ahí está también la plenitud de nuestro ser.
Y, en tercer lugar, el hecho de que seamos administradores nos deja la tarea de tener siempre la mirada puesta en que hay un día, un día de encuentro con el Señor. Para nosotros la muerte no es simplemente una tragedia, un final, una extinción o una desgracia. La muerte, la muerte es encuentro, es encuentro con mi Creador, es encuentro con Aquel que me regaló tantas cosas y, por consiguiente, he de tener siempre memoria de ese momento. Fíjate las tres tareas: conocerse, buscar la voluntad de Dios y tener siempre la mirada puesta en el encuentro más allá de la muerte.

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