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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El gran drama de la humanidad no está solo en cómo hemos de conocer la voluntad de Dios, sino que después acogerla en el corazón y a partir de ahí decidir, proyectarlo y hacerlo.
Homilía i283008a, predicada en 20211013, con 4 min. y 25 seg. 
Transcripción:
En la primera lectura de ayer, recuerda que esta semana los textos de la primera lectura son de la Carta a los Romanos. En la primera lectura de ayer teníamos un pasaje del capítulo primero de la Carta a los Romanos, donde el apóstol San Pablo nos muestra qué sucede en el mundo pagano, es decir, el mundo ajeno a la revelación que Dios le dio a Moisés y a los profetas. ¿Qué sucede en el mundo pagano? Pues que el ansia de infinito que hay en el corazón humano, al no encontrar al Dios verdadero, pues se vuelca a las mentiras, se vuelca a los ídolos.
Y entre los ídolos, tarde o temprano como sociedad, vamos degenerando en la búsqueda del placer. Eso lo encontramos indudablemente en nuestro tiempo. El texto de hoy de la primera lectura de hoy nos presenta un escenario diferente. Y ahora ¿qué va a suceder con los judíos? Es decir, ¿qué va a suceder o qué sucedió con el pueblo al que Dios escogió, el pueblo al que Dios le habló, qué hay de esa gente, qué pasó con los judíos, en qué quedan ellos, en qué tienen ventaja, en qué no la tienen? Bueno, gran pregunta, pregunta importante. ¿Tienen ventaja, no tienen ventaja?
En cierto sentido, sí tienen ventaja, claro, es decir, conocer de la voluntad de Dios es una luz preciosa. Pero el punto central de lo que nos quiere decir Pablo en este texto de hoy, es que no basta conocer, no es únicamente conocer y decir: Yo sé cuál es la voluntad de Dios, yo sé lo que es mejor, yo sé lo que es correcto. No, el problema no está únicamente aquí en una cabeza que sabe, el problema no está únicamente aquí, el problema va más allá. El problema está en las decisiones que tú tomas, en las obras que tú haces.
Conocer está bien, pero ¿cuál es tu manera de decidir y, por consiguiente, cuál es tu manera de planear, cuál es tu manera de obrar? ¿Qué decides, qué proyectas, qué obras? Esas son las preguntas, esas son las preguntas fundamentales. Y es ahí donde el judaísmo se queda corto, porque indudablemente recibió revelación de Dios, no lo dudamos, indudablemente Dios les habló a través de Moisés y los profetas. Pero es que el tema no es conocer solamente, es el querer y es el poner por obra, es decir, el querer integral, el querer de verdad.
Y ese querer de verdad no se queda únicamente en la cabeza, sino que tiene su lugar principal en aquello que la Biblia llama el corazón. Entonces, el gran drama de la especie humana está en cómo he de conocer, en primer lugar, estamos de acuerdo, conocer la voluntad de Dios, estamos de acuerdo. Pero después, acogerla en el corazón y a partir de ahí, lo que yo quiero, lo que yo decido, lo que yo proyecto y lo que yo hago, esa es la pregunta. Y es ahí donde se necesita una gracia que transforme, es ahí donde se necesita una renovación, es ahí donde se necesita nacer de nuevo.
Este es el plan de la Carta a los Romanos. Entonces Pablo, después de mostrarnos, como se vio en el pasaje de ayer, que el mundo pagano termina degenerado, y después de mostrarnos como se ve en el pasaje de hoy, que no basta con conocer, sino que hay que transformar el corazón, luego nos va a contar en la misma carta a los Romanos qué es lo que sí es capaz de cambiar nuestro corazón, qué es lo que sí puede renovar nuestro corazón.
Así que hay que seguir muy atentos a este documento precioso, este documento magnífico que el Espíritu Santo nos concedió a través del apóstol San Pablo, la Carta a los Romanos.

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