Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La respuesta a mi necesidad solamente viene de Cristo, y sólo en Él está la fuerza transformante capaz de realizar el plan de Dios en mi vida.

Homilía i283006a, predicada en 20151014, con 4 min. y 52 seg.

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Transcripción:

Ya hemos explicado antes cuál es el tema central de la Carta a los Romanos. Es la fe, la importancia del don de la fe que abre nuestros corazones al sublime regalo de la gracia divina, gracia que significa amor con el que Dios se da a sí mismo. Esa gracia nos ha sido otorgada en la persona de Jesucristo. Y cuando nosotros nos abrimos a la gracia divina, queremos decir que nos abrimos a la oferta del amor de Dios en Cristo. Acogiendo a Cristo, recibimos el poder transformante de su amor, el poder transformante de su Espíritu Santo que hace de nosotros criaturas nuevas. Este es el mensaje central de la Carta a los Romanos.

Pero Pablo es consciente de que aquella comunidad de Roma, lo mismo que tantos otros lugares del mundo antiguo, tenía una porción, una proporción de judíos, y tenía también un gran número de paganos. Y por eso, al escribir a la comunidad de los cristianos de Roma, algunos de los cuales tenían que venir del judaísmo y otros del paganismo, pues Pablo es buen pedagogo. Y entonces, al hacer estos, al escribir estos textos introductorios de su Carta a los Romanos, una partecita de la introducción va para los paganos, que es lo que está en el capítulo primero y otra partecita de la introducción va para los judíos, que es lo que está en el capítulo segundo.

Y que está muy bien representado en el pasaje que la Iglesia nos ofrece hoy, capítulo segundo de la Carta a los Romanos. Y ¿qué es lo que encontramos ahí? Básicamente, lo que Pablo quiere decir a sus hermanos de raza y de religión, es decir, a los demás judíos, lo que Pablo quiere enfatizar es date cuenta que lo que tú tienes, es decir, la ley de Moisés, siendo grande y notable, es insuficiente. Date cuenta que la ley, la sola ley de Moisés, no es suficiente, sino que sirve más bien de anticipación, de preparación, de camino para lo que Dios quería darnos y, de hecho, nos dio después. Es decir, la efusión del amor salvador y transformante de Dios en la persona de Cristo.

Lo que Pablo quiere es que sus compañeros de raza, que los demás judíos descubran como él descubrió por puro amor de Dios, que la ley no puede absolutizarse, la ley de Moisés, porque la ley apenas es un camino para la gracia, la gracia divina, la que está en Jesucristo, eso es lo que quiere Pablo. Ahora bien, ¿cómo se demuestra que la ley es insuficiente? En síntesis, lo que viene a decir Pablo es que la ley nos cuenta lo que es bueno, pero no nos da las fuerzas para lograrlo.

Sí, es cierto, la ley nos dice que no hay que robar. Pero la torcedura, la perversión, la desviación del corazón humano que quiere robar, así como quiere mentir para su conveniencia, así como es egoísta para su provecho y luego su desgracia, así como el adulterio, todo eso está en el corazón humano y la ley no tiene potestad para cambiar ese corazón. O sea, la ley nos dice cómo deberían ser las cosas, pero no nos da los recursos para que lleguen a ser realmente distintos.

Con esa convicción, lo que quiere Pablo es que sus compañeros de raza, sus judíos, se den cuenta que en Cristo y solamente en Cristo está esa fuerza transformante que hace que yo no solo reconozca el bien como un deseo, como una posibilidad o como un deber, sino que lo reconozca como mi propia alegría, lo reconozca como mi meta y lo reconozca como la realización del plan de Dios en mi vida.

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