Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La diatriba es un modo de exposición que presenta el contraste entre la luz nueva y la antigua oscuridad.

Homilía i283004a, predicada en 20111012, con 18 min. y 33 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos, en las lecturas de hoy estamos ante un caso típico de doble regaño. La primera lectura un regaño de San Pablo al pueblo judío. Sale uno de ese regaño, se encuentra a Cristo fustigando a los fariseos y a los escribas. Hay que saber que el regaño era una forma de género literario en el judaísmo, el nombre técnico que tiene ese regaño no es la palabra regaño, sino diatriba. La diatriba es un modo de expresarse que aparece bastante bien caracterizado exactamente en las dos lecturas de hoy. Tiene la característica de ser, como lo que hemos oído, un destacar todo lo malo.

Para nosotros resulta un poco extraña esta manera de expresarse, demasiado agresiva, demasiado aplastante. Pero hay que recordar que en el mundo antiguo la palabra tenía un oficio mucho más amplio que en nuestra cultura, la gente era capaz de escucharse con mucha mayor amplitud y con mucha mayor elaboración. Si uno mira, por ejemplo, en la Biblia el libro de Job, uno ve que cada una de las intervenciones tanto de este señor Job como de sus amigos, cada intervención dura diez o quince minutos.

Nuestra cultura no está acostumbrada a diálogos así, donde una persona haga una pequeña ponencia y después de que haya terminado, el otro habla y hace otra ponencia. Tenemos el oído desacostumbrado a eso. Lo mismo entre los romanos, los grandes oradores elaboraban frases que cuando uno las pone por escrito son doce o quince renglones, una sola frase, llenas de incisos y con distintos juegos de sintaxis. Pero, en todo caso, regaño es regaño y hay que ver qué es lo que pretende la diatriba. Le voy a hacer una comparación pictórica.

Todos recordamos el famoso cuadro del Cristo de Velázquez, es una de las imágenes más conocidas en el mundo católico. Absolutamente hermoso, hermoso. Velázquez gustaba mucho de ese contraste entre la oscuridad y la luz. Y algunos dicen que la manera como él pintaba era la siguiente, tomaba el lienzo y lo primero que hacía era pintarlo todo de negro. Y después, sobre ese fondo negro, que apareciera la luz. Pero lo primero que él hacía era declarar todo oscuro, todo negro, y por eso, la imagen del Cristo sale, por eso la imagen del Cristo se impone. Por eso, a pesar de ser la imagen de un muerto, es una imagen de luz.

Es decir, primero lo que hace es pintar el fondo del escenario y luego sobre ese fondo, que aparezcan los personajes. Eso se sigue utilizando en los conciertos y en el teatro. Es muy común en el teatro que el lugar esté completamente oscuro, que es el mismo efecto, fíjate, de tener un fondo negro y luego hay una sola luz que ilumina una sola persona. Incluso hay un tipo de teatro en el cual los personajes, los actores, también van vestidos de negro, salvo una parte de su cuerpo y el efecto que se produce es completamente surreal, porque entonces se ven como formas que se mueven en el vacío, son juegos de luz.

La diatriba es lo mismo, pero desde el punto de vista oral o escrito. Es pintar todo negro para luego mostrar dónde está la luz. En cierto sentido, es una manera de descubrir con un espíritu crítico, qué es lo que realmente se sostiene. Fíjate que cuando uno se confiesa, hace una operación parecida. Si una persona va a confesarse y empieza diciendo estas palabras: Padre, yo he sido una persona muy honrada, he sido un hombre responsable, he cumplido prácticamente con todo lo que corresponde a mi estado de vida. Pues uno dice: Bueno, ¿cuándo vas a empezar la confesión?

En la confesión, lo primero que hacemos es reconocer que hay una realidad que, de algún modo, está afectando todo en nuestra vida. ¿Qué decimos usualmente al principio de la Misa? Yo confieso ante Dios Todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado. Primero hay una realidad de fondo, pero esa realidad no es para que uno se quede ahí. En la diatriba, no es para que uno se quede únicamente en la oscuridad o en el regaño. Más bien de lo que se trata es de completar ese fondo que necesariamente queda oscuro y luego destacar el punto luminoso.

En el caso de San Pablo, la diatriba de Pablo es larga porque estamos en la Carta a los Romanos. Y la Carta a los Romanos es el documento del Nuevo Testamento que, tal vez, presenta de un modo más completo lo que podríamos llamar la teología de San Pablo, cómo es que él mira la llegada de la salvación. Pero ¿a quién le importa un Salvador? Solo al que necesita salvación. ¿A quién le interesa el alimento? Solo al que tiene hambre. ¿A quién le interesa recibir una guía? Solo al que está perdido. Entonces, el tema central de San Pablo no es el pecado ni su obsesión es regañar.

La obsesión, la divina obsesión de San Pablo es Jesús, Jesucristo, es Jesucristo, es el amor de Dios desplegado en Jesucristo. Pero para que uno entienda la grandeza de regalo que está recibiendo, primero tiene que descubrir hasta el fondo la necesidad que teníamos de ese Salvador. Y por eso Pablo, judío, utiliza el recurso literario de la diatriba, tan común en aquella época. Es decir, el interés de Pablo es que cada uno de nosotros descubra su hambre de Cristo, porque solo el que tenga hambre de Cristo se va luego a alimentar, con bendita avidez, se va a alimentar de Cristo.

Y ese santo deseo de Cristo es el que hace que ese alimento celestial, que es el bendito Hijo de Dios, haga toda su obra en ti. Si llegara el médico a tu casa, porque se dijo que tú estabas enfermo y tú empiezas por decirle: Doctor, la rodilla izquierda me funciona perfectamente. Tobillo derecho, muy bien, no hay problema. Codo derecho funciona. Oigo bien por este oído. Señor, diga que está mal, ¿cierto? ¿Qué es lo que no funciona? Sin llegar a ese extremo de un anciano que se quejaba y decía: Estoy en tal condición que lo que no me duele no me funciona, ese sí estaba grave. Pero si el médico va a tu casa, ¿qué le interesa al médico? Qué es lo que no funciona.

Entonces, fíjate el mensaje tan hermoso y tan profundo que tiene la Carta a los Romanos. Acércate a Cristo con toda tu hambre, para que Él te presente todo su alimento. Acércate con toda tu necesidad, para que Él te presente toda su riqueza. Y este es el grave problema de los fariseos y de los escribas, que ellos no estaban acostumbrados a admitir su necesidad. Ellos, como seres humanos, lo mismo que ustedes y que yo, y que todos tenían sus incoherencias, sus pecados, sus fragilidades, pero estaban tan acostumbrados a presentar únicamente la fachada bonita, a presentar únicamente la parte fuerte de su ser, que entonces Cristo les resultaba inútil a ellos.

O sea que el regaño de Cristo a los fariseos y a los escribas, ese regaño tan duro. ¡Ay de vosotros, fariseos! Os encantan los asientos de honor, sois tumbas sin señal, qué no les dijo Cristo a los fariseos. ¿Cuál es el objetivo? El objetivo es dejémonos de mentiras, dejémonos de apariencias, dejémonos de fachadas. La realidad es que ustedes necesitan lo mismo que los demás, necesitan, descubran su necesidad. Hay una expresión muy bella en un salmo que dice: «Abre tu boca y yo la saciaré». Pero abre tu boca.

Y sabemos que los pajaritos abren la boca, especialmente cuando tienen hambre, cuando llega el alimento ahí abren la boquita. Abre tu boca y yo la saciaré. Entonces, el mensaje ¿cuál es? El mensaje es que hay que descubrir a Cristo. Y para descubrir a Cristo hay que descubrir la propia necesidad y esto tiene una consecuencia pedagógica impresionante. Porque resulta que muchas veces hemos dicho la expresión y es verdad: Cristo es la respuesta, eso es totalmente cierto. Cristo es la respuesta, así como Cristo es la verdad, eso es totalmente cierto.

Pero hay un detalle ¿de qué vale una respuesta para quien no tiene ninguna pregunta? Cristo es el pan del cielo, totalmente cierto. ¿De qué vale ese pan para quien no tiene hambre de cielo? Cristo es la luz. ¿De qué vale eso para aquel que está a gusto en sus tinieblas? Entonces, fíjate que la pedagogía, la pedagogía que quiere impregnarlo todo de Cristo, tiene una tarea previa y es la tarea de hacer ver, hacer visible, hacer sensible el hambre de Jesús. O sea que el profesor, el papel de un profesor, el papel de un docente que tome en serio su fe cristiana, no es simplemente disparar respuestas.

El papel del docente es primero hacer emerger las preguntas, tiene que hacer surgir la pregunta. Cuando la pregunta está quemando, la respuesta se recibe como un alivio y una alegría. Pero hay que hacer emerger la pregunta. Lo más grande, desde mi punto de vista, lo más grande que se puede decir de un docente cristiano católico es: ese hombre o esa mujer te hace sentir hambre de Dios. Precisamente, nuestro muy querido maestro, porque entre otros títulos hay que llamarlo así, verdadero maestro Benedicto XVI. Si tú examinas sus escritos, sus discursos, él utiliza esta tecnología, la antiquísima tecnología de la pregunta.

Tú mira los escritos de él y verás que casi sin variación tiene obviamente, una parte de saludo a la gente que está en el lugar, el congreso, el encuentro, la jornada de lo que sea. Después plantea un problema, plantea una pregunta y esa pregunta tú te das cuenta que no es obvia, sí es importante y sí te afecta. Si tú logras hacer lo mismo con tus estudiantes, te cuento que tu ministerio, tu servicio como docente, se potencia al máximo. Una vez que se percibe la pregunta, entonces uno dice: Oiga si, yo no había pensado en eso. Ola, de veras, sí pues es que claro. Y eso ¿cómo lo resolvemos?

Y luego el Papa da una respuesta o a veces da respuestas parciales para llegar a una respuesta mucho más completa. Luego de ahí saca unas consecuencias y luego viene una conclusión. Esa es una estructura que Benedicto la sigue casi invariablemente. Mira sus escritos, sus discursos, eso es lo que hace San Pablo aquí. Ayer San Pablo le estaba hablando al mundo pagano y decía: Mire, ustedes no han apreciado a un Dios que se deja conocer por sus maravillas. Regaño para los paganos, que la Biblia llama también los gentiles, los no judíos, el mundo griego.

¿Por qué lo llama mundo griego? Hombre, porque la cultura helenística era intelectualmente hablando, dominante en el Imperio romano, era Imperio romano, pero lo que más se hablaba era el griego. Por eso el Nuevo Testamento está en griego. Y ayer regañaba a los paganos, hoy regaña a los judíos. Estas palabras: Tú, el que seas, que te eriges en juez, no tienes defensa, esto se refiere a los judíos, porque los judíos tenían la costumbre de creerse buenos como raza, porque los malos son los paganos.

Entonces, Pablo viene a decirles ustedes que se erigen en jueces de todo el mundo, yo los conozco por dentro, porque yo he sido más judío que cualquiera, yo he sido judío hasta el extremo y el tope, yo he sido fariseo requeteconvencido de fariseo y sé que hay multitud de hipocresía, en eso que pasa por religión judía. Pero ya sabemos por qué Pablo está pintando las cosas así. Efectivamente, para los que asistan a misa el día de mañana en algún lugar de este planeta, porque hay gente que ya viaja hoy. ¿Qué se van a encontrar mañana en el capítulo tercero de la Carta a los Romanos?

«Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen sin distinción alguna», a esto era lo que quería llegar Pablo, para eso pintó laboriosamente todo de negro. Para llegar a esta frase, para que descubriéramos el punto luminoso se llama Jesús, el punto luminoso se llama la fe, el punto luminoso se llama la gracia. ¿Qué queda para nosotros? Pedir la gracia del hambre de Cristo. Y para mis queridas directoras rectoras, provinciales, consejeras, vicarias, no sé qué más haya dentro de todas esas dignatarias, habrá casi archidiaconesas, no sé cómo será.

Todas las autoridades en sus oraciones por sus colegios, pídanle a Dios que le regale hambre de Dios a sus docentes, al personal de apoyo, a las alumnas, a los alumnos, porque sin hambre de Cristo no se avanza en la vida cristiana. Hay que pedirle a Dios eso: Dios mío, danos hambre de ti y luego sácianos de tu amor y tu gracia. Amén.

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