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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los fariseos acertaban al darle el primer puesto a la venida del Reino de Dios; se equivocaban sin embargo, al creer que le ser humano puede por sí mismo descubrir y practicar lo más importante de la alianza.
Homilía i283003a, predicada en 20111012, con 4 min. y 34 seg. 
Transcripción:
Dos son las principales denuncias que Cristo hace a los fariseos en la lectura de hoy, se trata todavía del capítulo 11 del Evangelio según San Lucas. Podemos decir que en estas dos denuncias hay un mismo problema. Lo que está mostrando Cristo es la incoherencia ¿entre qué? Pues incoherencia en la manera de valorar las cosas. Me explico, Jesús critica a los fariseos que den más importancia a lo exterior que a lo interior. Que den entonces, y ésta es la segunda denuncia, más importancia a lo pequeño que a lo grande, podríamos decir, más importancia a lo accidental que a lo fundamental.
Y por supuesto, lo que Cristo quiere es que nosotros descubramos, valoremos y busquemos, en primer lugar, lo que es fundamental, lo que es más grande y lo que es más interior. Por eso, se da necesariamente ese choque entre Jesús y los fariseos. Pero, es un choque que tiene algo de, algo mucho de amargo y doloroso, porque en el fondo los fariseos buscaban lo mismo que Cristo, solo que lo buscaban de una manera equivocada. Lo que ellos buscaban era el Reino de Dios, que Dios reine.
Solo que los fariseos creían que ese Reino de Dios se iba a lograr a través de un cumplimiento estricto de todas las cláusulas de la ley, lo que ellos estaban buscando era eso. Hay una cierta lógica en el pensamiento de los fariseos, no eran ningunos tontos, ni su impulso primero puede ser calificado de corrupto. Lo que ellos buscaban era que se restableciera la alianza entre Dios y su pueblo, puesto que había una alianza y Dios hizo su parte en esa alianza, pues según ellos lo que ahora falta es que el hombre, es decir, que el pueblo de Israel haga su parte, que cumpla su alianza.
Pero aquí es donde empiezan a dañarse las cosas. Por supuesto que eso es verdad, pero hay que hacerse dos preguntas. Primera, ¿realmente el ser humano puede cumplir todos los términos de esa alianza con sus solas fuerzas? Y segunda pregunta, ¿realmente el ser humano puede descubrir y puede aplicar lo fundamental, lo principal de la ley, eso lo puede encontrar y lo puede practicar? Porque es que pagar el impuesto de la hierbabuena o de la ruda y de las demás legumbres es algo que está en nuestro poder.
En cambio, tomar el corazón y entregarlo de buena gana por el amor a Dios y entonces, hacer lo que, por ejemplo, hizo Juan Bautista: Yo debo disminuir y Dios debe crecer. Ese tipo de decisiones que son las decisiones realmente necesarias, que son las decisiones centrales de la Alianza, ¿esas están en nuestro poder? Entonces, el error de los fariseos es que no descubren que, en efecto, para llegar a que se renueve esa alianza o para que llegue una nueva alianza, incluso, que es lo que va a traer Cristo, se necesita, claro, claro que se necesita hacer la parte nuestra.
Pero, para hacer la parte nuestra nos descubrimos radicalmente necesitados e impotentes. Y por eso, la alianza que va a traer Cristo es muy curiosa, porque es una alianza en la que Dios sigue haciendo su parte, y ahora el ser humano puede hacer su parte, pero porque Dios también le ayuda. O sea que en el fondo la alianza que trae Cristo es la alianza entre el Dios que propone y el Dios que nos hace capaces de responder.

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