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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los regaños de Dios.
Homilía i283001a, predicada en 19971015, con 2 min. y 57 seg. 
Transcripción:
Las palabras duras de la Escritura como las que nos ha presentado la Iglesia en este día, tienen una finalidad o mejor, tienen dos finalidades, dos propósitos. Primero, como ya decía el profeta Isaías, allanar la senda para que Dios pueda caminar. Que me regañe Dios, eso está bien y que Dios me corrija, eso está bien, porque el regaño y la corrección de Dios muestran que soy hijo. Dice la Carta a los Hebreos: Y ¿qué padre no corrige a su hijo? Si no os corrigiera, señal sería de que sois bastardos y no legítimos. Qué bueno que Dios me corrija.
Unos cuantos regaños de parte de Dios hacen bien, bajan el copete, humillan la soberbia y hace que la calzada se allane y que Dios pueda entrar victorioso en mi vida. Pero, en segundo lugar, este género de regaños como lo que hemos escuchado que vale para judíos y griegos y que vale para fariseos y juristas, este tipo de regaños sirve también para que todos reconozcamos que tenemos necesidad de Dios, para que todos encontremos hambre de Dios. Esta es la diferencia entre el regaño que da Dios y los regaños que, a veces, nosotros damos.
A veces, nosotros regañamos simplemente para acabar de hundir a la persona, una vez que esté hundida, tierra encima. Dios no regaña así, Dios regaña en vistas a la conversión. El regaño y la corrección de Dios nos llevan a que nosotros volvamos a tener hambre de Él. Cuando Pedro estaba predicando el día de Pentecostés, le dijo a la multitud: Dios resucitó al Cristo que vosotros crucificasteis. Y la gente compungida, llena de arrepentimiento le dijo a Pedro: Entonces, ¿qué tenemos que hacer?
A veces uno necesita ese regaño que lo lleve a preguntar entonces ¿yo qué tengo que hacer? Y cuando uno pregunta eso ya tiene hambre, porque el que tiene hambre, será saciado. Así nos alimenta Dios, felices nosotros si tenemos un hambre semejante del santo Sacramento, un hambre semejante de la Eucaristía. El que viene o el que venga saciado de su éxito, de su plata, de sus amores, ese va a comulgar muy poquito porque tiene poquita hambre.
El que viene con su peso de necesidad, de tristeza, el que comprende que necesita y que necesita mucho, ese que ha hecho lo que tenía que hacer y que después de eso siente hambre, ese va a comulgar con toda su alma, con toda su vida y va a recibir muchísimo del Señor.

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