Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Revisa tu vida de oración y en qué puedes estar fallando, recuerda que la oración no es para exhibirte ni para imponerle tu voluntad a Dios y recuerda en ser constante, en perseverar.

Homilía i273008a, predicada en 20211006, con 5 min. y 31 seg.

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Transcripción:

Maestro, enséñanos a orar, esta es la frase que se destaca en el Evangelio de hoy, tomado de San Lucas. La respuesta de Cristo es abrirnos su corazón y dejarnos saber el centro de su plegaria, que es esa oración preciosa, verdadera reliquia del amor de Cristo, el padre nuestro. Quisiera que en esta oportunidad nos centráramos en esa pregunta: Enséñanos a orar.

Teniendo en cuenta que todos los apóstoles eran judíos, conocían muy bien su fe, conocían los salmos, conocían las prácticas de devoción y de piedad que tiene el judaísmo, una pregunta válida es ¿por qué ellos le piden a Cristo que les enseñe a orar si ya sabían todo eso? Fíjate que no es una pregunta elemental ¿qué era lo que ellos sentían que les faltaba? porque sentían que les faltaba algo, sentían que estaban incompletos o equivocados, porque si sintieran que su oración ya es plena, perfecta, pues entonces no hubieran hecho esa petición. ¿Qué era lo que ellos sentían que les faltaba cuando le decían a Cristo: Enséñanos a orar?

Y yo me quedo con esas dos expresiones, que ellos se sentían incompletos o se sentían incorrectos, equivocados, porque pienso que nosotros tenemos que aplicar lo mismo a nuestras propias oraciones. Es decir, en qué sentido nuestras oraciones son incompletas y en qué sentido nuestras oraciones son equivocadas. Bueno, hay cosas que son muy fáciles de discernir. Uno se puede dar cuenta, por ejemplo, que si uno pide algo que es contrario a la moral, contrario al camino que Dios nos ha mostrado, pues esa es una oración mal hecha, es una oración incorrecta.

Mi mamá contaba la anécdota de una compañera suya de universidad que pedía la intercesión de la Virgen María y le decía: Virgencita, dame valor para sacar la trampa. Evidentemente esa es una oración incorrecta, pero la pregunta es ¿qué otras equivocaciones, que otros errores o que otras deficiencias suelen tener nuestras oraciones? Cristo nos mostró, en otro lugar de San Lucas, nos mostró otro error que se comete en la oración. Aquella persona, como el arrogante publicano, aquella persona que simplemente se exhibe en la oración, que mira la oración como el ir a recoger la medalla, ir a recoger el premio.

Entonces, pues muy mal, por supuesto, la oración no es para exhibirme yo, no es para recibir una medalla. Si tú examinas tu propia vida de oración, ¿en qué crees tú que estás fallando? Te doy otra pista, otro error que nosotros cometemos con frecuencia es pretender imponer nuestra voluntad. Decía San Agustín que una de las razones por las que Dios no nos concede lo que le estamos pidiendo es porque primero tenemos que cambiar nosotros para que eso que estamos pidiendo, si es correcto, al recibirlo, no nos haga daño.

El ejemplo más sencillo es el de la persona que quiere tener éxito, quiere tener prosperidad o quiere tener un descanso económico, eso en sí mismo es bueno. Pero ¿qué vas a hacer con ese dinero, qué va a pasar con ese dinero en tu vida? Es una buena pregunta. Entonces, cuando nosotros queremos imponerle, como a veces sucede, cuando queremos imponerle nuestra voluntad a Dios, pues entonces estamos obrando de una manera incorrecta. Y por eso, Cristo en el padre nuestro dice: Hágase tu voluntad. Esos son errores en la oración.

Otro error en la oración es el de la persona que no persevera. Ya sabemos que la perseverancia en la oración no es para imponerle mi opinión a Dios, pero si San Pablo, por ejemplo, nos dice que oremos en toda circunstancia, por algo lo dice, esa frase no le sobra a la Biblia. O sea que la oración debe ser perseverante y un error que cometemos es que somos muy inconstantes o, a veces, solo tenemos vida de oración cuando los problemas nos están asfixiando. Entonces, te dejo esa inquietud, lo que yo he presentado aquí son solamente ejemplos.

Te dejo esa inquietud y te dejo a solas con el Espíritu Santo para que tú trates de responder a esta pregunta ¿mi oración en qué está fallando y mi oración en qué es incompleta? Para entonces nosotros acercarnos a Jesús de todo corazón y pedirle al Señor que sea Él el que haga perfecta nuestra oración en la línea y en la espiritualidad del padre nuestro. Así sea.

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