Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Incluso el lenguaje que parece anunciar fatalmente la calamidad es siempre advertencia que invita a conversión.

Homilía i273004a, predicada en 20131009, con 5 min. y 27 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy nos presenta la conclusión de la historia del profeta Jonás, el que tuvo que ser profeta a pesar de sí mismo, decimos en Colombia, el profeta rezongón, el profeta cascarrabias. Parece que a Jonás le cuesta mucho trabajo sintonizar con el pensamiento de Dios y con la voluntad de Dios. No entiende por qué tiene que ser profeta, no entiende por qué le toca hablar a Nínive, una ciudad enorme, corrupta, opresora, ajena, no entiende por qué la gente de Nínive hace penitencia y luego tampoco entiende por qué Dios, por lo visto, se arrepiente de las amenazas que había lanzado y termina perdonando a la ciudad.

Para colmo de las contradicciones, resulta que Jonás, después de toda su predicación, se sentó por allá en una montaña a mirar la ciudad, es decir, como el que va al cine, no a esperar el espectáculo, el cataclismo, seguramente él estaba aguardando que empezaran a caer las bolas de fuego y de azufre y que Nínive fuera destruida, como se cuenta en el libro del Génesis, que se destruyeron las ciudades de Sodoma y de Gomorra. Entonces, él está por allá en un balconcito, él está por ahí, en un balcón natural, es decir, en una montañita a la sombra de un árbol de ricino y está esperando el espectáculo.

Y a mí me parece que eso le sucede también a algunos de los que andan lanzando mensajes apocalípticos en nuestra Iglesia católica, ellos hablan de cosas terribles que les van a suceder a los demás, cosas terribles que van a suceder en el mundo. Pero, tácitamente o, a veces, de manera explícita, se presentan como aquellos que van a quedar a salvo de todo eso. Es decir, es tan fácil cuando uno habla de catástrofes y de cataclismos presentar las cosas de la siguiente manera.

El mundo entero va a ser despedazado, va a ser destrozado, va a arder en llamas. Pero vamos a quedar unos poquitos que somos los fieles a Dios. Y nosotros, los poquitos vamos a repoblar esta tierra y ya vendrá entonces una cosa distinta. Esa es la gran tentación de lo que en la Iglesia se llama el milenarismo, el milenarismo, entre otras cosas, ya cumplió más de mil años. Milenarismo es aquella idea de que los castigos que vienen para el mundo son como una especie de limpieza, una especie de limpieza social a nivel macro, a nivel máximo.

Y que los que vamos a quedar, así hablan aquellos que son milenaristas, los que vamos a quedar, que somos los buenecitos, que somos los que sí creemos en Dios, que somos los que sí somos fieles a la Virgen, entonces nosotros vamos a portarnos bien y vendrá una época de verdadero respeto de los valores, una época donde las familias serán unidas y felices, los niños correrán por el prado y los animalitos serán como mascotas. Pero resulta que los milenaristas deberían leer con mucha atención este pasaje del día de hoy, de la primera lectura de hoy, capítulo cuarto del profeta Jonás.

Porque resulta que Jonás estaba ahí sentadito, tranquilo, y Dios lo intranquilizó, Dios lo incomodó. Él estaba muy cómodo esperando que empezara a caer la lluvia de fuego y azufre. Y entonces, Dios mandó un gusanito, un gusanito que se comió y que secó el árbol de ricino que le servía de sombra a esa especie de palco magnífico que tenía el profeta Jonás. De modo que, el árbol se secó y como Jonás, además de todo, era calvo, entonces el sol le daba en la cabeza y otra vez empezó a renegar porque ese sol le había dañado el rato y le había dañado el espectáculo que él quería ver.

Y entonces, Dios le habló a Jonás y le dijo: A ti te preocupa mucho lo que ha pasado con un árbol de ricino, cómo no me va a preocupar a mí la gran ciudad de Nínive, donde hay tantos que ni siquiera distinguen la mano derecha de la izquierda. Qué gran enseñanza, dejemos esa idea de que nosotros somos de los buenecitos, solo Dios sabe quién le pertenece, solo Dios sabe quién es de los suyos. Y, además, la Iglesia ha condenado muchas veces esa filosofía milenarista y aun, suponiendo que llegara una gran catástrofe y que el mundo perdiera, por ejemplo, el 90% de sus habitantes, 10% que quedara, ese 10% todavía es heredero del pecado original.

Y ese 10% que queda todavía es gente que tiene orgullo y es gente a la que le conviene decir una mentira cuando va a favor de sus intereses, y es gente que seguramente siente pensamientos impuros o que tiene pensamientos impuros y es gente que puede envidiar la suerte de uno o de otro. El problema del pecado no está afuera, el problema del pecado está en el corazón humano y por eso tenemos que pedir. Y esta es la gran enseñanza del profeta Jonás: Tenemos que pedir misericordia y tenemos que predicar conversión.

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