Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La misión en la Iglesia debe ir unida al ejercicio de la misericordia que toca las realidades corporales y al ejercicio de la predicación que toca las realidades espirituales.

Homilía i253005a, predicada en 20170927, con 5 min. y 20 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del comienzo del capítulo noveno de San Lucas, es la primera de dos misiones que Cristo encomienda a sus discípulos. Esta es una característica del Evangelio de Lucas que nos muestra dos misiones en vida de Cristo. Una en la que envía a los doce, los apóstoles, los más cercanos, y otra en que envía a un número mayor de discípulos, en un total de 72. Son dos misiones en Lucas, aquí estamos en la primera de esas misiones.

Hay tantas cosas que destacar cuando pensamos en la labor misionera de estos apóstoles, que por supuesto es una referencia permanente para la labor misionera de toda la Iglesia. Yo quisiera destacar un pequeño detalle, un pequeñito detalle. Dice aquí que los apóstoles iban de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando los enfermos. De aldea en aldea, anunciando el Evangelio, curando los enfermos. Ese es el resumen que San Lucas nos presenta de la primera actividad misionera de estos discípulos de Cristo.

Lección para nosotros, tomemos, casi diría yo, palabra por palabra, de aldea en aldea. Es decir, los enviados por Cristo se ponen en camino y van a esos lugares, es decir, no se quedan simplemente esperando a que la gente llegue. Es algo que ha destacado varias veces el Papa Francisco, especialmente a nosotros los sacerdotes nos hace ver que nosotros no podemos tranquilamente quedarnos esperando a que la gente venga. Hay que salir, hay que salir, es nuestro deber. Pero, por supuesto, para que sea nuestro deber, es también nuestro derecho.

Como bien decía el Papa San Juan Pablo II, en su encíclica Redemptoris Missio: Nosotros como Iglesia no tenemos el derecho de imponer, pero sí tenemos el derecho de proponer y, de esa manera, cumplimos el mandato de Cristo, Cristo nos envió no para que nosotros impusiéramos. Hay religiones que pretenden imponerse y que incluso dicen: Y si no reciben el mensaje, mátenlos. Hay religiones que proponen eso, el cristianismo no. Pero el cristianismo tampoco es la comodidad de decir: Al fin y al cabo, todos los caminos llevan al mismo Dios, que cada uno haga como quiera, no.

Hay un mandato, un mandato misionero. Entonces, parece que el verdadero equilibrio en la labor misionera está en lo que estamos diciendo, es decir, nosotros tenemos el derecho de proponer, no el derecho de imponer. Y con ese derecho de proponer tenemos también el deber ¿de qué? De lo que sigue, anunciar el Evangelio y curar a los enfermos. Observemos la unión que hay entre estas dos labores. La curación de los enfermos, hasta cierto punto, viene a recoger toda la obra humanitaria, toda la obra de compasión, toda la obra de servicio social, de promoción humana que tiene la Iglesia.

A través de toda esa promoción humana, a través de todo ese servicio la Iglesia está mostrando la bondad del rostro de Dios. Pero no puede quedarse en esa simple promoción humana, explícitamente debe anunciar el Evangelio. O sea que lo nuestro no es limitarnos a hacer cosas buenas por la gente, esas cosas buenas, ese alivio al corazón atribulado de tantos, debe ser apenas la introducción para que se pueda anunciar el Evangelio. Por otro lado, tampoco caigamos en la postura cómoda de que vamos simplemente a hablar, o sea a anunciar el Evangelio y dejamos que la gente se hunda en sus necesidades.

Por eso nos advierte la carta del apóstol Santiago: De qué sirve si una persona está muerta de hambre y de frío, de qué sirve que nosotros le digamos: Bueno, ve, llénate el estómago, cubre tu cuerpo, si no les ayudamos. Entonces, en la Iglesia tienen que ir profundamente unidos estos dos ejercicios. El ejercicio de la misericordia que toca hasta las realidades más corporales y el ejercicio de la predicación que toca hasta las realidades más espirituales. Es un mensaje profundo que nos deja este texto del Evangelio para que aprendamos todos a ser misioneros.

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