Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestra vocación cristiana está en dar testimonio, ayudar a curar y jamás negociar con el poder de las tinieblas.

Homilía i253004a, predicada en 20150923, con 5 min. y 26 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy abre el capítulo noveno de San Lucas, yo llamo a este pasaje de hoy el trípode. Los que trabajan en fotografía o en cine, o también en otras actividades, saben de la importancia de los trípodes. La palabra trípode significa tres patas y cuando se pueden establecer bien las tres bases o las tres patas del trípode, hay firmeza. Así se puede poner, por ejemplo, una cámara para filmar o para tomar una foto.

El ministerio público de Cristo tuvo su trípode y aparece hoy, aparece hoy cuando el Señor está enviando a sus apóstoles, cosa que nos interesa mucho, porque nosotros como discípulos y misioneros, según las palabras del documento de Aparecida, también nos sentimos llamados y también nos sentimos enviados. ¿Cuáles son las tres patas de ese trípode? Mira, proclamar el Reino de Dios, curar a los enfermos y expulsar a los demonios. La predicación, la sanación y la liberación.

Ese es el trípode que Cristo ha practicado primero y que hoy comunica, comparte a sus apóstoles para que ellos lo pongan en práctica, predicar, sanar, liberar. Es posible que algunos de nosotros pensemos. Bueno, pero yo no tengo don de sanación. Ha habido algunos santos que han brillado por sus milagros, por sus curaciones, como no recordar, por ejemplo, a un San Martín de Porres o al Papa San Pío X, que es poco conocido por este aspecto, pero que merece ser más conocido como taumaturgo. San Pío X realizó en vida muchos milagros, sanaciones.

Pero alguien podrá decir: Bueno, yo no tengo ese carisma, yo no tengo ese don. ¿Será que esa parte de la curación no tiene que ver conmigo? Le respondemos, claro que tiene que ver contigo. La sanación no es solamente extraordinaria, muchas veces cuando escuchamos a una persona que está amargada o resentida, una persona que ha sido violentada o una persona que ha sido excluida. Al tratar a esa persona con un corazón compasivo y nuevo, no estamos obrando solamente nosotros. Dios se vale de esos actos de paciencia y de misericordia para sanar muchas cosas.

No es algo tan espectacular como ver que un leproso queda de repente limpio de su lepra, pero yo me atrevo a pensar que, para la sociedad en la que estamos, esa clase de sanación se requiere y con bastante frecuencia. Lo mismo con la liberación, alguien podrá decir yo no tengo ni la autorización ni el carisma de estar expulsando demonios. Pero hay algo que sí debes hacer, cuidado con estar negociando con el mal, cuidado con estar cediendo frente a la corrupción. El Papa Francisco nos ha dicho varias veces, cuidado con caer en la mundanización, en ese seguir simplemente los pensamientos y los criterios de este mundo.

El mal se asienta arrogante en nuestra sociedad, entre otras cosas porque nosotros se lo permitimos y se lo estamos permitiendo en la medida en que nos volvemos cómplices y en la medida en que no denunciamos y en la medida en que simplemente nos dejamos llevar. Esa cadena hay que romperla, eso también es liberación, hasta cierto punto es exorcismo, porque es quitarle potestad al malo, al príncipe de las tinieblas sobre nuestra sociedad.

Así que no se te olvide el trípode y no se te olvide que todos tenemos parte de nuestra vocación cristiana en cada uno de esos verbos: Dar testimonio, ayudar a curar y no transigir con el poder de las tinieblas.

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