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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Salgamos de nuestra zona de confort como lo hizo Jesús y observemos a quién estamos sirviendo, en qué vida estamos marcando una diferencia para bien.
Homilía i223010a, predicada en 20230906, con 5 min. y 5 seg. 
Transcripción:
Un concepto con el que creo que muchos de nosotros estamos familiarizados es la zona de confort. El Evangelio de hoy nos muestra a Cristo saliendo de su zona de confort. La verdad es que Cristo es siempre como un peregrino y yo creo que es el punto de referencia, cuando el Papa Francisco nos habla que tenemos que ser una Iglesia en salida, una Iglesia que no se queda tranquila en su zona de confort.
¿Qué es la zona de confort? Pues es el ambiente en el que las cosas aparecen controladas, seguras, productivas y agradables, estas son las características principales de una zona de confort. Todo está bajo control, sé qué entra, qué sale, qué sucede y por qué sucede. Las cosas están seguras, no hay amenazas a la vista, las fronteras están bien definidas. El mal está afuera, lo bueno está de este lado. Es una zona productiva, es decir, hay un suficiente bien y es una zona agradable, zona de confort.
La zona de confort tiene su lugar en la vida humana, uno no puede vivir en un combate permanente, pero es muy peligroso acostumbrarse a la zona de confort, muy peligroso, por lo que nos estamos perdiendo. Piensa una cosa, hay un refrán que dicen que es japonés, un refrán japonés que dice: Nunca se tropieza el que permanece acostado. Eso como que tiene que ver con lo de hoy, ¿no? La zona de confort, en la zona de confort, pues no me voy a tropezar porque con qué me voy a tropezar por favor. Si estoy en mi cama, con qué me tropiezo, si acaso con una cobija o con una almohada.
Pero una vida acostado, una vida sin tropezarme solamente por estar cómodo, por supuesto que no estoy hablando de casos de enfermedad, debilidad, etcétera. Una vida así ¿es una vida digna? ¿De qué se está perdiendo el que permanece en su zona de confort? Entonces, muchos que hablan de estos temas dicen que más allá de tu zona de confort hay una zona de aprendizaje. Por ejemplo, te sientes muy cómodo hablando tu idioma, que es el español, pero resulta que hay una oportunidad magnífica de desempeño, para lo cual se necesita un buen nivel de francés.
Entonces, tienes que salir de tu zona de confort donde tienes todos tus amigos que hablan español y tienes que cometer errores y tienes que soportar correcciones y tienes que pelear un poco con tu autoestima porque estás aprendiendo francés, pero esa es tu zona de aprendizaje. Entonces, también hay que dar un paso y hay que arriesgarse para aprender, por supuesto, para aprender el bien. Sin embargo, el Evangelio de hoy nos muestra que, además de ser una zona de aprendizaje, si vas un poco más, hay algo que casi no se menciona hoy, y se llama la zona de servicio.
Es que uno dentro de su zona de confort, uno puede ser terriblemente egoísta y ni siquiera se da cuenta, ni siquiera se da cuenta, está muy cómodo. Entonces, la zona de servicio es la zona donde tú vas a hacer partícipes a otros de aquellos bienes que tú ya conoces, que tú ya has recibido, que incluso tú ya has disfrutado. A mí me aterra y me aterra no hablando de ateos, ni de nueva era, sino de católicos. A mí me aterra cuántos católicos no tienen una respuesta a esta pregunta: ¿A quién estás sirviendo tú? Servir, servir, marcar una diferencia en la vida de alguien.
¿A quién estás sirviendo tú, en qué vida estás marcando tú una diferencia, en cuál vida para bien, por supuesto, para bien? Entonces, mira, zona de confort, zona de aprendizaje, zona de servicio, hay que llegar a la zona de servicio. Y te puedo asegurar una cosa, muchas veces te vas a sentir tan grato, te vas a sentir tan feliz de poder marcar una diferencia en la vida de otros que casi vas a decir esto es mucho mejor que el confort que yo antes tenía. Así lo hizo Cristo, así nos lo muestra el Evangelio de hoy, y así estamos llamados a vivirlo a nosotros.

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