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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Evangelio nos muestra la fuerza de la voz del Señor al increpar a la enfermedad y al demonio; cómo Él se levanta por encima de las tinieblas y trae libertad; hace diferencia entre la enfermedad y la acción del demonio, sabiendo que en ciertas ocasiones una es consecuencia de la otra.

Homilía i223008a, predicada en 20210901, con 6 min. y 14 seg.

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Transcripción:

Podemos decir que el Evangelio de hoy nos presenta a Jesús en plena acción. Y por eso, el día de hoy es muy bueno para aprender sobre sanación y sobre liberación. Vamos a ver, con el favor de Dios, qué aprendemos. Lo primero, en la traducción usual, aparece por lo menos dos veces el verbo increpar. Increpar es hablar con dureza para que se produzca una acción, increpar. Nos dice que Jesús increpó a la fiebre que estaba padeciendo la suegra de Pedro y la fiebre se fue. Se nos dice también que Cristo increpaba a los demonios y tenían que retirarse.

Este increpar nos está hablando de cómo es potente la voz del Señor. Hay un salmo que dice: La voz del Señor sobre las aguas. El Dios de la gloria hace oír su trueno. La voz de Cristo, voz de Dios está por encima de las aguas, por encima del aguacero, por encima de la tormenta. La voz de Cristo está por encima de la fiebre, es decir, de la enfermedad. La voz de Cristo está por encima del demonio, no se va a imponer la voz del demonio sobre la voz de Cristo. La voz de Cristo increpa, la voz de Cristo vence. Esa voz de Cristo sigue resonando en la predicación sana de la Iglesia.

Y, sobre todo, esa voz de Cristo la podemos percibir en los sacramentos. En efecto, cuando el sacerdote nos dice: Yo te absuelvo de tus pecados, lo que nos está diciendo es que Cristo está obrando ahí. Por eso, se habla de que estos sacramentos son in persona Christi, es Cristo en persona quien está hablando ahí. Y lo mismo en la Eucaristía, el sacerdote no dice, Cristo dijo que esto era su cuerpo. El sacerdote, al consagrar en la misa, dice: Esto es mi cuerpo, esas palabras las pronuncia Cristo. La poderosa voz de Cristo es la que realiza esa maravilla del sacramento.

La poderosa voz de Cristo es la que realiza la transformación no solo de los elementos, como decir el pan en su cuerpo, sino la transformación de nosotros, que es lo que Él realmente quiere. Entonces, primero está este verbo, el verbo increpar, la importancia del verbo increpar. Pero luego, nos damos cuenta de otros detalles, por ejemplo, le llevaban la gente al atardecer. Y hay una interpretación mística muy bonita de esto, porque este sol, el sol que conocemos y que admiramos, el sol que alumbra nuestros días, es un sol que tiene ocaso.

En cambio, el sol de Cristo vence a las tinieblas, vence a la noche. Allí, cuando las fuerzas de la naturaleza declinan y, de alguna manera, se abajan, Cristo se levanta por encima de las tinieblas y trae la claridad de su compasión, de su verdad y de su libertad. Y el otro aspecto, el último que quisiera destacar hoy, es cómo el evangelista distingue muy bien entre lo que es la enfermedad como tal y lo que es la acción del demonio. Porque nos dice que Cristo curaba a mucha gente imponiéndoles las manos. Y dice: También de muchos de ellos, de muchos de ellos salían demonios.

Es evidente que esa distinción que hace el evangelista entre el grupo de personas que son restablecidas en su salud corporal y espiritual y las personas que reciben liberación, hay una distinción que él hace. Él no está diciendo que toda enfermedad sea obra del demonio. Él no está diciendo que enfermedad igual posesión diabólica, o que la posesión diabólica sea enfermedad, distingue las dos cosas. Y por eso dice que, de muchos de ellos no dice de todos, de muchos salían demonios.

Y atención a esto, si de muchos de ellos salían demonios, quiere decir que puede coexistir y, de hecho, suele coexistir el malestar físico, el malestar psicológico, el malestar emocional con la acción del demonio, suelen coexistir. Y esta coexistencia aparece en otros textos, por ejemplo, en ese niño que se cita también en el Evangelio, ese niño que tenía una especie de epilepsia y todo el mundo dice: Ah, es que los antiguos confundían la epilepsia con la posesión diabólica. No, no, tontos no eran, ellos no estaban confundiendo una cosa con la otra.

Sino que, en el caso de ese niño, como en el caso del Evangelio de hoy, había la enfermedad neurológica, la enfermedad psiquiátrica o psicológica, o la que sea, según el caso, pero había también esa acción perversa del maligno. Entonces, son muchas lecciones las que aprendemos. La potencia del verbo increpar, la diferencia entre enfermedad y posesión. Pero, el hecho de que en ocasiones puede haber una especie de intersección entre la obra del maligno y aquellas enfermedades o dolencias que padecemos. Son preciosas catequesis que nos va dejando el Evangelio, son claridades que nos hacen inmenso bien.

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