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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La claridad (verdad) se logra en la soledad; la caridad (compasión) se logra al encuentro del rostro del hermano necesitado.
Homilía i223005a, predicada en 20150802, con 3 min. y 31 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy, tomado de San Lucas, nos presenta dos momentos o dos aspectos de la vida de Cristo. En un momento dado lo vemos rodeado de multitudes, en otro momento lo encontramos en profunda soledad, recogido en oración. Hay un gran contraste entonces, entre esos dos momentos, Jesús, el de las grandes multitudes, Jesús el de la grande soledad. Y, sin embargo, lo más hermoso es relacionar esos contrastes, descubrir que, en medio de la multitud, de algún modo, Jesús sigue estando a solas con el Padre. Y descubrir que Jesús, cuando está completamente solo, no olvida el rumor, el lamento, el dolor de las multitudes.
Hay muchos santos que han vivido también estas dos dimensiones. Yo recuerdo, por ejemplo, a mi propio fundador, a Santo Domingo de Guzmán. De Santo Domingo se dice: Hablaba con Dios o de Dios. Qué hermosura, habla con Dios en la oración, habla de Dios en la predicación, qué bello. Pero, más bello es tener en cuenta que cuando habla a la gente, cuando habla de Dios a la gente, está, de algún modo, imbuido, impregnado, colmado de la presencia divina. Y cuando está a solas, por ejemplo, en la noche está orando nuestro Padre Santo Domingo, está a solas y, sin embargo, está acompañado de los rostros, de las heridas, de los dolores, de los lamentos de tantas personas.
A ejemplo de Santo Domingo, pero sobre todo a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, también cada uno de nosotros tiene que aprender esta bendita combinación entre la soledad y la compañía. Qué bueno también descubrir que nosotros, lo mismo que Jesús, requerimos de esos dos momentos, son importantes para nosotros. Es importante tener tiempos de verdadero silencio, es importante recogernos en soledad ante Dios, porque en esa soledad del corazón que se extiende ante Dios, aparece, de algún modo, nuestra verdad, lo que somos, la soledad nos hace verdaderos.
Pero luego, la compañía, el saber acompañar especialmente a nuestros hermanos en su necesidad, nos llena de amor. La multitud de los pobres nos llena de amor, la inmensa soledad nos llena de verdad. Llenos de verdad por la soledad y llenos de amor por la presencia, el recuerdo, el rostro de los pobres, seremos a la vez verdaderos y amorosos, llenos de caridad y llenos de claridad. Y en esa doble clave, en la claridad y en la caridad, creo yo que está el rostro del cristiano para el siglo XXI.
Recuerda, claridad, verdad, que se logra en la soledad, caridad, compasión que se logra al encuentro del rostro del hermano necesitado.

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