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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Reconoce hacia dónde caminas y abre tu corazón a la Palabra del Señor que te exhorta y cuestiona. Muéstrale a Dios tus heridas para que Él te sane y ame plenamente.
Homilía i213006a, predicada en 20250827, con 6 min. y 33 seg. 
Transcripción:
Hermanos, esta imagen del Papa Francisco al comienzo de su pontificado, nos está recordando uno de los énfasis más fuertes que él tuvo en su predicación, precisamente en contra de las nuevas formas de fariseísmo y de hipocresía que se meten en la Iglesia, especialmente graves, cuando realmente dañan el corazón de nosotros, los sacerdotes, los que estamos llamados, en primer lugar, a ser servidores de todos los demás. Y creo que esa imagen también nos está recordando que el Evangelio siempre es actual y que las advertencias que hace el Evangelio siempre debemos tenerlas presentes.
Durante estos días hemos escuchado varios pasajes de esas controversias, de esa confrontación que tuvo Cristo con los fariseos. Ya hemos explicado por qué era tan grave para Cristo este tema de los fariseos. El fariseísmo es muy grave, no solamente por el pecado que se comete, quizás eso no es lo peor, sino por el intento de justificar ese pecado. El intento de decir esto es lo correcto, el intento de decir esto es lo que se debe hacer y arrastrar a otros en el mismo camino. O como decía Isaías, llamar mal al bien y llamar bien al mal. Eso era lo que más le dolía, le preocupaba a Cristo.
Y por eso también, pues encontramos que el lenguaje de Cristo es particularmente fuerte cuando se trata de confrontarse con los fariseos. Realmente Cristo no ahorra palabras y en el pasaje de hoy encontramos incluso como desafiándolos, les dice: Ustedes son hijos de los que mataron a los profetas. Y termina el pasaje de hoy diciendo: Colmen también ustedes la medida, que es casi como decir, mátenme entonces a mí. Esa expresión de Cristo, esa especie de desafío tan, tan fuerte, casi me atrevo a decir, agresivo, ese desafío, ese reto de Cristo frente a los fariseos nos pone a pensar.
Pero, como ya explicábamos en otra homilía, lo que mueve a Cristo por encima de todo es indudablemente el amor. Y si Él está hablando con esta fuerza es porque esa costra de hipocresía y esa costra de ceguera que tenían aquellos fariseos y que puede llegarnos también a nosotros, no se desprende fácilmente. Entonces, hay que golpear muy fuerte para que salga esa costra y aunque aparezca la herida de nuestra inconsistencia, de nuestra miseria, de nuestro pecado, aunque salga más adelante la herida, pues que esa herida que aparezca, Dios la pueda sanar.
Porque mientras esté tapada por la hipocresía o por esa manera de llamar bien al mal y mal al bien, pues es incurable, esa es la herida incurable. La herida incurable es la que pretendemos tapar y diciendo: Todo está bien, yo estoy obrando bien. Es la herida propia del cínico y es la herida propia del fariseo hipócrita. Así que parece que ese es el propósito de Cristo, y por eso utiliza este lenguaje tan supremamente fuerte, este lenguaje que incluso puede, no sé, escandalizarnos en algún momento.
Demos una palabra para tratar de explicar qué puede querer decir ese desafío de Cristo, esa especie como de retar a los fariseos a decirle: Bueno, entonces mátenme también a mí. No es una expresión de orgullo, indudablemente no lo es, porque Cristo no es, no es una persona arrogante, ni orgullosa, ni soberbia. Lo que quiere ese lenguaje, es mostrarle a la persona hacia dónde va, es decir, es como un modo, un modo ciertamente muy judío, muy semita, de decirle a la otra persona, date cuenta hacia dónde vas, date cuenta qué es lo que estás haciendo, date cuenta cuál es la ruta que llevas.
Observemos que ya en el Génesis, en el capítulo tercero, cuando se describe el pecado de nuestros primeros padres, ahí aparece Dios hablando en términos muy semejantes tanto a Adán como a Eva, Adán le pregunta ¿dónde estás?, a Eva le pregunta ¿qué has hecho? Esas preguntas de Cristo, esas preguntas de Dios en Génesis 3, son perfectamente coherentes con el lenguaje de Cristo. Cuando está diciendo: Mira para dónde vas, mira lo que estás haciendo, mira hacia dónde te diriges. Esa es la pregunta de Cristo, ese es el punto de Cristo.
Es decir, date cuenta que vas en la ruta de repetir los errores de tus padres, date cuenta que ellos mataron inocentes y tú vas en la ruta de matar al inocente. Es impresionante Cristo, es impresionante y no debemos quitarle ese elemento de sorpresa, ese elemento de impacto que tiene el comportamiento de Cristo, no debemos quitarlo, porque en ese comportamiento, porque en esa manera de obrar, Él también está haciendo su trabajo en nosotros. Muchas veces arrancando esas costras de mentira, de hipocresía, esos autoengaños en los que pretendemos vivir.
Dejemos por eso que la Palabra de Cristo nos impacte, dejemos por eso que nuestros pastores, como en su momento lo hizo el Papa Francisco, que nuestros pastores nos impacten con su palabra y nos cuestionen. No cerremos los ojos frente a esos cuestionamientos, no cerremos los oídos frente a esos reclamos, porque ahí también está Dios diciéndonos: Destapa esa herida para que yo pueda curarla, para que yo pueda sanarte a ti, para que yo pueda amarte como yo te amo. Amén.

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