Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El verdadero testigo del Evangelio ha de ser de conducta recta orientada al bien de las personas, generosa saliendo de la comodidad, flexible sin cambiar el Evangelio y orientada a la gloria de Dios.

Homilía i213004a, predicada en 20210825, con 5 min. y 56 seg.

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Transcripción:

El apóstol San Pablo nos muestra en la primera lectura de hoy, en su Carta a los Tesalonicenses, cómo es la verdadera conducta, el verdadero proceder de un testigo del Evangelio. Y cuando yo digo testigo del Evangelio, estoy hablando de ti, de ti y de mí, porque es que por el bautismo todos somos llamados a ser testigos del Evangelio. Varios han dicho esta frase, he oído, por ejemplo, que se le atribuye a San Francisco de Asís: El único evangelio que van a leer es tu vida. O sea que nuestra manera de proceder es la que, en primer lugar, habla de nuestra fe o niega nuestra fe.

Por eso te digo, esto tiene que ver contigo y tiene que ver conmigo. Bueno, ¿qué nos enseña San Pablo? Si tomamos sus palabras, nos damos cuenta que su conducta fue una conducta recta, generosa, flexible y orientada a la gloria de Dios, veamos cada una de ellas. Una conducta recta, recto es el proceder de aquél que tiene intenciones limpias y que obra en consecuencia. Y la intención limpia cuando nosotros vamos a ser testigos de Cristo, solo es una, el bien de las personas, ese bien es el que nos interesa, una conducta recta.

No tenemos otra agenda, no estamos buscando otras cosas, no estamos negociando con algo diferente, una conducta recta. Nuestra intención busca derechamente la gloria de Dios y nuestra intención busca derechamente el bien de las personas. Esa es conducta recta, una conducta generosa. Pablo habla del esfuerzo, evangelizar desde la comodidad es imposible, escribe esa frase que te conviene. Evangelizar desde la comodidad es imposible. Incluso oí una vez un padre que, en la homilía, refiriéndose a la encarnación de Cristo, decía: Muy cómodo el cielo. Pero Cristo vino a esta tierra.

Ese movimiento, ese abajamiento, ese anonadamiento de Cristo nos dice algo muy importante, nos está diciendo que hay que salir de la comodidad y no solamente de la comodidad física, que también en muchos casos, pero no es solo eso, ni eso es lo principal. Muchas veces es la comodidad de solamente tratar a las personas que nos tratan como nos gusta que nos traten. O sea, sal de tu pequeño círculo, ese círculo de la gente que es como tú, que se ríe de tus chistes, que aprueba todo lo que haces, que va a tus mismos lugares.

La evangelización siempre supone un éxodo, o como dice el Papa Francisco, la evangelización requiere un salir, un salir de nosotros mismos, por eso él habla de Iglesia en salida. Entonces, es necesaria una incomodidad, un saber incomodarse. Si yo voy a evangelizar solamente a los que son como yo, piensan como yo, se ríen como yo y les gusta lo que a mí me gusta, en el fondo lo que estoy haciendo es confirmando una idea de club, como una especie de élite, eso no es evangelización. La evangelización tiene esfuerzo y por eso tiene generosidad.

Pablo dice: Como un padre con el Hijo. Pero aquí viene el tercer elemento, la flexibilidad, que es parte del esfuerzo, porque la flexibilidad significa que aquella estrategia, que aquella palabra que me sirvió ayer, no necesariamente me sirve hoy. Entonces, hay personas que creen que toda la evangelización tiene que ser a los gritos, a las amenazas y con el infierno por delante. No, no necesariamente. Pero hay el otro extremo, hay otros que creen que la evangelización tiene que ser sonrisitas, palmaditas en la espalda, abracémonos mucho y tomémonos hartas fotos, y tampoco.

Entonces, la flexibilidad no es la flexibilidad de mi gusto, porque ya dijimos que hay que superar la comodidad. La flexibilidad es entender que muchas veces tengo que cambiar lo que a mí me gustaría. Decía San Juan Bosco a sus hermanos salesianos, refiriéndose a lo que implica la evangelización de los jóvenes, decía: Muchas veces lo más fácil es soltar un grito y desahogarse uno. Pero la verdadera flexibilidad no es el desahogarme yo o el darme gusto yo, es buscar a esta persona cómo se le puede llegar. Pablo dice en otro lugar: Me hice todo para todos. Él trataba de adaptar ¿cómo puedo llegar?

No es cambiar el Evangelio, ojo con eso, que no haya confusión en este punto, no es cambiar el Evangelio, es ver cómo el mismo Evangelio puede llegar a todos. Entonces fíjate, conducta recta, primer punto. Generosidad y salir de la comodidad, segundo punto. Flexibilidad sin cambiar el Evangelio, pero sí ver cómo puedo llegar a todos. Y después de todo eso, cuidado con buscar tu gloria, porque en realidad lo único que queremos es la gloria, la gloria para Dios. Amén.

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