Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Para ser verdaderamente de Cristo debemos disponer el corazón para que Él saque a la luz nuestras llagas y así poder ser curados.

Homilía i213002a, predicada en 20150826, con 6 min. y 3 seg.

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Transcripción:

El día de ayer hemos querido explicar un poco el contexto de tantas discusiones que Cristo tiene con los fariseos. Sobre todo, importante es darnos cuenta que detrás de esas discusiones no hay en realidad un tema de teología solamente, sino que hay un tema de batalla espiritual. Nos damos cuenta, si leemos el conjunto del Evangelio, que detrás de todos estos oponentes de Cristo hay alguien que va moviendo los hilos, y ese alguien, ese ser oscuro, el demonio mismo, finalmente tiene que mostrarse en el momento de la Cruz, y es ahí también donde es derrotado.

Teniendo eso en mente, podemos esperar que el encuentro entre Jesús y los fariseos es algo así como el encuentro entre la luz y las tinieblas. Y creo que la palabra tinieblas es muy apropiada porque la fama que era tan importante, la fama de santidad, que era tan importante para los fariseos, en realidad era un ocultamiento, es decir, una fachada. Y detrás de esa fachada, cosas oscuras, cosas repugnantes estaban sucediendo. Eso precisamente es lo que va a realizar la luz de Cristo, una denuncia. La luz de Cristo, la luz de la Palabra de Cristo está derribando esa fachada.

Tenemos que reconocer que las palabras del Señor son muy fuertes, son palabras vigorosas, podríamos decir, son verdaderos misiles. La denuncia pública que hace Cristo al llamarlos hipócritas, al considerarlos como raza de víboras, al utilizar estas palabras Cristo está disparando fuertes misiles que intentan hacer caer esa fachada, que esa hipocresía termine. No es solamente un ataque de palabras, no es solamente un asunto de quién es o quién no es famoso, o quién es o quién no es líder dentro del pueblo. No se trata solamente de eso, es algo más profundo.

Se trata de que aparezca la verdad, se trata de que salga a la luz, que salga a la luz ¿qué? la llaga, que salga a la luz la podredumbre. Y esto es bueno decirlo, para darnos cuenta que detrás de esa agresividad, detrás de ese vigor, lo que hay en el corazón de Cristo es pura ternura, es pura misericordia. Cristo está destapando como a la fuerza, está destapando esa llaga, ¿para qué? Para que pueda ser curada, porque la llaga escondida no se sana, sino que se empeora. Entonces, las palabras del Señor y la denuncia que está haciendo es un sacar de las tinieblas eso que está podrido, porque es la única manera de que algún día llegue a sanarse.

Así aprendemos dos cosas. Primera, que Cristo no es un tonto que simplemente se dedica a decirle a la gente sean buenos, pórtense bien, seamos buenas personas, ánimo, que entre todos podemos. Ese mensaje se queda demasiado corto cuando uno de verdad conoce la podredumbre que puede tener el corazón humano, ese buenismo se queda corto, es necesario que aparezca la verdad del corazón humano. Y no confundamos la misericordia de Cristo entonces, con una especie de comprensión que termina siendo complicidad.

La misericordia no es simplemente que Cristo diga: Pues sí, entiendo que eres un mediocre, quédate en tu mediocridad. Entiendo que eres un adúltero, que cosa, bueno, quédate en tu adulterio. Veo que estás practicando tu homosexualidad. Bueno, sigue practicándola. Veo que te drogas, sigue drogándote. Y resulta que esos son los mensajes que nuestros gobiernos nos están enviando hoy. A ver cómo se legaliza el consumo de drogas, a ver cómo se sana la irresponsabilidad social y sexual con el aborto, por supuesto, eso no es ninguna sanación, hablo en ironía, que los otros quieren casarse, son homosexuales, que se casen, esa es la falsa misericordia.

La falsa misericordia es la que quiere dar a cada uno lo que simplemente le gusta, que cada uno siga su apetito y que todos sigan votando por el mismo partido, esa es la falsa misericordia. La verdadera misericordia es la de Cristo, la verdadera misericordia es la del que destapa, la del que saca la podredumbre, así duela. Pero después de curada la llaga, habrá verdadera salud. La pregunta ahora es y ¿estamos dispuestos para que Cristo también destape nuestras llagas, saque a luz lo que necesita ser curado y lleguemos a ser verdaderamente suyos?

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