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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El pecado se hace fuerte a través de alianzas de corrupción.

Homilía i203007a, predicada en 20210818, con 7 min. y 39 seg.

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Transcripción:

El pecado se hace fuerte a través de alianzas de corrupción, esta es la enseñanza fundamental que nos trae el texto de la primera lectura en la Santa Misa de hoy, estamos en el libro de los Jueces. Recordemos que ese período, el de los jueces, que fue un periodo relativamente largo, pues corresponde a una época más bien triste, más bien oscura, del pueblo de Dios. Aquella época en que el pueblo tenía una tentación continua de volverse a los ídolos, los ídolos propios de la tierra de Canaán. Y esa, esa especie de obsesión o de dependencia con los ídolos, traía consecuencias desastrosas para ellos.

Pero, aunque parecían levantarse, una y otra vez caían, una y otra vez volvían a sus pésimas costumbres. También hemos dicho en estos días que esa situación del pueblo de Dios en aquel tiempo, pues no debe extrañarnos demasiado, en el sentido de que esa situación, pues, se corresponde mucho a lo que nosotros mismos hemos sido en nuestra propia vida, es decir, también nosotros, muchos de nosotros, yo diría todos, tenemos esa experiencia de estar como, como en un avance y retroceso, avance y retroceso, que es una cosa pues muy triste, por supuesto.

Bueno, entonces ese es el libro de los Jueces. Y hoy nos encontramos con uno de los primeros intentos de tener un rey, este tema de tener rey va a ser muy importante en todo el Antiguo Testamento. Tener rey para ellos no era simplemente tener alguna forma de gobierno, ellos no estaban escogiendo una forma de gobierno, como el que dice: Bueno, ¿qué será lo que más nos conviene? Aristocracia, monarquía, democracia, dictadura, ¿qué será lo que más nos conviene? No, la razón por la que ellos querían un rey va a aparecer claramente en un texto del siguiente libro de la Biblia, que es el primer libro de Samuel.

Ellos quieren ser como los otros pueblos y ellos quieren tener visible la presencia de un líder. Por supuesto que su gran líder, su gran jefe, es el Señor, el Señor es el gran líder. Pero, sucede que cuesta trabajo seguir los pasos de un Dios que no se ve, cuesta trabajo obedecer a un Dios que no se ve. Los ídolos se ven, los jefes de este mundo se ven, los generales de los ejércitos se ven, son visibles. Pero obedecer a un Dios al que no vemos, amar y entregar toda nuestra vida a un Dios que se esconde más allá de nuestra mirada, es algo que cuesta y es algo que nos cuesta a nosotros, así como es algo que le costó a este pueblo.

Entonces, ellos buscaban un rey, pero en ese rey buscaban como una especie de reemplazo de Dios, alguien que pudiera hacer visible a ese Dios. Es decir, que había un pecado contra la fe, es básicamente lo que aparecía ahí. No vamos a ser demasiado duros con ellos, porque nosotros reconocemos que también hemos pecado contra la fe. Cuando uno mismo entra en desobediencia contra Dios, ¿qué está haciendo? Pues uno está retirando su confianza del camino del Señor por seguir su propio camino. O sea que aquí no se trata de decir que ellos eran peores que nosotros, o nosotros mejores que ellos.

Si no más bien se trata de descubrir cómo la alianza de corrupción hace fuerte el pecado. Y ¿por qué hablamos de alianza de corrupción? Porque resulta que a un cierto Abimelec le proponen que sea rey, era una persona claramente incapaz para el oficio. Por eso esa especie de parábola que aparece en la primera lectura, como que entre todos los árboles que son tan útiles para tantas cosas, pues resulta que el árbol que menos sirve es el que dice: Ah, bueno, yo sí quiero ser rey. Es decir, que hay también un pecado en Abimelec, y ese pecado de Abimelec es un pecado de arrogancia, es un pecado de vanidad.

Aquí es donde viene lo más interesante, date cuenta que el pecado de incredulidad del pueblo se une, conecta con el pecado de arrogancia y vanidad de Abimelec. Es decir, un pueblo incrédulo termina eligiendo a un rey inepto. La incredulidad del pueblo, la ineptitud, la incapacidad del rey, pecado del rey por parte de la arrogancia, pecado del pueblo por la falta de fe. Pero esos dos pecados como que se conectan tan completamente que van a formar una alianza de corrupción, el pecado se hace fuerte a través de alianza de corrupción. Esta situación la podemos encontrar de mil modos distintos en muchos escenarios de nuestra vida.

Por ejemplo, considere usted el caso de una persona que está desesperada por conseguir dinero y otra persona que también quiere dinero, no porque esté desesperado, sino porque la codicia ha llenado su alma y entonces pues es un narco. Entonces, esta persona necesita gente que le trabaje. La codicia del uno y la desesperación del otro se conectan y de ahí la fortaleza en el tema del tráfico de estupefacientes. O piensa, por ejemplo esto, cuando la gente en un régimen de democracia únicamente piensa en sus beneficios a corto plazo.

Y entonces, la gente elige políticos que en el fondo sabe que son corruptos, que en el fondo sabe que no van a hacer nada por el bien del pueblo, pero es que ese es el político que me va a conseguir lo que yo necesito. Qué se yo, necesito una beca de estudio para mi hijo o necesito un permiso para que se haga una urbanización donde no se podría o no se debería hacer. Entonces el egoísmo, la suma de los egoísmos del pueblo, hace que se sigan eligiendo políticos incapaces, políticos corruptos. Y esos políticos corruptos así elegidos, esos políticos así elegidos, pues van a empeorar la situación.

De manera que la codicia o el afán de poder, o el afán de prestigio de unos, conecta con el egoísmo de otros y así se perpetúa la corrupción. El pecado se hace fuerte por las alianzas de corrupción. Lo describe el libro de los Jueces y sigue sucediendo hasta nuestros días.

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