Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Recibiste algo pero te quedaste sin Alguien. Recibiste tu paga pero te quedaste sin el Señor ¡Dios nos libre de caer en infidelidad!

Homilía i203006a, predicada en 20190821, con 4 min. y 50 seg.

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Transcripción:

¿Sabías que hay una enfermedad que ataca especialmente a la gente buena? El capítulo 20 de San Mateo nos presenta exactamente esa enfermedad. Esa enfermedad se llama: llenarse de derechos. Y cuando la enfermedad empeora se llama: llenarse de exigencias. Y cuando la enfermedad está realmente muy grave se llama: perderse lo mejor de los bienes de Dios. O sea que esta enfermedad tiene como tres fases.

La primera fase es: Me lleno de derechos porque yo soy de los buenos. La segunda fase es: Me lleno de exigencias y empiezo a reclamar. Y la tercera fase es: Me pierdo lo mejor de los bienes y los tesoros de Dios. Son las tres fases de esta enfermedad, hay que tener mucho cuidado con ella. Bueno, y ¿cómo sucede esta enfermedad? Esta enfermedad es la que Cristo describe en la parábola de aquellos que son llamados a trabajar a distintas horas del día.

Los que fueron a trabajar desde la mañana, los que desde temprano en la mañana están en la viña del Señor, son aquellas personas que han llevado una vida buena, sienten que han estado siempre cerca de Dios, sienten que han hecho las cosas muy bien y existe el peligro de que les dé la enfermedad de los buenos. A ver, no es una enfermedad que suceda obligatoriamente, pero es una enfermedad que puede acechar a las personas que sienten que su vida ha sido normal y no solo normal, ha sido una vida buena. Yo no le he hecho mal a nadie, yo me he portado bien, yo he hecho las cosas bien, por consiguiente, yo tengo derecho.

Entonces, ya te vas llenando de derechos. Y uno de los derechos, uno de los primeros derechos que la persona que se cree buena empieza a acumular, es el derecho de opinar y de juzgar sobre otras vidas. Entonces estos, por ejemplo, los que trabajaron desde la mañana, estaban así, con los ojos bien abiertos, estaban bien atentos para decir: ¿Por qué le dan tanto a ese? Se llenaron de derechos. Entonces ya dicen: Bueno, pero, a ver, ¿por qué, pero por qué le dan tanto a ese? Es que no deberían darle tanto. Ya se considera con el derecho de opinar sobre otras vidas.

Y de ahí no hay sino un milímetro a caer en el siguiente paso, en la siguiente fase de la enfermedad, que es empezar a exigir. Entonces, estos llegaron a exigirle al dueño de la viña: Y ¿por qué a ellos les das más que a nosotros? Claramente están exigiendo o les quitas a ellos o nos pagas más a nosotros. Ya pasaron de los derechos a las exigencias, o sea, ya le van a enseñar a Dios a ser Dios. Así pasa, cuando uno se cree bueno, uno termina enseñándole a Dios cómo tiene que ser. Pero la parte que siempre me ha impactado más de esta parábola es la parte final, porque Cristo dice: ¿Es que ustedes tienen envidia porque yo soy bueno?

Fíjate la pregunta, es decir, los que se creían buenos en realidad no eran buenos, porque lo que dice el dueño de la viña es: ¿Van a tener ustedes envidia porque yo soy bueno? El bueno soy yo, tú no eres tan bueno. Descubre lo tuyo, descubre tu necesidad, descubre tu pecado. Como decía mi madre, deja de estar mirando platos ajenos, descubre tu necesidad, descúbrela. Tienes mucho que aprender ahí, tienes mucho trabajo por hacer. Entonces, luego les dice: Tomen su paga y váyanse. Váyanse, eso es lo más duro, váyanse. Ustedes los que se creen buenos, ustedes los que están haciendo en el fondo un negocio, aquí está su paga, váyanse, no reclamen más.

Es decir, recibiste algo, pero te quedaste sin alguien. Recibiste tu paga, pero te quedaste sin el Señor, te quedaste sin su gloria, te quedaste sin su amor, te quedaste sin su rostro. Dios nos libre de esa enfermedad. Siguiendo los pasos de grandes santas como Catalina de Siena, que nosotros crezcamos en el conocimiento de nosotros mismos y descubramos, como descubrió San Agustín, que el camino más corto para llegar a la verdadera misericordia, es empezar por descubrir nuestra verdadera miseria.

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