Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los mediocres no quieren verdaderos líderes ni gobernantes sino cómplices.

Homilía i203003a, predicada en 20130821, con 4 min. y 57 seg.

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Transcripción:

De vez en cuando es bueno dar una mirada a las lecturas del Antiguo Testamento, porque fue el camino que Dios escogió para revelarse poco a poco a su pueblo. A veces, me parece que en el Antiguo Testamento lo que Dios estaba haciendo era como dándoles el alfabeto, la ortografía, la sintaxis, de manera que luego la palabra perfectísima que nos iba a dar en Cristo, fuera realmente comprensible según la mente y el corazón de Dios.

Hoy, por ejemplo, tenemos un pasaje muy curioso en el capítulo noveno del libro de los Jueces. Se trata de la elección, uno de los primeros intentos, si no el primero, de elegirse un rey. El pueblo quiere elegirse un rey. El libro de los Jueces pertenece ¿a qué época? Viene la salida de Egipto, el recorrido por el desierto, Moisés muere a la entrada de la tierra prometida, Josué conduce al pueblo a la conquista de esa tierra prometida. Y en esa época, cuando ya están entrando y estableciéndose, es ahí donde encontramos los episodios que describe el libro de los Jueces.

Una época necesariamente de muchas transformaciones, una época donde hay distintas iniciativas y una de esas es la de este elegirse un rey. Un hombre llamado Jotam utiliza un lenguaje de parábola para explicar lo que está sucediendo. Entonces él dice que las plantas querían elegir un rey y le propusieron al olivo que fuera rey, pero él dijo: No, yo tengo cosas más importantes que hacer porque de mí sale la aceituna. Y le propusieron entonces a la viña que fuera reina. Y la Viña dijo: Yo tengo cosas más importantes que hacer porque de mí sale el vino. Es decir, que los que son realmente útiles no quieren ese oficio de rey.

Y finalmente, entonces le proponen a la zarza, que sirve para muy poco, la zarza que es buena para nada. Y la zarza dice: Bueno, yo sí, yo sí quiero ser rey. Por supuesto, es una burla, una burla a la autoridad de ese momento, al rey de ese momento que ellos pretendieron elegirse. Pero aquí, como suele suceder, hay algo más profundo, algo que nos invita a preguntarnos con qué criterio elegimos nosotros a nuestros superiores, a nuestros maestros, a nuestros líderes, a nuestros políticos también. ¿Realmente nosotros buscamos personas que nos guíen o buscamos personas que nos sigan?

Y esta es una pregunta que se puede aplicar a muchas cosas. Porque un verdadero líder, por ejemplo, un verdadero político, es una persona que tiene una gran visión de las cosas, es una persona que tiene ideas claras y que por eso ejerce un liderazgo. La palabra líder viene del inglés, del verbo to lead, que significa ir delante, guiar a los demás, un líder es el que va delante y guía. Pero, en tiempos de corrupción y en tiempos de mediocridad, la gente no quiere verdaderos líderes. La gente lo que quiere es unos que tienen el oficio pero que, en realidad, van siguiendo al pueblo.

Que es lo que suele suceder con muchos de nuestros dirigentes en esta época, es decir, los políticos terminan interesados únicamente en qué es lo que la gente quiere para dárselo, si la gente quiere aborto, pues se le da aborto. Y si la gente quiere matrimonio gay, se le da matrimonio gay. La gente quiere enmariguanarse, pues démosle mariguana. Esos no son líderes, no lo son, ellos no están guiando, ellos van detrás del pueblo porque le preguntan al pueblo qué quiere. Y luego, lo que hace el líder es sancionar con fuerza de su autoridad y con fuerza de ley, sancionar lo que el pueblo dijo que quería.

Lamentablemente esto sucede en otras áreas de la vida, también a veces en la vida religiosa pasa. Hay religiosos que eligen como superior a uno que sea como la zarza, uno que no sirva para nada, uno que no hable, que no opine, que nunca corrija, uno que nos deje hacer lo que se nos dé la gana. Y hay gente que quiere también así, un Papa así, y quieren obispos así, obispos que nos dejen vivir como a nosotros se nos dé la gana, sacerdotes que nunca nos corrijan, gente que no se meta con nosotros.

La parábola de Jotam cae sobre nuestra cabeza diciéndonos: Dios jamás transará en un negocio así. Si hay algo que Dios quiere, son verdaderos líderes. Y si tú que recibes estas palabras, eres uno de ellos, por favor, entiende que tienes una responsabilidad no sólo ante la gente, sino sobre todo ante Dios.

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