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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Lo importante es saberse gobernado por Dios.
Homilía i203001a, predicada en 19970820, con 3 min. y 49 seg. 
Transcripción:
El texto que hemos escuchado del libro de los Jueces nos presenta al rey como el más inútil del pueblo. El olivo tiene su aceite, la viña tiene su fruto, solo la zarza, al parecer, el más inútil de los árboles, acepta ser rey. Además, la tarea del rey se describe de una manera despectiva, simplemente se trataría de mecerse sobre los otros árboles, esta sería toda la tarea del rey. Se trata, pues, de un texto que, en cierto modo, descalifica la misión de los reyes.
En la Sagrada Escritura se encuentran textos a favor y textos en contra de que haya reyes. Por una parte, esa confianza sobre los abusos que podían cometer y que, de hecho, cometieron muchos reyes. O también, como en el texto de hoy, esa sensación de que será lo más inútil del pueblo, lo que haga lo más inútil para el pueblo y esos van a ser los reyes. Esto es como la corriente anti realista contraria a la realeza, contraria al rey. Hay, en cambio, otra corriente que es favorable al rey, para que haya reyes y que tiene el principal exponente de esta realeza en el rey David, y luego en Jesucristo como Rey.
De modo que, si uno lee la Sagrada Escritura, uno puede encontrar textos a favor y en contra de que haya reyes. Lo importante entonces parece que no es si hay reyes o si no hay reyes, lo interesante es que, si hay un rey, este se sepa siervo de Dios, que no resulte tan rey que destrone a Dios. Y si no hay rey, pues que cada uno se sepa y se reconozca gobernado por Dios, miembro del pueblo de Dios. Se nos revela así la relatividad de las instituciones humanas. Con reyes o sin reyes, Dios puede sacar adelante su propósito. Lo importante, lo más importante no es eso, sino ese percibir el paso de Dios y obedecerle a Él.
Qué Dios nos conceda no apegarnos más de la cuenta a las instituciones humanas y no apegarnos más de la cuenta a que haya o no haya tal o cual institución que a nosotros nos parecería indispensable. Más allá de ese género de acuerdos o de desacuerdos, el acuerdo con Dios y la Alianza de Dios han de tener el primer lugar.

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