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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Nueva Alianza no puede fracasar porque Nuestro Señor conquistó para nosotros el don del Espíritu Santo, Don que nos hace capaces de ser realmente fieles al Señor.
Homilía i193008a, predicada en 20250813, con 7 min. y 7 seg. 
Transcripción:
Hermanos, ¿hay algún versículo de la Biblia que ya esté completamente superado? Pues quiero decirte que sí, porque la Biblia misma es una historia y en esa historia hay un progreso, hay un avance hasta llegar a una cumbre que es Jesucristo. Te estoy comentando esto porque en la primera lectura de hoy, que es tomada del capítulo número 34 del Deuteronomio, se nos menciona la muerte de Moisés.
Y concretamente lo que dice el texto es que murió Moisés y que no ha surgido otro como él, no ha surgido otro como él. Indudablemente, en el momento en el que fue escrito el Deuteronomio, esas palabras eran ciertas. Moisés, el gran siervo de Dios, el instrumento para esa alianza preciosa que fue luz no solamente para Israel, sino que sigue siendo luz para la humanidad entera, por ejemplo, condensada en lo que llamamos los Diez Mandamientos. Es una luz preciosa, luz que Dios otorgó al mundo a través de Moisés.
Y cuando se escribió el Deuteronomio, pues claramente ese versículo era cierto, no ha surgido nadie como Moisés, nadie se puede equiparar a Moisés. Un momento, debo corregirme, nadie se podía equiparar a Moisés, porque nosotros encontramos que en el recorrido de la historia de la salvación, ese recorrido por el que nos va llevando la Sagrada Escritura, pues hay uno que es más que Moisés. O sea que ese versículo del capítulo 34 del Deuteronomio ha quedado superado, efectivamente hay uno que es como Moisés y que es mejor que Moisés.
Y esto no me lo invento yo, esto aparece en el Evangelio según San Juan hacia el final del capítulo primero. La ley nos fue dada por Moisés, dice el evangelista Juan, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. La ley, por una parte, la gracia y la verdad, por otra parte, y la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Así que este es el día en el que tenemos que comentar cuál es esa grandeza de la gracia y la verdad, de tal manera que el evangelista, pues nos presente la superación de la antigua alianza en la nueva alianza.
Y déjame decirte que esto tampoco es un invento del evangelista Juan, si tú te vas al capítulo número 31 de Jeremías, te encuentras que ya en pleno Antiguo Testamento, los profetas tenían perfectamente claro que la ley era insuficiente y que la alianza que se había sellado con Moisés era insuficiente. Concretamente, en ese capítulo número 31 de Jeremías leemos que Dios anuncia una nueva alianza y como dirá, varios siglos después, la Carta a los Hebreos, pues no se puede hablar de una nueva alianza, si no es en referencia a que la antigua alianza va a ser superada, a que la antigua alianza va a dar paso a otra.
Y en ese sentido es evidente que esa nueva alianza, que es exactamente la que nos ha dado Cristo, es mejor que la antigua alianza. Por eso, en cada misa nosotros escuchamos, en el momento de la consagración de la Sangre de Cristo, escuchamos: «Tomad y bebed todos de Él, porque este es el cáliz de mi Sangre, sangre de la alianza nueva y eterna», Nueva, nueva, esa es la alianza que anunció Jeremías, alianza nueva, pero es también alianza eterna.
O sea que si a la alianza que Dios hizo a través de Moisés le sucedió la nueva alianza sellada en la sangre de Cristo, pues no estamos esperando que después de la sangre de Cristo y de la alianza con la sangre de Cristo, venga otra alianza distinta. No, no estamos esperando eso. No estamos esperando eso porque esta es la alianza eterna. Y tú podrás preguntarte: Bueno, pero si falló la alianza de Moisés y si de todas maneras los seres humanos seguimos siendo pecadores y, en ese sentido, rompemos continuamente la alianza con Dios, ¿por qué no podría venir otra nueva alianza, una novísima alianza después de la alianza con Cristo?
La gran respuesta es que la alianza que Dios hizo a través de Cristo, finalmente trae la acción y la presencia de Dios a este lado de la Alianza. A ver si me logro explicar así brevemente, mira, en la alianza de Moisés teníamos al hombre y Dios, y era el hombre tratando de ser fiel a Dios y fallando. En la nueva alianza, la alianza en Cristo, el sacrificio de Cristo abre nuestro corazón y la intercesión de Cristo trae el don del Espíritu Santo a través de esa brecha que queda abierta en nuestro corazón por su Pasión.
De tal manera que en la nueva alianza es Dios de este lado, pero también es Dios de este lado. Porque la acción del Espíritu en nosotros es la que va haciendo posible que nosotros seamos fieles con fidelidad que supera las fuerzas humanas. Es decir, que por ese don del Espíritu que Cristo conquistó para nosotros con la alianza, con ese don maravilloso de Cristo, nosotros podemos encontrar la fidelidad. Por supuesto, siempre existe la posibilidad de que uno sea obstinado y que uno se resista y que uno recaiga en el pecado, eso es cierto.
Pero también es verdad que, como canta el libro del Apocalipsis, hay una multitud incontable que ha sido renovada por la sangre del Cordero, que ha recibido el poder del Espíritu que habla a las iglesias. Y esa multitud incontable es la que tiene también a Dios, no solamente enfrente como una especie de desafío de perfección, sino que lo tiene adentro como don del Espíritu que nos mueve, que nos hace capaces de obrar. Por eso, no puede fracasar la alianza en Cristo, por eso la alianza en Cristo es nueva y eterna. Y por eso, felizmente, aquel versículo del libro del Deuteronomio está superado. La gloria para Dios en Cristo Jesús, su Hijo, nuestro Señor y Salvador.

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