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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si Cristo nos pide que nos corrijamos unos a otros queda claro que lo de "no juzgar" no puede interpretarse como no meterse en la vida de los demás.
Homilía i193003a, predicada en 20150812, con 4 min. y 16 seg. 
Transcripción:
En este día el Evangelio está tomado del capítulo número 18 de San Mateo. Encontramos uno de los temas más importantes dentro de la vida cristiana, la vida cristiana en comunidad, se trata de la corrección fraterna. Considero que este tema es particularmente actual porque hay algunos que se han aferrado bastante a la expresión: no juzguéis y no seréis juzgados. Se han aferrado a esa expresión para hacernos creer que uno no debe meterse en la vida de nadie.
Pero resulta que el Evangelio de hoy nos demuestra que, si vivimos como cristianos, si vivimos en comunidad de fe, ciertamente debemos meternos en la vida de las otras personas. Así que, cuidado con aquellos que piensan que la expresión no juzguéis, quiere decir que cada uno haga más o menos como le parezca. Mientras no te metas en mi vida, yo te dejo vivir. Mientras no me meta en tu vida, tú déjame vivir. Eso es lo que mucha gente está entendiendo en su manera de interpretar aquello de no juzguéis.
Pero nos damos cuenta que esa interpretación tiene que estar errada, porque el Evangelio de hoy del capítulo 18 de San Mateo nos enseña claramente que sí hay que meterse en la vida de las otras personas, con discreción, con respeto, con caridad, pero hay que entrar en la vida de la gente. Y otra cosa, nos enseña que sí hay que opinar, sí hay que formarse un criterio a partir del comportamiento de otras personas. Porque si no juzgar significa no te metas a dar ninguna opinión sobre ningún comportamiento, entonces, ¿cuál sería la consecuencia? Que uno nunca podría realizar la corrección fraterna.
Observa cómo empieza el pasaje que hemos escuchado hoy: «Si tu hermano peca, corrígelo». No se está refiriendo aquí a que mi hermano me está ofendiendo a mí. Es decir, la razón de la corrección fraterna no es una especie de defensa propia: Como ya se metió conmigo, ahora si tengo que hablarle a él. No, el criterio para la corrección fraterna no es porque se metió conmigo. El criterio para la corrección fraterna es porque está haciendo algo que no, que no es bueno. De hecho, el gran criterio para la corrección fraterna no es el bien mío, sino casi que es, más bien, el bien de la otra persona.
Es ese otro bien, el bien del otro lo que me interesa. Y por buscar ese bien y por construir ese bien me acerco, una vez más lo digo, con caridad y con respeto a servirlo. Conclusión, no interpretemos las palabras de Cristo aquello de no juzgar, no lo interpretemos en el sentido de que yo no me puedo meter en la vida de nadie, yo no puedo opinar de la vida de nadie, o si acaso me meteré cuando él se meta conmigo, no, no.
La enseñanza de hoy es clara, si veo que acontece una cosa terrible, dañina, venenosa, que se llama pecado, sucede en la vida de mi hermano, por amor a mi hermano, me acerco y ahí viene el respeto, ahí viene la discreción, ahí viene la caridad, pero ahí viene también la corrección. Así que no tengamos miedo desde Cristo y en Cristo, no tengamos miedo de ser servidores de la verdad para acercarnos a esas vidas que seguramente necesitan ese acto de caridad, así parezca al principio que lo rechazan.

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