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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El mandamiento del amor y el cumplimiento de la voluntad divina.
Homilía i193001a, predicada en 20030813, con 3 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Hermanos, yo quiero decir unas palabras sobre el evangelio del día de hoy, realmente la Biblia está llena de promesas que tal vez no conocemos, o tal vez no creemos completamente. En el texto de hoy seguramente hacemos énfasis, mentalmente hacemos énfasis en aquello de la corrección fraterna y es un tema bien importante. Pero, qué tal lo que se encuentra al final de este pasaje, qué tal eso que nos dice, qué tal eso que nos promete Jesucristo hoy: «Si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, mi Padre lo concederá».
No es una fórmula mágica en la que nos está dando Jesucristo, no nos está dando un sistema para conseguir lo que nosotros queramos. Se trata de dos discípulos que, como explica un poquito más adelante, piden en su nombre, piden en el nombre de Jesús. Y aquí está la clave, se trata de dos que estén de acuerdo, dos o más, pero se trata también de dos o más que estén en el nombre de Jesús. Estas son las dos condiciones, que estemos en el nombre de Jesús, pero también que estemos de acuerdo entre nosotros.
Y ahí está como resumida toda nuestra fe, que se parece tanto al mandamiento del amor, porque toda la vida cristiana se resume en: Amarás al Señor tu Dios, amar a Dios, y amarás a tu prójimo. Amar a Dios y amar al prójimo. Algo parecido es lo que nos dice el Evangelio de hoy, dos que estén en el nombre de Jesús, pero también dos que estén unidos entre sí, dos que se pongan de acuerdo. Unión con Dios, porque estamos en el nombre de Jesús, unión entre nosotros, porque nos ponemos de acuerdo.
Es algo perfectamente lógico, perfectamente coherente con lo que nos ha enseñado el Señor, amor a Dios, amor entre nosotros, estar en Dios, estar en el nombre de Jesús y estar de acuerdo entre nosotros, estar en el amor mutuo. Esto es lo que hace a Dios presente en la tierra, esto es lo que hace que su voluntad pueda cumplirse, esta es la fuerza increíble que puede transformar nuestra vida y que puede hacer que poco a poco nosotros seamos, casi tiemblo al decirlo, seamos expresión de Dios, expresión misma de Dios en medio del mundo, expresión divina, presencia divina, fuerza de Dios entre nosotros.
Eso es precisamente lo que quiere ser la Iglesia, la Iglesia según la voluntad divina es eso. La Iglesia es presencia y acción de Dios en medio del mundo porque la Iglesia es aquel sacramento de salvación que une con el Altísimo y que une a la humanidad entre sí.

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