Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Para gozar de los favores de Dios sigamos el camino del amor que intercede, de la fe que persevera y de la humildad que reconoce que no es "a mi manera" sino a la manera del Señor.

Homilía i183009a, predicada en 20230809, con 7 min. y 6 seg.

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Transcripción:

El pasaje del Evangelio de hoy a veces resulta incómodo para nuestra reflexión, para nuestra meditación. Estamos tan acostumbrados, tan hermosamente acostumbrados a la misericordia generosa de Cristo, que el solo hecho de ver al Señor posponiendo un milagro, haciendo esperar a un necesitado, es algo que seguramente nos extraña, es algo que de alguna manera nos golpea. Pero creo que conocemos, conocemos un poco, conocemos bastante a Cristo y sabemos que tenía que haber un muy buen motivo para que eso sucediera.

¿A qué me refiero? Esta mujer era sirofenicia. Los fenicios fueron el gran pueblo comerciante, fueron los grandes navegantes también de la antigüedad. Para que nos ubiquemos, sus puertos, sus ciudades más importantes en la costa del Mediterráneo eran Tiro y Sidón, pero ellos extendieron sus redes de comercio hacia Grecia y por el norte de África llegaron a fundar una ciudad que fue importantísima en la antigüedad, la ciudad de Cartago. O sea que esta era gente que tenía grandes habilidades comerciales y tenía grandes habilidades, podríamos decir, de extensión de su poder.

Los fenicios practicaban la brujería. Su religión era una mezcla de fuerzas naturales, antiguas tradiciones y prácticas mágicas, y de ese ambiente de tinieblas viene esta mujer. Y en ese ambiente de tinieblas hay una contaminación espiritual bárbara que está padeciendo la hija de ella, la hija está poseída por un demonio. La mujer, dolida por ese hecho, busca ayuda en un hombre en el que ella ve un gran poder. Pero aquí es donde empieza la pedagogía de Cristo, Cristo no quiere ser visto simplemente como un solucionador de problemas, simplemente como una especie, y me disculpan la palabra, una especie de curandero.

Cristo es mucho más que eso. No es solamente el parche que le pones a tus problemas, no es solamente una especie de venda para una herida. Cristo es el principio de una vida nueva, Cristo es el principio de la vida en amistad con el Padre. Así que Cristo no se muestra fácil para realizar esa sanación, esa curación o, para ser más precisos, esa liberación. Pero es aquí donde podemos aprender tres cosas maravillosas, tres ejemplos grandes que nos da esta mujer, y quizás son más. El primero es que ella está pidiendo por su hija, ella se esfuerza, ella se humilla porque se humilla ciertamente, ella se esfuerza, grita, clama, suplica y se humilla por su hija.

El amor que le mueve es un amor de intercesión, es un amor de caridad por el bien de otra persona, que en este caso es su hija. Y ese es un ejemplo para nosotros. porque a veces somos muy insistentes al buscar nuestros derechos, muy insistentes, al buscar cómo solucionar nuestros problemas. Pero es una buena pregunta, si somos igual de insistentes cuando se trata de las necesidades de otras personas, si cuando se trata de los problemas de otros somos igualmente insistentes.

Y ahí es donde viene un lema que utilizan varias personas, varios grupos, por ejemplo, defensores de derechos humanos, gente que trabaja por la justicia social, gente que trabaja por la defensa de la vida: Hay que aprender a ser voz de los que no tienen voz. Mis amigos, por ejemplo, de 40 días por la vida, dan la pelea por seres humanos que ni siquiera pueden hablar, están dentro del vientre de las mamás. Y a veces son las mamás mismas las que, en medio de sus circunstancias, quieren deshacerse de esos bebés, y los de 40 días por la vida dan la pelea por otras personas, esa es la primera lección que encontramos en esta mujer sirofenicia.

Segundo, ella es creyente. Es verdad que su fe tiene que ser purificada, es verdad que ella tiene que aprender a mirar a Cristo no solamente como el que tiene un poder para curar, sino como el auténtico Israel, como el embajador del auténtico pueblo de Dios. Y por eso, Cristo le dice que el pan es, en primer lugar, para los hijos, es decir, en primer lugar, para Israel. Es verdad que la fe de ella tiene que pasar de mirar a Cristo como el que le va a poner un parche en su vida, hasta mirar a Cristo como el que representa la verdadera alianza de Israel.

Pero ella tiene fe y ella pone su confianza en Cristo. Y esa confianza que va más allá, incluso de su propia humillación, encontrará recompensa, así que lo segundo es la fe. Lo primero, la caridad que intercede. Lo segundo, la fe que persevera. Y lo tercero, lo que ya mencionábamos antes, esa humildad, esa humildad para esperar el tiempo de Dios, esa humildad para aceptar la manera de Dios que muchas veces no es mi manera, esa humildad para reconocer: Tú eres el que sí puede y yo soy el que sí necesita. Esa fue la humildad de ella y esa humildad, gloria a Dios, encontró recompensa.

Así que aprendamos de esta mujer el camino del amor compasivo, de la fe perseverante y de la humildad que no se rinde. Y también nosotros tendremos, sin lugar a dudas, tendremos nuestra propia recompensa y nos gozaremos en el favor de Dios.

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