Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La vida religiosa: exploración anticipada de la gloria celeste

Homilía i183008a, predicada en 20190807, con 32 min. y 54 seg.

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Transcripción:

Hermanos, la primera lectura nos presenta aquel momento en el que Moisés envía unos predicadores, envía unos exploradores que luego le van a contar al pueblo cómo es la tierra prometida, por eso me atrevo a llamarlos predicadores. Yo creo que esos exploradores se parecen mucho a lo que es la vida religiosa, yo creo que esos exploradores y predicadores somos nosotros, los religiosos. Con la ayuda del Espíritu Santo, quiero explicar por qué.

Una vez un grupo de saduceos quisieron hacer quedar en ridículo a Cristo y le plantearon un problema difícil, pero absurdo. Le hablaron de una mujer que había estado casada, quedó viuda y según la recomendación de Moisés, el hermano del difunto debía casarse con la mujer para dar descendencia. Pero tampoco eso se pudo realizar porque ese también murió y la mujer otra vez quedó viuda. Y así estuvieron casados con ella 7 hombres. Con tono indudablemente de burla, le preguntan a Jesús: Cuando llegue esa tal resurrección ¿de quién va a ser esposa?, porque estuvo casada con todos.

Llevaban preparada esa trampa para desacreditar a Jesús, hacerlo quedar muy mal delante de la multitud. Lo que ellos esperaban es que Cristo, al quedar confundido y ridiculizado, tuviera que bajar mucho el tono de su lenguaje profético, quizás hasta el punto de que su propio ministerio quedara en ruinas, era un ataque directo, era un disparo directo al ministerio de Cristo. Pero Cristo, en ese pasaje les responde a estos saduceos con palabras fuertes, serias y claras. Les dice: Ustedes no conocen las Escrituras, no conocen el poder de Dios.

Son dos acusaciones públicas gravísimas si tenemos en cuenta que ellos eran los sumos sacerdotes, ellos eran las grandes autoridades religiosas. Y Jesús les está diciendo: Ustedes no conocen las Escrituras. Ustedes que son la gran autoridad religiosa, no conocen las Escrituras ni conocen el poder de Dios. Pero la parte que más nos interesa de esa escena, que no es el evangelio de hoy, es que Cristo les dice: En la resurrección no va a haber matrimonio, ni ellas se casarán ni ellos buscarán esposa, serán como los ángeles de Dios.

Este pasaje del Evangelio tuvo un gran impacto, ha tenido siempre un gran impacto en muchos lugares, pero sobre todo en los comienzos de la Iglesia, cuando empieza a surgir el movimiento monástico, recordamos a San Antonio Abad allá en el siglo III, recordamos las vírgenes consagradas que se dan desde los primerísimos siglos de la Iglesia. Los padres de la Iglesia, aquellos santos obispos y maestros de la fe, al animar en su camino a los monjes, a los ermitaños, a los anacoretas, a las vírgenes, a las ermitañas, los padres se apoyan mucho en este pasaje.

Y se apoyan, sobre todo, para decir algo, para decirles: Ustedes han empezado a hacer en la tierra lo que todos estaremos llamados a hacer en el cielo. Y por eso, los padres de la Iglesia hablan de los monjes, de las monjas, de las vírgenes, de los ermitaños, como unos adelantados: Ustedes han empezado a hacer ya, lo que todos seremos después. Es aquí donde conecta el texto de la Escritura con aquella frase que me he aventurado a decir al principio de esta predicación. Entonces, nosotros los religiosos, somos como los exploradores que mandó Moisés.

Es decir que nosotros, que por amor a Cristo y por amor al Reino de los Cielos, tomamos este camino, el camino de una consagración a su amor y a su servicio de una manera total, nosotros que hemos tomado este camino, estamos para contarle al resto del pueblo, es decir, para contarle a la Iglesia cómo va a ser la vida del futuro. Esto quiere decir que un religioso lleno de felicidad porque sabe que ha escogido la mejor parte, un religioso que brilla de alegría por el poder del amor de Dios en su vida, es una persona que le está diciendo al resto de la Iglesia: Vale la pena, hacia dónde vamos, vamos bien.

Porque en ese mundo futuro del que ya nos habló Cristo, en ese mundo futuro, ni ellas se casarán ni ellos buscarán esposa. Entonces, el religioso que no se casa, la religiosa que se reserva en cuerpo y alma a Cristo le está diciendo a la Iglesia cómo es ese mundo futuro, somos esa anticipación de la que hablaron los padres de la Iglesia. Por eso, el religioso gozoso en su vocación, que puede decir con el salmo: Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad. Ese religioso está atrayendo, está levantando a la Iglesia con un anhelo de cielo.

Aquella religiosa, sana en su cuerpo y en su alma, aquella religiosa, una mujer completa, pero con una característica, su amor apasionado a Cristo la ha llevado a renunciar a la posibilidad que, por otra parte sería lícita, de casarse, de formar un hogar. Ella ha renunciado a eso, pero su renuncia no tiene el aspecto de un fracaso, ni de una frustración, ni de una incapacidad, ni de un duelo, su renuncia tiene el sello del Evangelio, tiene el sello de la alegría, tiene el sello de Cristo. Esa religiosa está invitando a todos a que sean parte de la novia del Cordero, de la cual nos habla el libro del Apocalipsis.

Por eso, los religiosos y religiosas tenemos una particular, una particular responsabilidad, porque la pureza con que vivamos nuestra vocación y la alegría que destile nuestra vida y que esté en nuestros ojos, es un tremendo impulso hacia la gloria del cielo. Mientras que, si llevamos otra clase de vida, si nuestra vida tiene sellos de frustración, de división, de amargura, de trampa, si nuestra vida tiene ese sello, entonces lo que estamos diciendo, porque somos los exploradores, lo que estamos diciendo a la gente es: Disfruten ustedes que pueden, gócenla, gócenla lo que puedan, porque por allá eso es muy aburrido, por allá uno no es feliz, por allá no se encuentra lo que existe por acá.

El religioso que vive con tristeza, con frustración, con amargura, con murmuración su vocación le hace un daño terrible a la Iglesia y, en cambio, le hace un favor a aquel filósofo anticristiano, Federico Nietzsche, que decía: Quédense fieles a la tierra. Un religioso amargado, un religioso triste, un religioso con cara de frustración, de fracaso, un religioso atento a ver qué alcanza a rescatar de los bienes de este mundo, y así falta a la pobreza, qué alcanza a rescatar de los afectos de este mundo para sí mismo o para sí misma, y así falta a la castidad, qué puede rescatar de su propia autonomía y la manera de salirse con la suya, y así falta a la obediencia.

Un religioso, una religiosa infiel a sus votos, le está haciendo un favor al enemigo de Cristo, que precisamente escribió una obra en su osadía y en su afán sacrílego, escribió una obra que se llama así, el anticristo, eso escribió Federico Nietzsche. Y Nietzsche le decía a la gente: Quédense fieles a la tierra, olvídense del cielo. Eso es lo que está haciendo un religioso que vive mal su vocación, lo que le está diciendo a la gente: No se preocupen del cielo, que eso por allá es muy aburrido. y uno queda descompensado y eso no tiene sentido.

La primera lectura de hoy nos muestra lo que llegaron diciendo los exploradores. Los exploradores llegaron con un mensaje ambiguo, empezaron diciendo: Miren, allá hay cosas muy buenas y les mostraban frutos del país, hay cosas muy buenas. No sabemos cuáles fueron esos frutos, pero en todo caso, muy bonito se veía. Pero luego, añadieron: Es imposible llegar allá. E incluso empezaron a denigrar de esa tierra con estas palabras: Es una tierra que se come a sus habitantes. Y vimos unos gigantes que nos miraban como langostas y nosotros los mirábamos a ellos imposibles de vencer. Entonces, nos damos cuenta el mal servicio que prestaron esos exploradores.

Pero también nos dice el pasaje de hoy, del libro de los Números, también nos dice que, tristemente, la predicación de estos exploradores, porque ellos eran exploradores, pero luego son predicadores. La predicación de estos exploradores tuvo un efecto inmediato y devastador, porque entonces, oyendo a los exploradores, después de haber atravesado ese inmenso desierto, entonces el pueblo entero empezó a murmurar y a quejarse y la consecuencia fue terrible. Entonces Dios dijo: No más, no más. Esta generación no entrará en mi descanso, morirán en el desierto, morirán en el desierto.

Luego, la Carta a los Hebreos tiene una reflexión muy bonita sobre lo que significa entrar en el descanso de Dios. Eso le puede quedar a usted como tarea, en sus ratos de ocio mire ese pasaje de la Carta a los Hebreos, es toda una meditación sobre lo que hoy hemos oído, sobre lo que significa no entrar en el descanso. Pero lo más importante de ese texto de la Carta a los Hebreos es que termina con una conclusión: Apresurémonos mientras dura el hoy de Dios. Ahí hace referencia al salmo 95, que en la liturgia de las horas es el 94, es el salmo invitatorio: Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis el corazón.

Entonces, la Carta a los Hebreos dice: Hoy, hoy no dejemos pasar el día de hoy, no dejemos pasar el día de hoy. Apliquémonos ese texto a nosotros, no dejemos pasar el día de hoy, el día para enamorarme o volverme a enamorar o renovar mi amor por Cristo no es mañana, ni es ayer. Sobre el ayer no tengo poder, sobre el mañana no tengo certeza, el día para empezar a amar a Cristo, para renovar mi amor por Cristo, para descubrir la belleza del lote que Dios escogió para mí y luego poder decir: Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad, el día para llegar a ese amor es hoy, hoy es el día.

Y esa es una aplicación muy bella de esta palabra a nosotros, religiosos y religiosas de Jesucristo. Pero luego, luego hay otro punto que no debemos pasar por alto, nosotros, queridos ermitaños, amadas religiosas, nosotros nos alimentamos de la Palabra. Por eso, no debemos dejar que se pierdan detalles que pueden ser preciosos. Y hay un detalle, o mejor, hay dos detalles con los que quisiera cerrar esta reflexión. Primero, es un hombre llamado Caleb. Segundo, es otro hombre llamado Josué, hijo de Nun.

Porque Dios decreta un castigo para todos esos, a los unos por ser pésimos exploradores y predicadores, malos testigos de los bienes de Dios, esos quedan castigados. Y luego, a los otros, es decir, al resto del pueblo, por darle crédito a esos exploradores ineptos. Entonces, toda esa gente queda castigada, pero hay dos excepciones que son Caleb y Josué. Entonces, nosotros tenemos que aprender de estas excepciones, porque yo creo que no queremos ser de aquellos que se quedaron tendidos en el desierto.

¿Qué significa quedarse tendido en el desierto? Significa que tu vida fue trabajo y acabó en frustración. Y eso es lo que le pasa a un religioso que, según palabras de Santa Catalina de Siena, ni disfrutó del mundo, ni disfrutó de Dios. El que se quedó afuera, si hace las cosas bien, disfruta del mundo. El que entró al monasterio, el que entró al eremitorio y vive su vocación, disfrutó de Dios. Pero el religioso infiel ni disfrutó del mundo, ni disfrutó de Dios. Entonces, yo creo que nosotros no queremos ser de aquellos que quedaron tendidos en el desierto.

Entonces, tenemos que fijarnos en Caleb y en Josué, esos son nuestra referencia. Porque Caleb sí la logró, Caleb sí pudo entrar en la tierra prometida y Josué sí pudo entrar en la tierra prometida. De hecho, él fue el que dirigió al pueblo para encontrarlo. Como ustedes son gente aguda, inteligente, ustedes dirán: Bueno y ¿con qué pueblo entró Josué si se murieron esos? Pues con la descendencia, los papás quedaron tendidos, pero los descendientes de esa generación sí pudieron entrar en la tierra prometida.

Lo cual nos cuenta qué terrible castigo fue ese, porque mientras crecía esa otra generación, el tiempo de una generación típicamente en la Biblia es de 40 años, por eso duran 40 años en el desierto. Entonces, quiere decir que a partir de ahí Dios los puso a dar vueltas y vueltas y vueltas en el desierto, una vida estéril. El castigo de la infidelidad es una vida estéril, escriba eso para quienes están escribiendo, había por ahí uno o dos que estaban escribiendo, escriba eso que le sirve, le conviene. El castigo de una vida infiel es una vida estéril, una vida que se queda sin propósito, una vida que parece, parece que iba a ofrecer algo, pero no ofrece nada.

Bueno, pero nosotros no queremos ese castigo, ni queremos esa esterilidad, ni queremos quedarnos dando vueltas en el desierto. Entonces, nos interesa Caleb y nos interesa Josué. Y cuáles son las virtudes de estos dos que sí la lograron, que sí pudieron llegar hasta la tierra prometida y que son como una imagen de los santos. Porque un santo ¿qué es? Pues el santo es el que atravesó el desierto de esta vida y llegó a la gloria del cielo. Así como Caleb atravesó el desierto y entró en la tierra prometida, como Josué atravesó y llegó. Esos son los santos, y esos son nuestra referencia.

¿Qué podemos aprender de Caleb? Pues lo interesante de Caleb es que al principio todos hablaban cosas bonitas. Hay frutos buenos, eso es delicioso. Pero después, empezaron a desanimar al pueblo. Cuando esta gente empezó a cambiar el discurso y a decir que era muy difícil entrar en la tierra prometida, Caleb se mantuvo. Entonces, hay dos virtudes que son las virtudes de Caleb, esas dos virtudes las necesitamos, esas dos virtudes nos van a salvar. Porque hay que fijarse, Caleb, hay que fijarse en Josué.

Si usted no se fija en Caleb y Josué, puede quedar metido en el grupo de toda esa gente que quedó tendida en el desierto. ¿Cuáles son esos? Pues esos son las monjas aburridas, amargadas, que ni disfrutaron del mundo, ni disfrutaron de Dios, ni hicieron nada, pero finalmente quedó tendida, un día la encontraron tendida, quedó tendida la monja. Esos son los ermitaños frustrados, los que siempre están pensando, mirando el otro lote, mirando la otra vida, mirando lo que me hace falta. No mira lo que tiene, sino mira lo que le hace falta.

Había por ahí un predicador en mi comunidad que era muy brusco para hablar, gracias a Dios otros somos muy suaves. Había un predicador que era un poquito brusco y él decía que el religioso que siempre está mirando lo que otros hacen, dice, decía, eso es lo mismo que el casado que está mirando vecinas, exactamente lo mismo, es como estar mirando: Ay, tan bonita esa vecina, tan bonita esa mujer. Usted tiene su esposa ¿qué es eso? Bueno, después de ese leve regaño, volvamos a Caleb. Caleb entonces tiene dos características, dos.

Caleb se mantiene, es perseverante, es constante, es coherente como lo quieras llamar, la coherencia de Caleb. Yo tengo una verdad, esa verdad es la verdad de la promesa de Dios. Y aunque los demás lo nieguen por la razón que sea, por conveniencia, por miedo, por lo que sea, aunque los demás lo nieguen, yo permanezco. Es decir, mira a todos los nombres que le puedes dar fidelidad, coherencia, constancia, perseverancia, vamos a llamarlo aquí constancia, lo de Caleb es constancia o perseverancia. Jesús dice: El que persevere hasta el final se salvará.

Lo segundo que nos llama la atención de Caleb es la valentía, porque cuando uno se queda solo con una opinión, cuando uno se queda solo con una verdad y todo el mundo alrededor la niega, eso no se siente bonito, eso es difícil, pero eso hizo Caleb. Entonces, valentía y constancia son las dos virtudes que vamos a destacar de Caleb y que vamos a necesitar nosotros. Entonces, por ejemplo, ¿la valentía se necesita hoy? Claramente se necesita ¿por qué? Porque resulta que estamos en tiempos de confusión y en estos tiempos de confusión la verdad se vuelve terriblemente impopular y difícil de sostener.

Entonces, ya tenemos una cantidad de sacerdotes a los que amamos y por los que siempre oramos, pero una cantidad de sacerdotes que empiezan a callarse, que es el primer paso antes de empezar a mentir o desfigurar la doctrina. Entonces, sacerdotes que nunca hablan de los temas que sienten que van a ser incómodos para el auditorio, entonces no hablan de esos temas, omiten esos temas, no quieren ser incómodos, grave eso, muy graves. Ustedes saben de qué temas estamos hablando, usualmente el primer tema del que deja de hablar un sacerdote es sobre anticonceptivos.

Frente a un pueblo que está organizando su vida desde el libertinaje sexual, el primer error que no quiere cometer el sacerdote light es hablar de anticonceptivos. Eso no significa que uno tenga que ser obsesivo con los temas, que ese es un error que también se comete. Hay gente que todo el tiempo habla de un mismo tema, entonces siempre están hablando en contra del aborto o en contra del homosexualismo o en contra de la injusticia social. Nuestro papel no es ser guerreros en contra de, nuestro papel es ser servidores de Jesucristo en la integralidad de su Evangelio.

Pero esto es para demostrar que la valentía se necesita hoy, y la valentía a veces nos hace impopulares, y la valentía nos quita amigos. Pero repito, hay que tener mucha sabiduría y, sobre todo, los ojos muy puestos en Jesús, para no confundir valentía con agresividad, para no convertir la valentía en arrogancia, para no convertir la valentía en una especie de exhibición de fuerza. Ser valientes no es estarnos exhibiendo, ni es exponernos a peligros absurdos o desproporcionados. La valentía no es temeridad, la valentía no es arrogancia, la valentía no es exhibicionismo, la valentía no es violencia ni agresividad, pero la valentía hace falta hoy.

Y lo mismo para las religiosas, necesitamos pedirle a Dios que tengamos superioras que tengan valentía, porque hay ocasiones en que llegan a los monasterios, predicadores o sacerdotes con doctrinas llamativas y extrañas, como las llamaba San Pablo. Y entonces, hay que tener cuidado con eso y hay que tener la valentía en un momento dado de decir, ese tema no está bien tratado así. Yo creo que si no les ha sucedido, les va a tocar en algún momento y va a ser muy doloroso a las comunidades, tanto de hombres como de mujeres.

Les va a tocar en algún momento decir: Si es necesario suspender este retiro o este curso se suspende, pero esto no puede seguir así. Inmediatamente saldrá todo el clericalismo, el clericalismo que se le sube a uno por la sangre. Y en ese momento el sacerdote, que es doctor de cuatro doctorados, se irá en contra de la pobre abadesa y le dirá: ¿Usted que me va a enseñar a mí, cómo se le ocurre? Yo pensé que este era un monasterio de avanzada, yo pensé que ya habían salido de la Edad Media. En medio de ese torrente de escorpiones, serpientes, ratas y cucarachas, es necesario que la abadesa se mantenga firme.

Claro, claro, es necesario que se mantenga, porque una abadesa que no se mantiene firme le está diciendo al enemigo, el enemigo no es el sacerdote, el sacerdote puede estar despistado o embriagado de su orgullo, pero esa abadesa le está diciendo al sacerdote, no al sacerdote me corrijo, le está diciendo al enemigo malo, le está diciendo: Mire, aquí está, aquí están estas pollitas, acabe con esto, acabe con esto, eso es lo que está diciendo. Entonces, nosotros tenemos que cuidar el rebaño, el obispo tiene que cuidar su diócesis, el superior tiene que cuidar, porque para eso lo han puesto.

En la espiritualidad franciscana, el superior no se llama superior, se llama guardián. Y el guardián es sobre todo para proteger el rebaño, para proteger el jardín de Dios. Entonces, necesitamos valentía y necesitamos perseverancia, constancia. Bueno, ¿qué podemos aprender de Josué? De Josué podemos aprender otras dos palabras, las cuales son, mira, de Josué podemos aprender la obediencia, durante páginas y páginas de la Biblia, lo único que se dice de Josué es: el ayudante de Moisés, el ayudante. Un día le llegó su momento, pero él era el ayudante.

Entonces ¿qué aparece ahí? Él es disponible, él es colaborador, él es obediente. Si tuviera que quedarme con dos de esas palabras, yo diría la disponibilidad, la obediencia. Pero como la disponibilidad es una virtud que está conectada con la obediencia, todavía podemos destacar otro aspecto. Eso de pasar tantos años, fueron cerca de 40 años en que Josué no era nadie, porque lo único que aparecía, el único aclamado y también el único atacado, era Moisés, Josué llevó como una vida oculta.

Por eso, algunos padres de la iglesia y otros predicadores como Orígenes, comparan a Josué con Jesús, porque también Josué tuvo una vida oculta, una vida de gran humildad. Entonces, vamos a quedarnos con estos aspectos de Josué, la humildad y la obediencia. Obediencia que incluye disponibilidad, espíritu de servicio, espíritu de colaboración. Entonces, en gran resumen, cuáles son las cuatro virtudes de estos amigos que nos inspiran para avanzar hacia la tierra prometida y para ser verdaderos exploradores y para ser verdaderos predicadores, ¿cuáles son las cuatro virtudes?

De Caleb nos salieron dos virtudes que eran la valentía y la constancia. Y de Josué nos salieron otras dos virtudes que fueron la obediencia y la humildad. Entonces nosotros, como religiosos, hemos de formar nuestro corazón en esas virtudes, de modo que seamos humildes y obedientes. Obediencia en ese sentido de disponibilidad, de colaboración y entendiendo siempre que obedecemos primero a Dios antes que a los hombres, pero obediencia. Obediencia y humildad como Josué, valentía y constancia como Caleb.

Y si hacemos ese ejercicio, entonces vamos a vivir en plenitud nuestras constituciones, nuestras reglas, nuestras sanas y bellas costumbres vamos a vivirlas en plenitud. Y si las vivimos en plenitud, el Señor nos va a regalar esas luces de cuáles son sus promesas, de cómo es de bello su cielo. Lo que quiere Nietzsche es que el cielo de Dios quede vacío, eso es lo que quiere Nietzsche, que fracase el plan de Cristo. Cristo dijo: Me voy a prepararles un lugar. Nietzsche lo que quiere es que se quede vacía la casa de Cristo, que nadie vaya allá, eso es lo propio de los enemigos del Evangelio, de los enemigos de Dios, de los enemigos de la Iglesia.

Pero en cambio, el ermitaño, que vive su vocación en la humildad, la obediencia, la valentía y la constancia, es un hombre que va siendo salpicado por el rocío del cielo, es un hombre que va siendo iluminado por gracias del Espíritu Santo y es un hombre que luego, cuando habla en una conversación privada, pública, en una predicación, es un hombre que está irradiando ese deseo de cielo, esa hambre de cielo y está conduciendo al pueblo de Dios, como finalmente lo hizo Josué, y como también lo vivió y lo disfrutó Caleb.

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