Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Si tienes la experiencia del Evangelio y te sabes amado y bendecido; si te sientes pleno y gozoso por la Buena Nueva, entonces los rituales, la liturgia, el portarse bien y el impacto social tendrán sentido.

Homilía i173007a, predicada en 20250730, con 7 min. y 7 seg.

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Transcripción:

Uno de los documentos que más me gustó del Papa Francisco es el que lleva por título: El gozo del Evangelio. Y podemos decir que el pasaje que encontramos en el Evangelio de hoy, tomado de San Mateo, habla precisamente de la alegría, del gozo del Evangelio. Es una dimensión en la que insistió mucho el Papa Francisco y creo que todavía hay que insistir mucho más, porque es fácil confundir el Evangelio con un manual de conducta cuyo resumen sería: Pórtense bien, hagan bien las cosas.

O otros, pueden confundir al Evangelio con un conjunto de ideas maravillosamente conectadas a la manera de estos andamios, has visto los andamios en las construcciones que está todo conectado, las distintas piezas metálicas están unidas unas con otras, y se forman a veces construcciones muy altas. Sí, la fe tiene un elemento doctrinal que tiene que estar muy bien expuesto y muy bien articulado, pero la vida cristiana no es solamente tener ideas.

Otro puede pensar que la vida cristiana consiste en unos rituales, es decir, en cosas que hacemos básicamente para darle la gloria a Dios, lo cual está muy bien, la liturgia está en el corazón mismo de nuestra fe, pero lo que estamos diciendo aquí es, no reduzcamos la fe ni a unos rituales, ni a un conjunto articulado de ideas, ni a un manual de conducta, ni tampoco, y este es el último contraejemplo que quiero dar, ni tampoco reduzcamos la fe solamente a la transformación social que la Iglesia, en cuanto hace presencia en esta tierra, podría producir.

Porque hay gente que parece que mide a la Iglesia únicamente en términos de qué tanta transformación social, por ejemplo, en términos de justicia, en términos de ecología, en términos de eliminar desigualdades, lo cual está muy bien, pero es que eso no es tampoco lo que resume todo. Cuando uno reduce el Evangelio a la acción social, al manual de conducta, al conjunto bien articulado de ideas o a una serie de rituales, más tarde o más temprano se pierde la alegría.

Piensa, por ejemplo, en el caso de los solos rituales, pues eso se convierte simplemente en acciones que seguramente se hacen con mucha solemnidad, se hacen con mucho cuidado, pero el sentido mismo, el propósito de esas acciones, va más allá de la misma acción. Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, refiriéndose a los sacramentos, decía que no es únicamente lo que hacemos, sino que está también lo que sucede en el significado de lo que hacemos. Cuando uno se concentra solo en el hacer de los sacramentos, pues son como recetas, algoritmos, protocolos, haz esto, después haces esto, después mueves esto para acá, después lees esto, después haces esto.

¿Dónde queda la alegría ahí? A menos, a menos que esos rituales sean expresión del bien que tú has recibido del Evangelio, de la alegría que tú has encontrado en el Evangelio, de la unción del Evangelio que ha llegado a tu vida y te ha cambiado. Si ha llegado a ti esa unción, ah ya eso es otra cosa. Si ha llegado a ti esa alegría, que es de lo que nos habla el Evangelio de hoy, es decir, ha llegado a ti esa perla preciosa, se ha encontrado ese terreno maravilloso y tú dices: Esto es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Me estoy acordando del testimonio de un joven sacerdote, hablaba con un amor de su vocación y decía: Esto es lo mejor que me ha pasado. Es que tú podías ver en su rostro la alegría que tenía este hombre, es lo mejor que me ha pasado. O como dice un salmo: «Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad». Si tú tienes esa experiencia de saberte amado, de saberte bendecido, si tú te sientes pleno, gozoso, como decía Santa Catalina de Siena: Es que tú me haces enloquecer, le decía a Jesús.

Si tú sientes eso, los rituales tienen sentido, la liturgia tiene sentido, el portarse bien tiene sentido, el impacto social tiene sentido. Las ideas tienen no solo la armonía del intelecto, sino la belleza del espíritu. Entonces todo el mensaje es ¿conocemos esa alegría? Tú puedes ubicar en tu historia, en la tuya, en la tuya, tú puedes identificar el momento en el que tú sentiste: Esto, esto es, esto es lo máximo, es que esto lo cambia todo. Es que, si Cristo es así, si Cristo me ama así, esto es lo más maravilloso. Si tú puedes ubicar ese pensamiento en tu historia, me estás entendiendo perfectamente.

Si no lo puedes ubicar, si lo que te estoy diciendo simplemente te deja así, sobándote la barbilla y pensando: A ver ¿cuándo fue? Si no, pues si el evangelio ha sido importante en mi vida, el evangelio ha sido clave en mi vida. Yo he aprendido a seguir las normas, yo he aprendido a hacer las cosas. No, así no es. Esa chispa de la que vendrá el incendio del amor de Dios en tu corazón, eso no se puede suplantar, eso no se puede cambiar por otra cosa.

Y es necesario volver una y otra vez a la sencillez de las palabras de Cristo cuando dice: Un comerciante en perlas finas encontró una de grandísimo valor y dijo, ahora si vendo todo y consigo esta perla. Eso, eso hay que vivirlo. Y si no lo hemos vivido, hay que suplicarlo, porque Cristo nos dijo que podíamos tocar a la puerta y se abriría. Si nos falta experimentar esa alegría, toquemos a la puerta de la compasión divina, la puerta se abrirá y tendremos la hermosa experiencia de ser amados y, por lo tanto, la capacidad de amar también a nuestros hermanos.

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