Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El rostro radiante de Moisés es la descripción de lo que hace la oración especialmente en tiempos de dificultad.

Homilía i173005a, predicada en 20210727, con 7 min. y 44 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, cuando escuchamos los textos de la Biblia, a veces podemos pensar que se trata de historias antiguas y distantes. Sin embargo, Dios en su bondad, muchas veces le permite a uno descubrir que su Palabra no solo se cumplió, sino que se sigue cumpliendo. Y yo quiero relacionar especialmente la primera lectura que fue del libro del Éxodo, quiero relacionarla con la experiencia que yo tuve con esta amiga, nuestra mujer de oración, nuestra querida Carola.

Sabemos que ella tuvo que atravesar un largo desierto como Moisés, desierto de soledad y de enfermedad prolongada y dolorosa. Tuve ocasión de visitarla varias veces en los últimos meses de su vida. Y lo que se dice aquí de Moisés, yo lo pude experimentar. Pude ver que en su rostro demacrado por la enfermedad, había, sin embargo, luz. Cuando se le muere a uno una persona y a mí se me ha muerto tanta gente, uno siempre queda con una foto del último encuentro, de los últimos encuentros que tuvo.

La foto que tiene mi corazón fue de una de esas últimas visitas, estaba ella en la tienda del encuentro, como dice la lectura bíblica, porque la tienda de su encuentro con Dios era su enfermedad, era su habitación, pero sobre todo era su oración. Entonces, yo visité a Carola en la tienda del encuentro y efectivamente, lo que había en ella no era lamento, amargura, queja que serían explicables por los dolores y privaciones que trae la enfermedad. Al verme, me reconoció, su rostro se iluminó, como dice la Palabra de Dios, me sonrió con gusto, me preguntó cómo estaba. Eso es lo que hace la oración, mis hermanos, eso es lo que hace la oración.

La oración no te va a quitar los problemas, pero te enseña a mirarlos de otro modo. Dos personas que tengan la misma situación o el mismo dolor, lo vivirán de dos maneras completamente distintas, si uno de ellos tiene el camino de la oración y otro no. En el caso de Carola, todos ustedes lo saben, la oración fue su bastón, su camino, su alimento, la respiración de su alma. Y uno se da cuenta que eso tiene un efecto. Cualquier persona podría decir: Bueno, pero ¿para qué sirve la oración? A quien me pregunte eso, yo le contaré la historia de Carola, para eso sirve la oración.

Y por eso, no es extraño que cuando un país se aparta de la oración, entonces lo único que tienen para proponerle al enfermo es, matémoslo. Que es la desgracia que ha traído sobre nuestro país la Corte Constitucional promoviendo, empujando, ampliando la eutanasia. No contentos con las causales que ya había por enfermedad terminal, ahora más amplio. Eso es lo que ellos quieren, ampliar, que esté bien ancha la puerta para el abismo. Pero ya Jesús nos advirtió, nuestro camino es distinto, nuestro camino no es el de la puerta ancha, es el de la puerta angosta.

Y hay otro pensamiento que quiero dejarles antes de despedirnos de este precioso texto del Éxodo. A mí me parece tierno que Moisés iba a esa tienda, la tienda del encuentro. Pero nos dice el texto que Moisés iba a la tienda grande, o sea, ese lugar del encuentro con Dios. Y luego dice: Y cada uno iba a su propia tienda. Como quien dice, estaba la casa grande. Yo pienso, por ejemplo, que en este templo, dicho sea de paso, yo conocí esta parroquia prácticamente desde sus comienzos, porque un hermano mío vivió hace mucho tiempo por aquí cerca, era una parroquia chiquita, bajita. Me alegra mucho poder volver y ver esto que veo.

Esta es la casa grande, la casa grande de Dios, pero cada uno de nosotros tiene también una casa, la casa chiquita. Y fíjate lo que nos dice la Biblia, que Moisés, haciendo un oficio profético y sacerdotal, iba a la casa grande, pero cada uno está llamado a hacer de su casa chiquita, casa de encuentro con Dios. Y fíjate que no tengo que forzar nada para volver a recordar a Carola. Realmente Carola hizo de su casa, de su casa chiquita. Bueno, de hecho, tuvo varias casas, yo le conocí varias casas, era así como un poquito nómada la señora. Pero en la última que le conocí, ella iba volviendo a sus casas, las iba volviendo templos, prácticamente solo faltaba el sagrario, porque tenía todo ahí.

Y a mí eso me llama la atención, nuestras casas tienen que volverse casas de oración, porque lo que le pasó a Carola, me va a pasar a mí, te va a pasar a ti, es que todos vamos para allá, es que este es el camino de todos. Entonces, lo que uno ve es que esa fue una señora sabia, que se dio cuenta lo que decía la oración del comienzo de la misa. Hay que usar el mundo presente, pero pensando en el Eterno, porque de aquí nos vamos todos. Todos nos vamos y no nos llevamos nada de este mundo. Decía San Francisco de Asís: Dejas lo que tienes y te llevas lo que hayas dado.

Entonces, toca pensar en la eternidad y tenemos que hacer de nuestras casas, casas de oración, de encuentro con Dios, que sean lugares de paz, de acogida, de misericordia y, sobre todo, de oración. Así nos lo conceda el Señor. Amén.

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