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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Todo aquel que brille está llamado a trasmitir la voluntad de Dios. Utiliza tus cualidades y liderazgo para atraer a otros al querer de Dios, para que se encuentren con Él, para que encuentren su ruta en esta vida.
Homilía i173004a, predicada en 20210728, con 6 min. y 35 seg. 
Transcripción:
La primera lectura nos muestra que había algo de Dios, algo auténticamente divino en Moisés, particularmente cuando salía de la oración. Yo creo que eso es precioso y creo que es un mensaje muy para nosotros. Si estás con Dios, algo de Dios se refleja en ti. Es como cuando una persona va a un concierto y cuando sale, de algún modo, lleva esa música, incluso la recuerda, la está tarareando, silbando, entonando. Algo de Dios, acércate a su música y tendrás algo de la música del Señor en ti, algo de Dios en ti.
Moisés llevaba ese reflejo de Dios que estaba en su rostro, era algo de lo que él no era consciente, los otros sí. Esto también es una enseñanza para nosotros, porque nos habla de la humildad de Moisés y nos habla también de cómo ese brillo que Dios nos da no es para nosotros mismos, sino para los demás. Si Dios te ha concedido brillar, es para el bien de otros. Si tú brillas porque eres inteligente, porque eres exitoso, porque eres hermoso, porque eres amable y tienes muchos amigos, si algo te hace brillar, tú piensa que todo tu brillo viene de Dios, y que todo tu brillo es para los demás.
Y todavía hay otra enseñanza que yo creo que debemos tomar aquí. Y es que Moisés cuando se da cuenta que la gente se retira por este brillo, los llama, los llama y se acercan, primero se acercan los jefes y después se acerca todo el pueblo. Y ¿qué hace Moisés? Convierte ese brillo, lo convierte en palabras de alianza: Les voy a contar lo que me ha dicho el Señor. Es decir, Moisés, que ha sido testigo, que recibe la luz de Dios, se convierte en testigo que da testimonio de esa luz de Dios. Recordemos que la palabra testigo tiene esos dos, esos dos significados, esas dos dimensiones.
El testigo de un accidente es el que lo vio y precisamente porque lo vio, puede dar testimonio, puede contar lo que sucedió allí. Entonces Moisés, que ha sido testigo de la grandeza y belleza de Dios, lo cuenta. Y cuenta entonces, a los israelitas el querer de Dios. Eso quiere decir que, si nosotros tenemos algún liderazgo, te repito, pregúntate ¿por qué brillas tú? Porque seguramente brillas para alguien. Mira, a veces uno piensa: No, pero ¿a quién le importa mi vida?
Me acuerdo un señor de un grupo de oración, iba a decir un muchacho porque era un hombre joven, de un grupo de oración y él tenía un trabajo muy humilde, él trabajaba en esto de la construcción. Y entonces, me decía una vez: Pues yo quisiera, yo quisiera ser así como es el padrecito, y quisiera hablar y quisiera ser líder, pero, pero yo, yo ¿qué líder voy a hacer? Yo no tengo estudios, yo no tengo ni facilidad de palabra. Y entonces, nos ponemos a hablar y le pregunto: Y ¿tú eres casado? Y me dice: Sí, sí, soy casado. Y tu esposa te ama. Sí, sí, es muy buena mujer, ella es muy linda conmigo. Nos queremos mucho.
Y tú has caído en cuenta que tú tienes un deber para con ella de llevarla a una vida mejor cada vez y más santa. Ah, yo no había pensado eso. San Pablo dice: Tú eres cabeza de la familia. Y eso no es para gritar, ni para que me sirvan de primero la comida, eso es para guiar. Ah, yo no sabía. Entonces, yo soy líder. Sí, tú eres líder. Y ¿tienes hijos? Sí, me dice, tengo tres hijos. El mayor tiene diez años y luego sigue otro como de seis o siete, y luego una pequeñita que tiene tres años. Y le pregunto: Y ¿cómo es esa niña, la de los tres años, cómo es contigo? Ah, ella me mira como si yo fuera un superhéroe, ella me mira como si yo fuera Superman. Tú brillas para ellos.
Entonces, todo aquel que brille, y todos brillamos para alguien, todo aquel que brille está llamado a transmitir la voluntad de Dios. Utiliza tus cualidades, utiliza tu liderazgo, utiliza tu brillo para traer a otros al querer de Dios. Y hay un último mensaje que quiero compartir. En el capítulo tercero del libro del Éxodo se nos contaba de la vocación de Moisés y recuerdas cómo fue la vocación, ¿recuerdas? Sí te acuerdas. Una zarza, una zarza que ardía y no se consumía, una zarza que brillaba, pero no se destruía.
Ahora Moisés se volvió la zarza, de contemplar el misterio de Dios, Moisés se volvió zarza de Dios. Y tú y yo, mi hermano, tú y yo, estamos llamados a ser zarza de Dios, para que otros se encuentren con Él, para que otros encuentren su ruta en esta vida. Piensa lo hermoso que es eso. Soy zarza de Dios. Amén.

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