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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Evangelio nos invita a reconocer lo realmente valioso y a entregar todo por ello. Lo contrario hizo Esaú, que por un plato de lentejas perdió para siempre su primogenitura.
Homilía i173002a, predicada en 20110727, con 4 min. y 20 seg. 
Transcripción:
Hay una historia que aprendimos de niños en el catecismo o en nuestros primeros encuentros con la Biblia, es la historia de dos hermanos, Esaú y Jacob. Esaú era el primogénito y era el que, según la costumbre de la época, tenía derecho a heredar la bendición, a eso se le llamaba la primogenitura. El otro hermano, Jacob, era el menor, pero Esaú perdió la primogenitura. Jacob, de una manera astuta, convence a Esaú a que entregue sus derechos de primogénito por un plato de lentejas. Esto sucedió un día en que obviamente Esaú estaba muy hambriento.
Y esa expresión y ese plato de lentejas nos recuerdan que muchas veces podemos perder lo que es realmente valioso por cosas que no tienen tanto precio. El Evangelio de hoy, tomado de San Mateo capítulo 13, nos pone en la situación contraria. Es decir, se trata aquí de aquel que descubre un verdadero tesoro, como el que descubre ese tesoro en el campo y vende todo para adquirir ese campo, como el mercader de perlas finas que al encontrar una de gran valor vende todo lo que tiene para hacerse con esa perla.
En este tipo de ejemplos, Jesús nos está enseñando cómo hay gente que descubre lo realmente valioso y lo valioso es el Reino de Dios. Y al descubrirlo, todo lo demás pasa a segundo plano. Fíjate qué contraste tan interesante entre Esaú, que pierde lo valioso, su primogenitura, por lo inmediato, un plato de lentejas. Mientras que en el Evangelio se pierde todo lo demás con tal de ganar lo que realmente vale la pena, lo que merece la pena, el Reino de Dios. Y esto puede servir de ocasión para que nos preguntemos qué tanto apreciamos lo realmente valioso, cuidamos nuestra fe o la ponemos en peligro, un peligro innecesario.
Cuando una persona, por ejemplo, sin mayor formación o preparación en su fe, se pone a oír discursos de otras religiones, se pone a jugar con el budismo, con la meditación o se pone a escuchar predicadores de sectas protestantes, está arriesgando una fe que es tenue, que es raquítica. Así que la enseñanza es, valoremos lo que realmente tiene valor, o sea, démosle su justo valor a cada cosa. ¿La Eucaristía es valiosa para ti? Un amigo mío, médico, estuvo un tiempo en un país comunista. La iglesia más cercana le quedaba a cerca de 500 kilómetros y entonces valoró la misa.
¿Les da su valor a la Eucaristía, le das el valor a la confesión, le das el valor a tu fe y, sobre todo, sabes lo valioso que eres para Dios? Vales precio de la sangre de Cristo, jamás lo olvides.

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