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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Estamos llamados a vivir en gratitud a Dios, superando la nostalgia del pecado y evitando juzgar las intenciones ajenas.
Homilía i163010a, predicada en 20250723, con 7 min. y 21 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del libro del Éxodo, en el capítulo número 16, cuando ya los israelitas van de camino por el desierto, después de haber salido de Egipto. Y resulta que, en ese momento, los israelitas se volvieron protestantes o, mejor dicho, empezaron a protestar contra Dios y contra Moisés. La verdad es que los primeros libros de la Biblia nos presentan con absoluta franqueza toda esa indisposición, toda esa rebeldía que tuvieron los israelitas en muchas ocasiones. Y esto que leemos en el capítulo 16 del Éxodo, es una de las primeras muestras de esa actitud que ellos tienen.
Pero como nosotros estamos hechos del mismo barro que aquellos israelitas y como nosotros, empezando por este servidor, somos pecadores, pues ciertamente podemos aprender mucho mirando en qué consistió el pecado de ellos. Y nos vamos a dar cuenta que las protestas de estos israelitas protestantes, pues básicamente consisten en tres cosas. Primero, ingratitud que consiste en no reconocer el bien que Dios ha hecho. Segundo, nostalgia de los bienes del pecado que se expresa en aquello de, volvámonos a Egipto.
Y tercero, ellos pretenden juzgar la intención de Moisés, por no decir el propósito mismo de Dios: Ustedes nos han traído aquí para que nos muramos de hambre en el desierto. O sea, ellos están hablando como si conocieran cuál es la intención de Moisés, y, en el fondo, como si conocieran la intención de Dios, es lo que en teología moral y en teología espiritual se suele llamar juzgar la intención. Entonces, tres son los errores que ellos han cometido. Y creo que nosotros, repito, empezando por mí, también los hemos cometido muchas veces.
Primero, ingratitud, no apreciamos lo que hemos recibido de Dios, no lo agradecemos, no le damos a Él la gloria, la alabanza y el amor que merece, ingratitud. Segundo, esa memoria podrida. Llamamos memoria podrida al recuerdo del placer unido al pecado. Piensa, por ejemplo, una persona que con mucho esfuerzo ha dejado un vicio, por decir algo, el vicio de la droga. Pero luego, se pone a recordar y a saborear de alguna manera, allá en el interior de su corazón, lo bien que se sentía, el placer que tenía cuando se drogaba o cuando estaba con sus amigos, o cuando iba a los prostíbulos o cuando se emborrachaba.
El recuerdo nostálgico del pecado no es otra cosa sino ir donde el demonio a reclamarle las cadenas para que nos vuelva a encadenar. Y eso lo cometieron aquellos israelitas y eso lo cometemos también nosotros. La Biblia tiene expresiones muy duras para referirse a esos retrocesos en la conversión. La expresión que utiliza la Biblia es: Vuelve el perro a su vómito. Discúlpame, sé que es una imagen muy fuerte, pero no es mía, es de la Biblia, y está mostrando lo que nosotros hacemos cuando tenemos nostalgia de los bienes del pecado.
Qué bien que me sentía cuando pecaba, qué se yo, en la comida o en el sexo, o en el dinero mal habido o en el poder humillando a otras personas. ¿Qué es eso? Eso es volverse uno al diablo para decirle: Ponme otra vez las cadenas. Y el tercer defecto que ellos cometieron es que pretenden juzgar la intención. Es decir, ellos pretenden, pretenden que conocen lo que Dios quiere y, por supuesto, ponen en Dios la peor de las intenciones. Fíjate que cuando nos metemos a juzgar las intenciones, ya está muy mal que lo hagamos con las personas, pero mucho peor si lo hacemos con Dios mismo, terminamos calumniando.
En el capítulo tercero del libro del Génesis, cuando se cuenta el pecado de nuestros primeros padres, sabemos que quien, quien empuja hacia el pecado, es esta serpiente, que no es otra, sino el diablo, Satanás. Y fíjate cómo la serpiente empieza por una calumnia: Es verdad que no podéis comer de ninguno de los árboles del jardín. Imagínate esa palabra, es decir, ¿qué se está presentando como imagen o como intención de Dios al hablar de esa manera, qué es lo que se está presentando?
Pues lo que se está presentando es un Dios que tortura a su criatura el hombre, poniéndolo en un lugar delicioso, solo para que mire y sufra porque no puede comer nada, es un torturador. Es decir, el primero que pretende juzgar la intención, el primero que termina entonces calumniando, es el demonio mismo. Y nosotros nos volvemos discípulos del demonio cuando pretendemos juzgar la intención de otras personas y, sobre todo, la de Dios. Por eso, grandes santos como San Ignacio de Loyola nos invitan siempre a tratar de salvar la intención.
Incluso cuando vemos que abiertamente una persona ha cometido un error, pues por una parte está la debilidad que todos padecemos, por otra parte está la ignorancia y por otra parte está el error. Y esas tres capas son tres capas de misericordia que nos ayudan a salvar la intención de la otra persona, porque no vas a sacar nada con condenar en tu corazón la intención de otro. Si estos israelitas cayeron en esos defectos que repito, muchos hemos repetido tantas veces, pues ahora somos invitados por el Señor para salir de nuestros pecados.
Hay que evitar esa ingratitud, agradeciendo a Dios y bendiciendo por todos los bienes que nos da todos los días. Hay que vencer esa nostalgia del pecado recordando cuál es el precio del pecado, Según la expresión de San Pablo: El salario del pecado es la muerte. Y tenemos que vencer esa pretensión de juzgar la intención, con una actitud que con mucha humildad y con bastante caridad dice: Hay muchas cosas que tal vez no entiendo, pero no voy a dejarme llevar simplemente por cualquier pasión, ni voy a pretender que yo soy juez de todos.
Aprendamos, aprendamos de estos que son como padres nuestros, como hermanos mayores nuestros en la fe, me refiero al pueblo de Israel, aprendamos de ellos y mientras seguimos orando por ellos, para que tengan un encuentro pleno con Jesucristo como Mesías, pues nosotros a enmendarnos. Amén.

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