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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Lecciones de un episodio de murmuración y rebeldía

Homilía i163008a, predicada en 20190724, con 25 min. y 29 seg.

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Transcripción:

También hoy les invito a que dirijamos nuestra atención a la primera lectura, está tomada del libro del Éxodo y nos encontramos con las murmuraciones de los israelitas. ¿Qué es lo que sucede? Que tienen hambre y el hambre los volvió protestantes. Bueno, quiero decir, hizo que protestaran. Apliquemos este texto a nuestra vida, démonos cuenta de cómo cuando la victoria sobre los egipcios, todo el pueblo aclamaba a Dios, todo el pueblo celebraba a Moisés. Cuando llega este momento de dificultad en el desierto de Sin, todo el pueblo murmura contra Dios, todo el pueblo ataca a Moisés.

Primera lección, no le crea a todo el pueblo. Decía un predicador, Fray Luis de Granada, la opinión pública es un monstruo de cien cabezas y de continuo tiene otra voz y tiene otro rostro. Es muy importante que nosotros, como servidores del Evangelio, como discípulos de Cristo, no dependamos de algo tan variable como la opinión pública. En ocasiones somos exaltados, en ocasiones somos calumniados. Hay oportunidades en que parece que todo el mundo nos quiere y en otras ocasiones parece que todo el mundo nos odia.

Es importante para toda persona pública y, en particular, para el sacerdote, es muy importante que las aclamaciones no lo vuelvan vanidoso y que los ataques no lo vuelvan depresivo, amargado o resentido. Lejos de nosotros la pedantería, la arrogancia o la vanidad, lejos de nosotros la melancolía, la depresión o la amargura. Sabiendo lo que somos ante Dios, pecadores redimidos, llamados a su servicio y al servicio de nuestros hermanos, mantenemos nuestra mirada en los verdaderos líderes, ante todo en nuestro Señor Jesucristo.

¿Cuánto tiempo pasó entre las aclamaciones del Mar Rojo y los insultos del desierto del Sin? Según nos dice esta lectura, que es del capítulo 16 del Éxodo, habían pasado escasamente 30 días. En un mes, Moisés pasó de ser el gran héroe a ser considerado lo peor. Pero sigamos nuestra lectura: La comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón y dijeron: «Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto». Fíjate el nivel de queja de esta gente, lo que ellos están diciendo es, lo que estamos viviendo es peor que la muerte, eso es lo que están diciendo. Evidentemente exageran, pero esa es la expresión que utilizan.

Segunda enseñanza para nosotros, no solamente la opinión pública es muy variable, sino que suele exagerar. Exagera en los elogios cuando nos creen demasiado santos o cuando hablan en ese tono de otra persona, muy a menudo exageran en su manera de calumniar, en su manera de difamar. Hemos de tener un centinela a la puerta de nuestra boca, dice el Salmo, pero también hay que poner centinelas en los oídos. Y cuando escuchemos que se habla mal de alguien, sobre todo, cuando se habla mal de algún sacerdote, tengamos en cuenta este pasaje del capítulo 16 del Éxodo, cómo hay tantas exageraciones.

Por eso, hay que saber bajarle el volumen a muchas de las cosas que uno oye. Quizás el santo no es tan santo y quizás ese pecador pervertido no es exactamente como nos lo cuentan. Pero lo que más me llama la atención de la queja de esta gente es la comparación que ellos hacen: «Ojalá hubiéramos muerto en Egipto cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos». Es decir, a un mes o cosa parecida de haber salido de Egipto, tienen nostalgia de Egipto, de lo cual podemos aprender dos cosas. Primera, la inteligencia del faraón. Segunda, las tentaciones de retroceso que también nos llegan a nosotros.

Hablemos de la inteligencia del faraón, como ya comentábamos en alguna de las predicaciones de estos días, en Éxodo capítulo 3, el Señor Yahvé le habla a Moisés y le dice: «He escuchado el lamento de mi pueblo». Según la versión del capítulo tres del capítulo tercero del Éxodo, los israelitas estaban siendo duramente oprimidos, esclavizados. Pero, según esta versión del capítulo 16 del Éxodo, ellos recuerdan la olla de carne y cómo podían comer pan hasta hartarse. Son como inconciliables esas dos versiones, ¿al fin eran maltratados o eran mimados?

Y la respuesta asombrosa es que parece que eran las dos cosas. Porque un tirano inteligente, como eran inteligentes los faraones, sabe que debe aprovechar esa fuerza de los esclavos y por eso los oprime. Pero, también tiene que evitar hasta donde sea posible la rebeldía, hay que contentarlos y por eso, de tanto en tanto, olla de carne y pan hasta saciarse. Esta estrategia del faraón no es singular, no es única, es más bien frecuente. Es sabido, por ejemplo, que en el Imperio romano había toda una casta que gobernaba, visiblemente esa casta era el Senado.

Las antiguas familias, las podemos llamar aristocráticas, tenían el poder real. Estamos hablando del tiempo de la República en Roma. Cuando las cosas se ponían difíciles y cuando el pueblo reclamaba, coincidencialmente llegaban barcos, usualmente del norte de África, donde estaban los grandes cultivos de trigo en aquella época, y traían gran cantidad de trigo. Y ese trigo era regalado a la multitud. Comer pan hasta saciarse, como dice el texto del Éxodo. Entonces, la gente protestaba contra el gobierno y, de repente, aparecían estos barcos que llegaban al puerto de Ostia, el puerto de siempre de la ciudad de Roma.

Y de ahí, se distribuía en abundancia, cargas de trigo para toda la gente. ¿Cuánto le cabe a un barco? Todo eso para la gente. Traiga el otro barco. Y además, los mantenían distraídos. Así, por ejemplo, en lo peor de su popularidad, dado sus trastornos mentales y psiquiátricos, el emperador Calígula organizaba juegos en el circo. Por eso, existe esa expresión en latín «panem et circenses», es decir, pan y circo, y así se tiene tranquilo al pueblo. Siguen mandando los que estaban mandando, sigue la injusticia.

La gran injusticia en Roma era la distribución de las tierras y los que lucharon contra esa injusticia fueron especialmente dos hermanos llamados los Gracos, ambos fueron asesinados. De manera que la injusticia sigue, la opresión sigue, pero la gente quedó contenta. Parece que lo que el faraón hacía era algo parecido, es decir, se aprovechaba agresivamente de sus esclavos israelitas, pero, de vez en cuando, se le tira un caramelo al pueblo, de vez en cuando se le tira una salchicha al perro, de vez en cuando se lleva un barco al puerto de Ostia cargado de trigo. Y ahí se mantiene contenta a la gente. Esa estrategia se llama pan y circo.

Y el nombre de ese método de gobierno es esclavos felices. Si no tienes esclavos, no estás disfrutando todo lo que podrías el poder. Pero si tienes esclavos amargados, tienes una rebelión en curso. Entonces, es necesario tener esclavos, pero esclavos felices. Y ahora vamos a nuestro tiempo. En nuestra época ¿también funciona lo de los esclavos felices? Clarísimo cuál crees que es la explicación que hay para esa desgracia que ha vivido este país Colombia, con la aprobación de la Corte Constitucional para que se consuman sustancias psicoactivas en lugares públicos, bajo la disculpa estúpida del libre desarrollo de la personalidad.

Eso ¿para qué es? Para qué tenemos tantos caminos de vicio abiertos para todos, alcohol, droga, juego, prostitución, pornografía, libertinaje sexual en todas sus expresiones. ¿Por qué es tan útil presentarse como un abanderado de la revolución sexual, por qué es tan útil eso? Porque cuanto más tengas a tu gente atrapada por sus placeres, por sus vicios, por sus adicciones, por su olla de carne y por su barriga templada de comer pan, menos problemas tienes, nada más fácil de gobernar que los adictos.

El adicto es un ser humano que nos causa lástima, pero para un gobernante tiránico como el faraón, tener la gente contenta y aplacada es el mejor negocio. Por eso, las adicciones son tan útiles. Una gran parte del libertinaje sexual que vemos actualmente es parte de un programa que trasciende fronteras, algunos lo llamamos Nuevo Orden Mundial. Eso no significa necesariamente que haya un gobierno específico que se esté reuniendo en una ciudad, más bien diríamos que es un estado de cosas que se está reproduciendo en todo el mundo. Por eso lo llamamos Orden Mundial, aunque es un gran desorden.

Entonces, es muy importante que nosotros, como servidores de la Iglesia de Cristo y nosotros como servidores de nuestros hermanos, hagamos conciencia nosotros mismos y llevemos a la gente a que tome conciencia de cómo los están emborrachando, drogando de cómo los están volviendo adictos, porque nada más fácil de gobernar que un adicto. Una vez que una persona tiene su mente concentrada en la pornografía, es muy fácil de gobernar, porque el adicto a la pornografía, el adicto a la marihuana, lo tienes contento con su dosis, le das la dosis y tú te conviertes no solamente en su gobernante, sino prácticamente en su dueño.

De modo que este pasaje es clave para darnos cuenta cuál es la estrategia de los tiranos. Y en el momento de dificultad y en el momento del hambre aquellos israelitas no se acuerdan de los maltratos del faraón, sino de las ollas de carne. Es una manera de encadenar, encadenar el cuerpo por el placer que experimenta, pero sobre todo encadenar la mente, encadenar el alma. Nos han sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad, esa es la conclusión que ellos sacan, esto es lo que se llama juzgar la intención.

Y eso es lo que hace la multitud de Israel en el desierto, ellos juzgan la intención de Moisés y de Aarón, con lo cual tenemos otra enseñanza para nosotros. Pero antes de esa enseñanza no me puedo olvidar de lo que antes dije. No solo hay que mirar al faraón, sino hay que mirar la tentación del retroceso. Un mecanismo psicológico que tenemos los seres humanos es que tratamos de olvidar lo desagradable. Es entendible eso, el primero que analiza este fenómeno es San Agustín. San Agustín habla de cómo uno procura olvidarse de lo desagradable.

Y cuando uno se olvida de lo desagradable, entonces uno empieza a idealizar el pasado, porque si en el pasado me sucedieron 100 cosas, estoy diciendo una cifra caprichosa. Y de esas 100 cosas, 50 eran desagradables y 50 agradables, y yo empiezo a olvidar las 50 desagradables, entonces el pasado se me va idealizando. Esto es lo que le sucede a esta gente, ellos idealizan el pasado, ellos idealizan, no se acuerdan de lo desagradable, solo se acuerdan de lo agradable. De esa manera nos ataca el demonio también a nosotros.

Santo Tomás de Aquino, en su tratado sobre los ángeles, habla sobre la manera como los ángeles pueden influir en nosotros, los seres humanos, tanto los ángeles buenos ángeles de Dios, como los ángeles caídos, los demonios. Y la opinión de Santo Tomás, que por una buena razón es llamado el doctor angélico, es que los demonios, para hablar en concreto de los demonios, obran en nosotros fundamentalmente a través de la imaginación y de la memoria. El principal ataque del demonio no son los maleficios, ni las brujerías, ni los encantamientos, ni los sortilegios ni las posesiones, aunque esas cosas también existen.

Pero el principal ataque del demonio no va por ese lado, el principal ataque del demonio va por el lado de la imaginación y la memoria. Y eso se nota aquí, en lo de la memoria. Cuando uno empieza a idealizar el pasado, entonces uno empieza a sentir nostalgia. Y eso le puede suceder a uno de seminarista o de sacerdote, le puede suceder eso, que uno empieza a recordar cómo era aquella vida, pero a uno se le olvida lo desagradable, a uno se le olvida el vacío existencial que tenía, a uno se le olvida a los amigos que le traicionaron, uno se le olvida el desplante que le hizo a aquella amiga o aquella novia, todo eso se le olvida.

Y en cambio, uno empieza a recordar las cosas que son gratas y eso crea una fuerza de succión que nos jala, que nos conduce hacia el pasado. Por eso, uno tiene que entregarle a Dios, yo digo todos los días, uno tiene que entregarle todos los días a Dios su imaginación y su memoria. Hoy el tiempo no nos da para hablar de la imaginación, pero estamos hablando de la memoria. Uno tiene que entregarle a Dios la imaginación y la memoria, porque por ese lado es por donde seremos atacados. Las fantasías de nuestra imaginación y la nostalgia de nuestra memoria nos desestabilizan.

El demonio no puede reemplazar nuestra voluntad. Un caso excepcional es la posesión diabólica, que no es tema en este momento. Pero el demonio no reemplaza nuestra voluntad, el demonio lo que hace es presentar una y otra vez a nuestra imaginación o a nuestra memoria aquello que sabe, que puede sacudirnos, que puede conmovernos. Y eso fue lo que le sucedió aquí a la multitud. Entonces, es muy importante, sobre todo cuando uno está en situación de cierta crisis vocacional, de cierta inseguridad, es muy importante hacer oraciones pidiéndole a Dios, pidiéndole a Dios que cuide la imaginación y la memoria de uno.

Porque lo que uno imagina, temiéndolo o deseándolo, lo que uno recuerda, con nostalgia o con deseo también, eso tiene poder sobre uno. Es muy importante entonces, cuidar la imaginación y la memoria. Y como nos han enseñado todos nuestros directores espirituales, esto incluye el uso de los sentidos. Si utilizo mal mis sentidos, estoy abriendo más y más puertas para que la imaginación se llene de quién sabe qué porquerías, hay que tener cuidado con eso. Pero ahora sí, sigamos con lo que dice aquí: Nos han sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad.

Esto se llama juzgar la intención, juzgar la intención es también un acto de la imaginación. Yo supongo, yo supongo que me dijeron esto por esto, yo supongo que me mandaron a esta parroquia en mi tiempo pastoral por esta razón. Yo supongo que no me dejaron trabajar con esta persona por eso. Las suposiciones, nunca olvidemos esto, amados hermanos, las suposiciones son obra de mi imaginación y la mayor parte de las veces no tienen sustento en la realidad. Yo me imagino que tal padre está bravo conmigo porque no me ha saludado tres veces.

Y resulta que la razón por la que él está abstraído y no me ha saludado a mí, no ha saludado a otras personas, es porque tiene a la mamá en cuidados intensivos, y casi no ve lo que tiene a su alrededor, él no está peleado con nadie, tiene el drama de su mamá que se le está muriendo. Y yo supuse, yo imaginé, yo juzgué la intención, es una pérdida de tiempo y nos hace muchísimo daño, cuidado con juzgar la intención. Sobre todo que, si cuando uno está pequeñito en la vida sacerdotal, si cuando uno está empezando en la vida sacerdotal se acostumbra a juzgar la intención, esas mañas no se quitan fácilmente.

Y esas mañas luego siguen en la vida sacerdotal y entonces nos volvemos sacerdotes suspicaces que todo el tiempo están viendo un doble juego, una doble intención, y están conectando piezas que muchas veces solo existen en sus cabezas. Y esto destruye la unidad de un trabajo arquidiocesano y esto destruye, en una comunidad religiosa se los dice alguien que lo ha visto de cerca, esto destruye la unidad de la vida religiosa. Porque en cuanto la gente empieza a suponer, el provincial está haciendo esto porque ya le dijeron esto después de la reunión que hicieron, porque yo supongo que, ahí se destruye la unidad de la vida religiosa, se destruye la unidad de la comunidad.

Pero la providencia de Dios es más grande, no deja morir a su pueblo y lo alimenta con el maná. Y ahí terminamos. Entonces, repasemos las enseñanzas. Primera enseñanza, no le crea a la opinión pública porque es variable. Segunda enseñanza, acostúmbrese a bajarle el volumen a los elogios o críticas que oiga que unas personas hacen sobre otras. Tercera enseñanza, la inteligencia del faraón. Es muy importante esto para nuestra labor pastoral, hay que saber, saberlo nosotros y hay que saber transmitirlo a la gente. Nos quieren drogados, nos quieren atontados, nos quieren adictos, porque ese es un mecanismo de dominación.

Cuarta enseñanza, cuidado con la idealización del pasado, porque en la memoria trabaja hábilmente el enemigo del alma. Quinta enseñanza, cuidado con juzgar la intención. Es una mala costumbre que se adquiere en el seminario y que para algunos sacerdotes se ha convertido en un daño, una especie de cáncer que hace que sospechen de todo. Sexta enseñanza, a pesar de toda esta miseria del barro humano, la providencia de Dios es más grande y más fuerte. Y por supuesto, séptima enseñanza, no nos olvidemos que esa providencia es la misma que nos sigue dando la absolución sacramental, y es la misma que nos sigue dando el verdadero pan del cielo en la Eucaristía.

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