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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Faraón había comprado la pasividad de los israelitas con abundante comida; Dios rompe esa estrategia dándoles pan del cielo.
Homilía i163005a, predicada en 20130724, con 4 min. y 50 seg. 
Transcripción:
El pensador y filósofo Carlos Marx creía firmemente que la economía es el gran determinante de todas las relaciones dentro de una sociedad. Él consideraba que la estructura económica es la que hace que la gente piense lo que piensa, es lo que hace que la gente obre como obra, es lo que determina los gustos, incluso las opciones que pueden parecer filosóficas o artísticas tienen que ver y dependen de la economía. Esa importancia tan grande de todo lo material y de lo económico quizás es una exageración, o podemos decir con certeza que es una exageración.
De hecho, ha habido otros pensadores que han tenido otro tipo de exageraciones. Sigmund Freud, el fundador del psicoanálisis, creía que el desarrollo psicosexual de los primeros años de la vida humana era el que determinaba prácticamente todo. Entonces, si para Marx el gran determinante es la economía, pues en cambio para Freud el gran determinante es el desarrollo sexual, sobre todo en los primeros años. Otros, en cambio, han pensado que el gran determinante es el poder o el prestigio o el ser tenido en cuenta.
Lo más probable es que la vida humana dependa de todos estos factores que hemos dicho y muchos más. No cabe duda de que lo económico tiene una enorme importancia en el desarrollo de una sociedad, no cabe duda tampoco de que lo afectivo y lo sexual tienen un impacto en la vida personal y por ende, también en la vida social. Pero quizás es más sano decir que todas estas fuerzas concurren de distinto modo y en distinto grado en las distintas historias de las personas y en las distintas sociedades.
De modo que los modelos tan simplificados como el de Freud o como el de Marx, yo creo que fallan precisamente por eso, porque la vida humana, la realidad humana, es mucho más compleja y no se deja atrapar tan fácilmente en uno o dos conceptos. Toda esta introducción viene a cuento por aquello que nos encontramos en el libro del Éxodo, en el texto de la primera lectura de hoy. Resulta que la economía precisamente tenía un gran poder en el recuerdo, en la memoria viva, en la memoria colectiva de los israelitas.
No cabe duda de que los faraones, allá en Egipto, fueron lo bastante inteligentes como para hacer creer a los israelitas que vivir con holgura, vivir con abundancia significaba vivir en Egipto. Es decir, el faraón había logrado que los israelitas fueran esclavos, pero esclavos felices, esclavos que están convencidos de que, aunque su condición no es la ideal, pues de todas maneras hay bastante para comer. Por eso existe también ese otro lema que dice: pan y circo. Mantener a la gente contenta con unos cuantos subsidios, con unos cuantos regalitos aquí y allá y mantenerlos entretenidos, y con eso se dejan dominar, y así había obrado el Faraón.
Entonces, era necesario romper esa especie de embrujo, esa especie de maleficio, esa especie de encantamiento. Era necesario hacerles caer en cuenta a estos israelitas que la generosidad del faraón en realidad era una trampa y era necesario abrir a los israelitas a una lógica superior, que es la lógica del regalo. Y por eso Dios les dice a través de Moisés: Les voy a dar pan del cielo. Es decir, si el faraón te pone a trabajar hasta reventarte como una bestia, pues vas a descubrir que yo puedo darte lo mismo y que te lo puedo dar gratis.
Es decir, vas a descubrir la trampa del faraón y vas a descubrir en dónde está la verdadera abundancia. Se trata de pasar de esa lógica de la transacción, de ese te doy mucho, pero te cobro más, a la lógica de la gracia, a la lógica del amor que verdaderamente cambia el corazón y que verdaderamente cambia la sociedad. Mucho más de lo que pudo haber imaginado Marx.

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