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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La verdadera respuesta a nuestras necesidades es creer en la solución de Dios.
Homilía i163001a, predicada en 19970723, con 6 min. y 35 seg. 
Transcripción:
La murmuración acompañó el camino del pueblo de Israel. De continuo, ellos intentan juzgar y escrutar las intenciones de Dios, ¿para qué nos sacó de Egipto? Y escuchamos en la lectura de hoy que llegan a una triste conclusión: Nos sacó de Egipto para matarnos de hambre en medio de este desierto. Las protestas de la comunidad se dirigen contra los líderes de la comunidad como si ellos fueran los dueños del plan o como si ellos hubieran establecido las cosas.
Este cuadro se repite con alguna frecuencia en la Iglesia y en la vida religiosa, nosotros miramos a nuestros formadores o a nuestros superiores, y a veces creemos que lo duro del desierto proviene de las decisiones de ellos, y entonces, protestamos contra ellos. Pero el camino y la verdadera respuesta, en realidad, la tiene solamente el Señor. Si Dios manifiesta su gloria en el pasaje que hemos escuchado, proveyéndolos de alimento, aún en medio de ese arenal tan terrible en el que se encontraban, son acontecimientos providenciales.
Las codornices que llegan al campamento o esa especie de escarcha ante la cual preguntan los hebreos: «Man hu», que da origen, según parece, a la palabra maná, ese pan venido del cielo. Qué hermoso es sentir uno y descubrir uno que verdaderamente Dios, que sacó todo el universo de la nada, pues igualmente puede proveer y puede alimentar, y puede sostener a cada una de sus criaturas. Él da pan a todo viviente, como dice el Salmo, pero no solo este pan material.
Nosotros especialmente, que hemos iniciado en fe este camino de la vida religiosa, cuánto necesitamos confiar en esa providencia de Dios, saber que Él conoce nuestras necesidades, como dice Cristo en algún lugar del Evangelio. Y nuestras necesidades no son solamente las de alimentarnos o las de tener algo para beber o un techo donde descansar. Qué hermoso es mirarse uno, reconocerse y saber que cualquiera de nuestras necesidades es conocida por Dios, y para esa hambre Dios tendrá su propio pan.
Por ejemplo, si Él sabe, si Él reconoce que nuestro corazón necesita protección, necesita fortaleza, necesita ayuda y que nosotros nos sentiremos desprotegidos si no nos llega esa ayuda, pues Él tendrá sus maneras y tendrá sus caminos de que llegue esa providencia hasta nosotros. ¿Es que Él no sabe, por ejemplo, es que Él, acaso no sabe que nosotros necesitamos, qué sé yo, por ejemplo, afecto o amistad? Pues también lo sabe, y él tiene sus caminos para proveer a cada una de esas necesidades nuestras. Fíjese que el pecado es intentar resolver uno a su manera, sus necesidades, como si Dios no pudiera cuidar de ellas.
Por ejemplo, la persona que dice: Bueno, yo voy a resolver mi situación de afecto por mi cuenta y riesgo. Y entonces, empieza a entrar y a esclavizar y amarrar su corazón de alguna criatura. ¿Qué hay de malo ahí? Seguramente si encaráramos a esa persona y le dijéramos: Hombre, ¿qué estás haciendo con tu camino, qué estás haciendo con tu vocación? La persona diría: No, pero es que yo tengo necesidades. Sí, y esas las conoce el Señor. Pero el problema no es si tú tienes o no tienes necesidades, sino si la respuesta que tú le estás dando a tus necesidades es la respuesta que Dios en su providencia te ofrece.
Porque nosotros, como los demás seres humanos, necesitamos salud, necesitamos amistad, necesitamos alimento, necesitamos, todo lo que necesitamos y Dios nos lo dará y nos lo dará con abundancia y tendremos para repartir. Pero hay que creer, y ese es el mensaje de hoy, hay que creer en la solución de Dios, creer en la solución de Dios, creer que, aunque no aparezca nada en el horizonte, Él podría traer codornices para alimentarme. Creer que, aunque la noche esté fría, al amanecer habrá alimento para que nosotros no muramos de hambre. Creer en la solución de Dios, fiarnos de Él, sabernos profundamente reconocidos por Él.
Y no intentar que mi respuesta improvisada, que mi respuesta, de pronto torva, de pronto retorcida, vaya a ser precisamente mi verdadera respuesta. Ejemplo de esto tenemos en el Génesis, allá se nos cuenta cómo cuando ya se vieron Eva y Adán, y se reconocieron convictos de pecado. Entonces, tejieron ahí unos vestiditos porque les daba pena de estar desnudos, ellos intentan su solución. Cuando Dios se encuentra con ellos, dice que Dios les hizo unos vestidos con unas pieles, hizo una especie de pellizas, les hizo unos vestidos a ellos.
Esta gente se tejió tres o cuatro hojitas ahí como para tapar lo fundamental. Dios tenía una solución mejor, Dios tenía unos vestiditos, aunque hubieran sido ellos los culpables de su propia situación, Dios tenía una solución mejor. Y es eso, es creer en la solución de Dios, es saber que aquel que camina en la presencia de Dios, que tiene su conciencia como un libro abierto, que tiene su corazón ventilado por la gracia del Espíritu, ese avanzará en el plan de Dios, será alimentado por Dios, contará con la redención de Dios.

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