Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La verdadera sabiduría es infinita y es revelada por Dios a los humildes, no se concentra en todo lo que conocemos sino en todo lo que nos falta por conocer.

Homilía i153007a, predicada en 20190717, con 6 min. y 14 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

¿Por qué sucede con alguna frecuencia que las cosas de Dios las entienden mejor y las viven con más amor y fidelidad las personas sencillas? El Evangelio de hoy, tomado del capítulo 11 de San Mateo, nos ayuda a encontrar una respuesta. Jesucristo, en el breve pasaje de hoy, se alegra y da gracias a Dios, precisamente, por esa realidad. «Te alabo, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla».

Entendamos dos cosas aquí. Primera, ¿por qué eso que Cristo llama ser sabio y entendido a veces se convierte en un obstáculo para acercarse a Dios? Parece que el centro del problema está en algo muy elemental, y es que el conocimiento da poder. El sentir que entiendes muy fácilmente te lleva a sentir que dominas. De hecho, a veces utilizamos el verbo dominar cuando nos referimos al conocimiento. Pensemos en una persona que es buena en un cierto campo del conocimiento, decimos domina la materia. Yo veo que ese profesor domina ese tema.

Dominar viene del latín dominus, que significa Señor, aquel que tiene el poder. El conocimiento nos da una sensación de poder. El problema está en que, si nosotros nos dejamos llevar por esa sensación, entonces perdemos la senda de la verdadera sabiduría. Porque la verdadera sabiduría, la que han seguido los verdaderos sabios, no se concentra en lo que ya sé, sino en todo lo que me falta por aprender. Recordemos aquella frase tan profunda de uno de los sabios en el mundo de la ciencia, Isaac Newton.

Decía Newton: Yo no sé cómo me verá el mundo, pero yo me veo a mí mismo como un niño que en una playa ha encontrado algunas piedras o caracoles de formas bellas, mientras delante de mí está todo el océano de la verdad. Esa es la senda de la verdadera sabiduría, es darse cuenta de todo lo que nos hace falta, que siempre es inmenso, que siempre es infinito, esa es la senda de la verdadera sabiduría. Pero el problema está en que uno cae en la falsa sabiduría, uno se concentra en lo que ya sabe, en lo que ya puede o uno empieza a compararse con otras personas y al darse cuenta que sabe lo que otros no saben, pues se cree mejor o se siente más fuerte o más importante.

Y el problema está en que cuando tú te concentras en lo que ya sabes, en lo que ya puedes, en lo que ya dominas, en ese momento te creas una mentira en tu cabecita. Y esa mentira es que tú tienes las llaves de la verdad. Es decir que, así como has entendido lo que has entendido, tú puedes determinar en dónde está la causa de la verdad. En el libro de Job, especialmente en el capítulo 28, hay una reflexión muy bonita sobre esto, por dónde se va la sabiduría. Recordándonos que la senda de la sabiduría, como ya hemos dicho, es infinita.

Pero la persona que se deja llenar de vanidad, la persona que cree que ya sabe mucho, esa persona se va a equivocar indudablemente porque cree que tiene ya la llave y que lo que no es compatible con lo que ya entiende y con lo que ya sabe, no puede ser verdad. San Atanasio tenía una expresión muy bonita, muy profunda y con un toque de ironía. Decía San Atanasio, refiriéndose a ciertos herejes, especialmente de tipo arriano, aquellos que niegan la divinidad de Cristo. Decía San Atanasio: Esta gente se la pasa preguntando. Pero ¿cómo puede ser posible esto, cómo puede ser posible esto? Y dice San Atanasio: Como si solo pudiera ser posible lo que ellos entienden.

Como si yo tuviera que darle permiso a la verdad, a la sabiduría o a la realidad para existir. La verdad es mucho más grande que yo, la sabiduría es infinitamente más grande que yo, el océano de la verdad está mucho más allá de mis capacidades. Entonces, cuando nosotros nos llenamos de ese pensamiento y empezamos a ver si podemos entender las cosas y empezamos a declarar que no puede existir lo que yo no entienda, ahí nos cerramos la puerta a nosotros mismos. Es lo que sucede, por ejemplo, con el racionalismo cientificista.

Entonces, hay personas que dicen: Bueno, pero ¿cómo pueden ser los milagros? No, no cabe en mi cabeza. Las leyes de la ciencia no dan para eso. Como no caben los milagros, entonces no hay milagros, porque si yo no lo entiendo, no puede existir. Lo mismo que denunciaba San Atanasio. Qué hermoso, en cambio, descubrir la senda infinita de la sabiduría, descubrir que sí es verdad que conocemos algunas cosas y no tenemos que negarlas, pero descubrir que el camino es inmenso, que es infinito y que, por consiguiente, necesitamos una actitud de humildad y de escucha.

Entonces Dios se revela a nosotros según aquella palabra que dice la Escritura: Dios da su gracia a los humildes, pero se esconde de los soberbios.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM