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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios nos rescata de la tiranía de los faraones de este tiempo que pretenden hacer que nos olvidemos de Él y de sus promesas.
Homilía i153006a, predicada en 20170719, con 9 min. y 30 seg. 
Transcripción:
La primera lectura del día de hoy está tomada del capítulo tercero del libro del Éxodo. Es conocido este pasaje como la vocación de Moisés. Moisés, que vive en la montaña, lejos de sus hermanos israelitas, tiene un encuentro cercano, profundo, con el Dios de Israel. Y aunque Moisés está lejos de los israelitas, Dios no está lejos del dolor de su pueblo. Y este Dios, el Dios que escucha el clamor, el Dios que escucha el dolor de su pueblo, es el que le habla a Israel, es el que le habla a Moisés para que libere a Israel.
En esencia, eso es lo que tenemos, un Dios cercano al dolor de su pueblo, que llama a un hombre con toda su fragilidad, con todo su temor, timidez, con todas sus limitaciones, lo llama para que sea instrumento suyo en la liberación de su pueblo. Hay tanto que comentar, en esta oportunidad quisiera concentrarme, sobre todo en un detalle, ¿cuál era el verdadero sufrimiento de ese pueblo, qué era lo que realmente estaba sufriendo? Es muy fácil caer en un error, el error de trasladar nuestros problemas sociales a la época de Moisés.
Es decir, lanzar en un arco de 33 siglos lo que estamos viviendo y transportarlo a la época de Moisés, como suponiendo que los problemas que tenían en ese tiempo eran los problemas que nosotros podemos tener en nuestro tiempo. Esto fue algo que intentó la teología de la liberación, algo así como traducir lo que eran los israelitas en Egipto con lo que son, qué sé yo, los campesinos o los pobres, o el proletariado en nuestra época. Indudablemente hay parecidos, indudablemente hay semejanzas, pero también hay diferencias. Y el texto mismo nos ayuda a encontrar esas diferencias.
No me refiero en esta oportunidad solo al texto que se ha proclamado, sino al conjunto de relatos que nos describen el dolor, el éxodo, la liberación, el desierto, es decir, toda la gesta liberadora del Señor. ¿Qué parecidos hay? Pues hay muchos parecidos entre los pobres de nuestra época y los israelitas en Egipto. Hay parecido porque se trata de sufrimiento y porque se trata de un Dios que está cerca del pueblo que sufre, esos son los parecidos más cercanos que tenemos. Pero, creo que nos equivocaríamos si empezamos a suponer, por ejemplo, que el primer problema o el problema más grave que tenían los israelitas era de orden económico.
En cambio, con mucha facilidad la teología de la liberación atribuyó a la economía, la raíz de todos los problemas de los pobres en nuestra época. Ese diagnóstico que privilegia lo económico proviene, en realidad, del marxismo, en la Biblia no aparece eso. De hecho, el pueblo de Israel parece que no estaba en una situación económica tan desesperada. Fíjate este detalle, ellos se rebelaron, cuando ya salieron, cuando ya celebraron la Pascua, cuando ya iban por el desierto varias veces se rebelaron contra Moisés.
Y al recordar ciertamente con nostalgia la época de Egipto, decían cosas como: Cuánto nos acordamos de ese tiempo en que nos reuníamos en torno a la olla de carne, es decir, tenían sus celebraciones especiales y comían en abundancia, no parece que la situación fuera de muertos de hambre, ese no era el problema principal. Otro detalle que también hay que recordar es que, si seguimos avanzando en el relato, nos damos cuenta que Moisés va a ir después donde el faraón y el faraón no está de acuerdo con lo que le pide Moisés.
Y entonces da esta orden: Dejen, da esta orden a sus jefes egipcios: Dejen de dar a los israelitas la paja para que hagan los adobes. Los israelitas hacían esos ladrillos que son una mezcla de hojas de palma con barro, eso se seca al sol y adquiere una cierta consistencia, esos son los adobes que ellos hacían. Y el Faraón dice, cuando Moisés viene con estas peticiones, el faraón dice: Ya no les den paja para que hagan los adobes. O sea que realmente la condición de los israelitas no era la de ser lo peor dentro de la escala social, porque había alguien que, probablemente eran los mismos egipcios, que les estaban dando la materia prima.
Entonces, suponer que el principal problema de los israelitas era un problema económico, realmente no corresponde con el texto. Además, hay otra cosa que llama la atención, en el pasaje que se ha proclamado hoy del capítulo tercero del Éxodo, también nos dice Dios o le dice Dios a Moisés: Lo vas a liberar, a Israel. Y entonces, vendréis y me daréis culto en esta montaña. Es decir que, la meta de la liberación no es: Yo voy a mejorar los estándares de alimentación, los estándares de salud, las condiciones de vivienda, nada de eso.
Dios no dice, les voy a dar viviendas dignas. Es muy posible que los egipcios dieran viviendas muy dignas a los israelitas. De hecho, los historiadores hoy han descubierto que en la zona de las pirámides había verdaderas ciudades donde estaban los obreros que ayudaron a construir las pirámides y las condiciones de vivienda de esos obreros, dentro de las condiciones, dentro de las circunstancias de aquel tiempo, no eran desesperadas. Los egipcios parece que eran gente muy práctica, miraban a estos obreros como una fuerza de trabajo a la que hay que cuidar, como un campesino cuida su ganado, por ejemplo, los bueyes que le ayudan a arar.
Entonces, lo que quiero destacar con todo esto es que, por favor, salgámonos de esa lectura del libro del Éxodo únicamente desde la economía, el problema es mucho más de fondo. Sí, hay circunstancias económicas, hay opresión, pero la principal tiranía no es tiranía económica, es la tiranía que pretende hacer olvidar a Dios, es la tiranía que pretende que Dios, el Dios de las promesas, el Dios de los padres desaparezca, esa es la principal tiranía. El pretender borrar completamente la memoria de Yahvé de este pueblo, esa es la gran tiranía.
Y de esa tiranía quiere rescatar Dios a su pueblo, y para eso llama a Israel. Y esa tiranía sigue en nuestro tiempo, porque también existen los faraones actuales que quieren que nos olvidemos de Dios y que quieren que nosotros nos dediquemos únicamente a trabajar, consumir y entretenernos, exactamente lo que el Faraón hacía con los israelitas. Pues si Dios venció a ese Faraón, Dios puede vencer también a nuestros faraones.

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