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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
(1) La iniciativa es de Dios; (2) Nuestro servicio se inscribe en la historia del pueblo de Dios; (3) Toda nuestra fuerza está en con quién vamos.
Homilía i153005a, predicada en 20150715, con 5 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Tomemos, queridos hermanos, unas tres enseñanzas del pasaje de la vocación de Moisés en el capítulo tercero del libro del Éxodo. En primer lugar, destacar que la iniciativa es de Dios. Ese acontecimiento milagroso que atrae la atención de Moisés, es un regalo del cielo que convoca la curiosidad primero, la admiración después, de este hombre que tenía un oficio tan humilde, en ese momento.
Dios toma la iniciativa con ese milagro de la zarza y luego también toma la iniciativa una vez que Moisés se acerca, para llamarlo por su propio nombre, Moisés. Por tercera vez, toma la iniciativa para darle una nueva misión, para darle una nueva tarea. Por eso, destacar ese primer punto, la iniciativa divina. Es importante ese punto, porque de inmediato nos muestra que todo mérito humano es completamente relativo. Realmente se cumple lo que dijo San Pablo: ¿Qué tienes que no hayas recibido? Es Dios el que ha tenido, desde el principio, la bondad de darnos el querer y el obrar.
En segundo lugar, el llamado a Moisés se inscribe dentro de la historia de un pueblo. Moisés es llamado por Dios, pero no es el único llamado. Moisés y lo que Moisés pueda hacer deben inscribirse, deben insertarse en lo que Dios ha venido haciendo con su pueblo. Moisés, dicho de otra manera, no es Adán, Moisés no es un comienzo absoluto. Moisés es parte de una historia a la que aportará lo suyo para después retirarse. Esta conciencia de ser parte de una historia nos sirve también a nosotros. Cada uno tiene algo que hacer, algo que es irrepetible, algo que es importante y, sin embargo, es solamente algo.
Es Dios el gran artista que va llevando la historia, el conjunto de la historia de su pueblo. Es Dios el que va completando esa obra maravillosa de la cual nuestro pequeño servicio es apenas algo. Esto nos llama a humildad y también nos llama a responsabilidad. Varios autores han utilizado la imagen de un tapiz, por ejemplo, en el que se está tejiendo, a nosotros nos corresponde una puntada dentro de ese tapiz, pero hay que hacerla bien. Nosotros no vamos a reemplazar la obra de nadie, nadie puede reemplazar la obra nuestra. Y, sin embargo, el único que tiene el plan completo, el único que tiene la verdadera sabiduría y el único del que brota toda la belleza es el Señor.
En tercer y último lugar, destaquemos la parte final del pasaje de hoy. Moisés pregunta: ¿Quién soy yo? Y el Señor le responde: Yo estoy contigo. Varios predicadores han enfatizado ese diálogo final, quién soy yo, pregunta Moisés. Y Dios no le dice, tú eres esto o esto otro, simplemente le responde: Yo estoy contigo. No se trata de lo que uno cree que es, se trata de con quién va caminando uno. Toda la grandeza de Moisés, toda la eficacia de su ministerio, está exactamente en eso: Yo estaré contigo.
Luego el libro del Deuteronomio nos muestra hasta qué grado Moisés vivió esta espiritualidad del abandonarse en Dios y de caminar con Dios. Dos elogios que hace el libro del Deuteronomio sobre Moisés son que, Dios hablaba con él como un hombre habla con su amigo, ese es el grado de unión que tiene Moisés con Dios. Y también dice: No había sobre esta tierra nadie más humilde que Moisés. De modo que pidamos al Señor reconocer cuál es nuestra tarea, cuál es nuestra misión, vivirla con humildad y alegría, y recordar siempre que Él está con nosotros.

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