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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Lo que Dios "esconde" a los arrogantes es modo también de hacerlos peregrinos, y así al final pobres y humildes.
Homilía i153003a, predicada en 20130717, con 4 min. y 56 seg. 
Transcripción:
Varias veces en la Sagrada Escritura aparece la idea que, de un modo tan entusiasta, se presenta en el Evangelio de hoy, tomado del capítulo once de San Mateo. Dice Cristo en el pasaje de hoy: «Te alabo, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los humildes».
Una idea parecida encontramos en otros textos, por ejemplo, dice el apóstol San Pedro: «Dios da su gracia a los humildes. Dios resiste a los soberbios». También encontramos en el cántico de la Santísima Virgen que Dios derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. En las bienaventuranzas tenemos a Cristo diciendo: «Bienaventurados vosotros los pobres». Pero también diciendo según la versión de San Lucas: «Ay de vosotros los ricos». Es decir, hay esta idea. Y es que aquel que se siente seguro en su riqueza, en su inteligencia o en su poder, se pierde de encontrar su verdadera seguridad, su verdadera firmeza, su verdadera alegría en Dios.
Aquel que se cree bueno, aquel que se cree rico, aquel que se cree inteligente, aquel que se cree poderoso. La lista fíjate que no es muy corta, aquel que se afianza en cualquiera de esas cosas está perdiéndose de ser objeto de la ternura de Dios, beneficiario de su infinita misericordia, testigo de su poder incalculable. Y lo que Cristo exclama en el Evangelio de hoy nos ayuda a descubrir que en eso hay una providencia. Obsérvese que Cristo no dice que ha quedado cerrado para siempre el camino a aquellos que son sabios, entendidos o ricos o poderosos.
El verbo de hoy es muy preciso: Dios ha escondido, ha escondido. Y aquello que está escondido, aquello que está oculto, pero que es necesario, finalmente nos pone en camino. Cristo tiene aquella sencilla y brevísima parábola de la mujer a la que se le pierde una moneda de mucho valor. Y ¿qué hace ella? Pues, ponerse en la tarea de buscarla. O sea que, no es que esté bloqueado el paso, no es que no haya amor para esas personas, sino que a esas personas, y creo que todos tenemos algo de arrogantes o de poderosos, o de ricos, o de sabios ante nuestros propios ojos.
A estas personas, a estos que somos nosotros, en la medida en que nos aferramos a lo que creemos firme, pero que no lo tomamos de Dios, a nosotros Dios nos pone en camino. Y el camino desgasta nuestro ego y el camino nos va haciendo más livianos. Y el camino, el camino que necesitamos recorrer para encontrar lo que Dios escondió, ese camino nos hace distintos y en ese camino entonces, se adelgaza nuestra soberbia y en ese camino queda confundida nuestra supuesta sabiduría y en ese camino entendemos que nuestra riqueza poco cuenta y en ese camino nuestra arrogancia se fractura y bendito Dios desaparece.
Y entonces, llegamos a ser de aquellos pequeñitos, entonces llegamos a ser de aquellos humildes, y entonces felizmente Dios puede también a nosotros, que antes éramos tan seguros de nosotros mismos, Dios puede darnos lo que siempre ha querido darnos. Yo creo que esa es la alegría de Cristo, como al que ya está listo, porque tiene su confianza solo en Dios, el Señor se le muestra así, y al que no está listo lo pone a caminar para que pierda todo lo que le estorba, y para que en la sencillez del alma, pueda también un día abrir su boca y ser saciado.

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