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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Curar, levantar, limpiar y exorcizar son acciones esenciales de la Iglesia ante un mundo herido; su misión es sanar, liberar del mal y preparar corazones para el encuentro con Cristo.
Homilía i144010a, predicada en 20250710, con 9 min. y 3 seg. 
Transcripción:
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos, echen a los demonios. Estos son los mandatos que Cristo da a sus apóstoles en el capítulo décimo de San Mateo, del cual se toma el pasaje del Evangelio de hoy. Y creo que esos cuatro verbos tienen una actualidad permanente en la vida de la Iglesia. ¿Cuáles verbos? Curar, resucitar, limpiar, echar. Vamos a cambiar ligeramente algunos de ellos. Curar está muy claro. Resucitar, si uno mira el verbo resucitar en griego, en el original, significa levantar. Por supuesto, hacer que el enfermo, perdón, que el muerto se levante es resucitarlo. Pero fíjate que incluso en español tenemos el verbo suscitar. Suscitar es levantar. Suscitó una gran respuesta, por ejemplo. Entonces hay que curar, hay que levantar, hay que limpiar y hay que echar. ¿Pero ese "echar" qué es? Ese "echar" es muy parecido a limpiar. Realmente lo que significa es exorcizar. Entonces, los cuatro verbos con los que nos quedamos para esta breve reflexión son curar, levantar, limpiar y exorcizar. Curar es el primer verbo. ¡Qué necesaria es la sanación hoy en día! Qué necesario entender que las personas que se acercan a la iglesia o las personas a las que la Iglesia se quiere hacer cercana son personas lastimadas, son personas heridas, son personas necesitadas de consuelo, son personas que cargan el peso de terribles remordimientos, de graves maldiciones, de palabras que no logran sacar de su cabeza, tristezas que les humillan, soledad que les reseca el alma. La misión de la Iglesia estará siempre ahí. Decía nuestro Papa Francisco: "La Iglesia tiene que ser como un hospital de campaña" en medio de la batalla porque siempre la Iglesia estará en batalla. En medio de la batalla es necesario recoger a los heridos, sanar. ¡Qué importante poner en primer lugar este verbo, sanar! Algunas veces se puede pensar que la misión de la Iglesia está en resolver problemas o que la misión de la Iglesia está en enseñar doctrina. Claro que sí. Claro que sí. Hay que enseñar sana doctrina. Creo que como predicador ha sido una constante en mi servicio destacar este aspecto de la Iglesia. Pero no se nos olvide algo. Si una persona está llena de tristeza, de preguntas, de agobio, si una persona siente que su vida está maldita porque hay gente que siente eso, si una persona siente que los vacíos de su infancia, las frustraciones de su juventud están hoy tan vivas como ayer, ¿Qué tan dispuesta estará esa persona a aprender las verdades de la fe? A menos que empecemos por aquellas verdades que sanan, como es la gran verdad de la compasión divina, la gran verdad de la misericordia. A menos que empecemos por ahí. Hay que empezar por curar. Y junto al verbo curar hay que levantar, levantar a los muertos. Hace unos meses, en un retiro espiritual, una joven dio su testimonio y ella decía que ha pasado por algo espantoso, por una depresión agobiante y que consideró muchísimas veces quitarse la vida, pero que gracias a esa comunidad la muerte no había tenido la última palabra. Hoy es una persona comprometida en el servicio de la Iglesia. No es que sus problemas hayan desaparecido mágicamente, pero su vida es otra cosa. Ahí, una persona que estaba muerta, que solo le faltaba tomar la última y trágica decisión. Una persona así logró ser rescatada, logró ser levantada. Hay que levantar, levantar a la persona que considera que su vicio ya es parte de su vida. Y sabemos que tristemente hay incluso sacerdotes que dicen: "Tú eres así, acéptate, eres así, eres así". Todo sacerdote que te diga "ya eres así y acéptate", es un sacerdote que está añadiendo cadenas a tus cadenas. Si tú sabes que estás en pecado, si tú sabes que estás viviendo mal, no le creas a nadie, aunque sea sacerdote que te diga "ya tú eres así", no le creas. Hay que limpiar. Cristo decía ?limpiar a los leprosos? porque era el verbo que se utilizaba en su época con aquellos enfermos y hemos comentado en otras oportunidades todo lo que quería decir la lepra en aquel tiempo. Pero lo de limpiar es cierto. ¿Y sabes a qué lo aplico yo particularmente? A esto que nos enseña Santo Tomás de Aquino. Y es que la razón no puede demostrar la fe, pero sí puede limpiar; limpiar el camino, limpiar de mentiras, limpiar de prejuicios, limpiar de engaños. Porque una de las estrategias preferidas del demonio es llenar de mentiras, de exageraciones y de medias verdades la cabeza de la gente para que no puedan recibir el mensaje. Hay que limpiar todo eso y hay que exorcizar. Hay que saber que existe, por supuesto que existe, un ser. De hecho, muchos seres perversos y rebeldes contra Dios, amadores del mal. En un famoso texto que yo creo que hay que leerlo con más frecuencia, el Credo del pueblo de Dios, el Papa San Pablo VI afirmaba: "No, el demonio no es simplemente un nombre para el mal que hay en el mundo". Hay que exorcizar, hay que declarar la victoria de Cristo, hay que salir del alcance de las fuerzas del mal porque no lo pueden todo. Y todo eso es misión de la Iglesia: curar, levantar, limpiar, exorcizar. Termino recordándote algo: tú eres parte de esa misión, así como lo soy yo. Así que ánimo y adelante.

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