Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La penitencia es volver al camino después del extravío que has tenido y si no te dolió el pecado que cometiste es bueno que ahora te duelan las consecuencias de tu pecado.

Homilía i143011a, predicada en 20230712, con 5 min. y 47 seg.

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Transcripción:

Es impresionante la providencia de Dios en la historia de José. Una historia que empieza con envidia y que termina, sin embargo, en caridad y en reconciliación. Esa providencia de Dios, sin embargo, no actúa de una manera, llamémoslo así, mágica, sino que actúa también a través de personas concretas, de las decisiones de personas concretas. Lo que quiero decir es que no son solo los hechos exteriores, sino también las decisiones conscientes las que hacen posible esta providencia del Señor.

Vamos a lo concreto, recordemos que José, hijo de Jacob, fue vendido por sus hermanos. De hecho, querían matarlo, pero Rubén, el mayor, intervino y dijo: No, no lo matemos, vendámoslo. Y así llegó José a Egipto. Es decir, que estos hermanos de José obraron con absoluta dureza, con total indiferencia frente a él. Ahí lo enviaron, a que fuera como esclavo a Egipto, y luego salieron con una historia difícil de creer, que no se la terminó de creer el papá Jacob, que habían encontrado sus ropas y que lo había matado una fiera.

Me estoy acordando de un hermosísimo cuadro de Velázquez, de Diego Velázquez, donde muestra a los hermanos de Jacob en el momento de darle la noticia al papá. Bueno, entonces a estos, a estos hermanos de José no les duele vender a su hermano, no les duele perder a su hermano y observa cómo termina la historia, que es lo que aparece un poco en la primera lectura de hoy. José les dice a sus hermanos que llegan ahí realmente empujados por el hambre, les dice: Sí, les voy a ayudar, pero uno de ustedes tiene que quedarse aquí como rehén. Y ahí es donde viene el comentario de Rubén, que dice: Estamos pagando lo que hicimos con nuestro hermano.

¿Qué destaco yo de ahí? Que en el momento en el que ellos, porque no les queda otra alternativa, en el momento en el que ellos tienen que dejar a su hermano, que será Benjamín, cuando dejan a su hermano y tienen que devolverse sin su hermano donde Jacob, el papá, ahí aprenden lo que significa perder a un hermano, ahí lo aprenden. Eso es perder a un hermano, eso es lo que duele perder a un hermano. O sea que José, que fue vendido como esclavo, no les dolió cuando lo vendieron. Pues ahora José, les hace sentir el dolor de lo que es perder a un hermano.

Y este es el sentido de esa realidad tan bella que existe en nuestra Iglesia y que pertenece profundamente a la espiritualidad de la Biblia, el espíritu de penitencia, en el fondo de la penitencia es eso, exactamente eso. Es desandar el camino de extravío que uno ha tenido, desandarlo, es volver al camino. Y si no te dolió el pecado que cometiste, que ahora te duelan las consecuencias de tu pecado es bueno, es bueno. Entonces, así aprendieron los hermanos de José, así aprendieron lo que duele perder a un hermano. Por supuesto que Benjamín no murió ni le pasó nada grave, no, era solo una lección. Pero, qué lección tan profunda.

Me hace acordar de esa reflexión tan bella que tiene San Juan Pablo II cuando se mete en la conversación entre Caín y Dios. Dios le pregunta a Caín, en el libro del Génesis: ¿Dónde está tu hermano? Y Caín responde: Y ¿es que acaso yo soy guardián de mi hermano? Y ahí interviene el Papa en ese diálogo y dice: Sí, tú eres guardián de tu hermano y tiene que dolerte cada uno de tus hermanos. Es la lección que José les da a sus hermanos, una lección que, en tiempos nuestros, con tanto individualismo, no debemos dejar de aprender. Jacob recuperó a su hijo, pero los hermanos de José aprendieron la lección, Dios sea bendito.

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