Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Sólo Jesucristo con su Cruz y su Espíritu dio unidad a los apóstoles.

Homilía i143008a, predicada en 20170712, con 12 min. y 22 seg.

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Transcripción:

La lista de los apóstoles de Cristo nos enseña varias cosas sobre cómo obró el Señor al elegirlos. Sobre todo, hay que destacar la variedad que encontramos en estos nombres, variedad en varios sentidos. Por ejemplo, encontramos algunos que tienen nombre de origen griego y otros que tienen nombre de origen hebreo.

De origen griego, por ejemplo, está Andrés, ese es un nombre griego. Andreas, en griego, proviene de aner andrós que significa varón, o sea que ese es un nombre típicamente griego, Felipe, también es un nombre griego, proviene de Fílippos que, entre otros personajes, es el papá de Alejandro Magno. O sea que hay algunos que tienen ese nombre, nombres que indican la mezcla que se iba dando entre el pueblo de Dios y la cultura griega. Otros, en cambio, son nombres completamente hebreos, como Simón, que de hecho es el nombre de una de las tribus de Israel.

Judas, que proviene, por supuesto de Judá, el nombre de otra tribu. Lo que en español llamamos Santiago. Santiago llamamos nosotros, pero originalmente, y usted lo puede ver en otras traducciones es Jacobo. Santiago es una palabra que proviene de comprimir Sanctus Iacobus, o sea San Jacobo. Por eso, cuando celebramos al apóstol Santiago no decimos la fiesta de San Santiago, sino solamente Santiago, porque el nombre propio de él era Jacobo. Entonces, Jacobo, Juan, Simón, Judas son nombres hebreos.

Un caso interesante es el de Bartolomé, que seguramente es un apellido, el nombre de él debía ser Natanael. Si usted mira en la fiesta litúrgica de San Bartolomé, la lectura del evangelio que se toma es de San Juan, donde se habla de Natanael que fue llevado a Cristo a través del ministerio de Felipe. Pero lo más interesante es que Natanael por apellido Bartolomé, ¿qué quiere decir Bartolomé? El hijo de Tolomé, el hijo de Tolomeo y Tolomeo es un nombre helenístico, un nombre también de sabor griego.

Bueno, ¿por qué destaco esto de los nombres hebreos y de los nombres griegos? Si usted mira el Libro de los Apóstoles, el libro de los Hechos de los Apóstoles, hacia el capítulo sexto, se encuentra que hubo tensiones entre los que eran propiamente de lengua hebrea y los que eran de lengua griega, porque los que eran de lengua hebrea se consideraban los verdaderos judíos. En cambio, la gente que ya empezaba a ponerle nombres griegos a los hijos, eran vistos como gente que ya estaba claudicando en la pureza de su raza y en la pureza de su fe.

Pero Cristo escogió tanto unos como otros, tanto de aquellos que se consideraban quizás más puros en su raza, como de aquellos que tal vez eran vistos como ya gente que estaba cediendo en sus principios. Cristo escogió personas que eran revolucionarios, los dos últimos de la lista, sobre todo, Simón el Zelote o Zelota. Sabemos seguramente que los zelotas eran un grupo revolucionario de características guerrilleras, ellos se oponían violentamente a la ocupación romana y tenían la idea de que había que luchar contra los romanos, como dos siglos atrás, los Macabeos habían luchado contra la imposición del imperio helenístico en la época de Antíoco IV Epífanes.

Podemos decir que Judas el Iscariote y Simón el Zelota pertenecían a algo así como la extrema izquierda. Pero Cristo también llamó gente de la extrema derecha, porque encontramos a Mateo, el publicano, y ¿qué era lo que hacían los publicanos? Cobrar impuestos para el Imperio romano, eran los grandes colaboracionistas. Entonces, Cristo llamó gente de énfasis hebreo y gente de énfasis griego, gente de izquierda, gente de derecha. Había uno que tenía grandes estudios, estudios muy avanzados, es el caso de Natanael Bartolomé, recuérdese que Bartolomé es un apellido.

Natanael tenía estudios avanzados de Sagrada Escritura, él era maestro de la ley, era escriba. Y este Natanael fue llamado por Cristo para ser discípulo, mientras que otros, que es el caso de Simón y de Santiago y de Juan, eran humildes pescadores. O sea que también llamó intelectuales, como Bartolomé, y gente con muy poca cultura, como fue el caso de Pedro, Andrés, Santiago y Juan. También ahí encontramos esas diferencias. Es decir, que el grupo que Cristo llamó es un grupo heterogéneo, un grupo con gran diversidad.

Pero no solo eso, podríamos decir que es un grupo con oposiciones fuertes y así los escogió Cristo. No es de extrañarse entonces, que después ellos tuvieran tantas tensiones y peleas. Por eso, los Evangelios, con gran honestidad, nos cuentan que ellos se la pasaban discutiendo que ¿cuál es el primero, cuál es el primero?

Primero nosotros, los de izquierda que sí nos preocupamos por el pueblo pobre. No, primero nosotros, los de derecha, que hemos llevado con prudencia lo mejor posible esta situación. Primero nosotros, los de la inculturación, los de nombre griego. No, primero nosotros, los hebreos hebreos, como dicen los mexicanos, los meros meros. Primero nosotros, primero nosotros los del estudio. No, primero nosotros, la gente práctica.

Por eso ellos se la pasaban discutiendo, porque tenían esas diferencias y lo que maravilla es que Cristo los escogió así. También maravilla el hecho de que Cristo no hizo la labor de una plancha, planchando las arrugas, las diferencias, uniformándolos, no los volvió iguales. En medio de sus diferencias, les hizo crecer. Esta es una gran lección, indudablemente. Termino esta breve reflexión con un hecho ¿Qué fue entonces lo que les ayudó a superar sus tensiones? No fue un lavado de cerebro que los hiciera distintos de lo que eran al principio, algo así como el que pretende homogeneizar, estandarizar, no.

Si miramos la Biblia, si nos atenemos a la Biblia, lo que los hizo uno, fueron dos cosas. Primero, el misterio de la Cruz. Frente a la Cruz, el de izquierda, el de derecha, el intelectual, el de temperamento práctico, el de la inculturación, el de la pureza de la raza, frente a la Cruz todos nos reconocemos pecadores, todos nos reconocemos indigentes, necesitados. Y luego, Pentecostés, frente a la riqueza del don del Espíritu, todos nos reconocemos deudores de un mismo amor y capacitados para amar.

Entonces, en medio de sus diferencias, todos pudieron reconocer una misma pobreza: Somos indigentes ante la cruz. Y una misma riqueza: Todos somos ricos por Pentecostés. Y si usted mira la Biblia, se da cuenta de que después de la Cruz y Pentecostés, se les acabó la discutidera, ya no volvieron a discutir. En Hechos de los Apóstoles ya no vuelve a aparecer el tema de que quién es el primero. La Cruz y Pentecostés hicieron de ellos, en medio de su diversidad, una sola comunidad, un solo pueblo.

La aplicación a nuestra situación es obvia. También nosotros, por ejemplo, en una comunidad religiosa, tenemos todas estas diferencias y también nosotros, lo mismo que los apóstoles, llegaremos a la verdadera unidad en la diversidad si aprendemos a mirar juntos al misterio del Crucificado y a suplicar juntos por el misterio de Pentecostés.

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