|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
A veces no es fácil entenderle a Dios, pero aquel que sabe perseverar y sembrar con paciencia en medio de las pruebas, recibirá la bendición del Señor.
Homilía i143006a, predicada en 20150708, con 6 min. y 1 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada de los capítulos 41 y 42 del libro del Génesis. Hay que tener en cuenta la estructura de este primer libro de la Biblia, el Génesis. Los primeros 11 capítulos se centran en una descripción fundamentalmente teológica del origen del universo, no simplemente el origen de la materia, sino también el comienzo de la presencia del pecado en nuestra vida y el comienzo de nuestra esperanza de salvación, eso en los primeros 11 capítulos del Génesis.
A partir del capítulo 12 y hasta el final, el Génesis nos cuenta la historia de los patriarcas. Empieza por el ciclo de Abrahán en el capítulo 12, con aquellas famosas palabras cuando Dios le habla a Abraham y le dice: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré». Después de Abraham se habla de Isaac, aunque solo brevemente, y después viene el ciclo de Jacob. Todas aquellas astucias de la mamá de Esaú y de Jacob que conducen a una división entre estos hermanos. Por eso Jacob tiene que irse de la casa, luego regresa, se da una reconciliación entre ellos.
Jacob tiene al final 12 hijos, que son los que dan los nombres a las 12 tribus de Israel. Pero esa historia de Jacob, de alguna manera, se prolonga en la historia de uno de sus hijos, uno llamado José. Y de este José, es del que nos habla la primera lectura de hoy, que, como dijimos, ha sido tomada de los capítulos 41 y 42. Lo notable en esta historia de José, que va a ocupar prácticamente todo el final del libro del Génesis, es que nos describe de un modo precioso, sumamente pedagógico, lo que significa esa palabra, providencia, la providencia de Dios.
En la historia de José, este José, hijo de Jacob, aparecen multitud de desgracias, pero también aparecen multitud de dones. Las maravillas de Dios y las miserias humanas se entretejen en la historia de José. Por eso considero que es tan valioso este relato, porque en una vida humana, la de cualquiera de nosotros, solemos encontrar de las dos cosas, solemos encontrar prodigios de amor de Dios, pero también encontramos mezquindad, egoísmo, envidia, impureza, mentira.
Y lo que más nos va a enseñar, digo yo, lo que mejor nos enseña la historia de José es cómo en medio de esas miserias humanas, Dios sigue obrando, como dice el refrán popular: Dios escribe derecho en renglones torcidos. Los renglones torcidos son nuestras miserias, nuestras incoherencias, nuestros pecados. Y ese lenguaje derecho, esos planes de justicia y santidad que Dios escribe en nosotros, esas son sus maravillas. Así, por ejemplo, encontramos que los hermanos de Jacob le tienen una envidia terrible. Primero piensan en matarlo, luego finalmente se deciden a venderlo como un esclavo más, un esclavo para Egipto.
Pero en Egipto, no solamente recibe José una tremenda bendición, hasta el punto de ser algo así como el ministro del interior y ministro de economía del Faraón, sino que este hombre es también causa de bendición para los mismos hermanos que lo habían vendido. Es decir que José tiene oportunidad de lo que podríamos llamar una venganza santa. Y yo sé que esta expresión casi no la debería pronunciar, porque la venganza en la que nosotros solemos pensar es pagar un mal con otro mal. En cambio, esta especie de venganza, muy entre comillas, venganza santa, es devolver un bien inmenso por el mal que aquellos hermanos le habían querido causar a José.
Porque es José en Egipto, el que va a lograr que esta familia, su propia familia, la familia que lo ha lastimado, logre sobrevivir en tiempos de espantosa escasez. ¿Qué nos demuestra esto? Nos demuestra la providencia de Dios, nos demuestra que es estéril ponerse a quejarse uno en tiempos en que uno no comprende lo que Dios está haciendo, casi podríamos decir que es normal no entenderle a Dios.
Pero aquel que sabe perseverar, aquel que sabe sembrar con paciencia, un día puede decir: Para esto me envió Dios a Egipto, este es el bien que se escondía tras la amargura y tras la dificultad de aquello que me parecía tan desgraciado, aquello que me parecía tan terrible. Que el ejemplo de José nos aliente a permanecer fieles en la voluntad y el querer del Señor, aún en medio de las pruebas.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|