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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Cuántas veces y de qué maneras envía Jesús a sus discípulos?
Homilía i143004a, predicada en 20130710, con 4 min. y 54 seg. 
Transcripción:
Los obispos de América Latina y del Caribe, reunidos en la ciudad de Aparecida el año 2005, nos dejaron una gran consigna: Ser discípulos y misioneros. La verdad es que estas dos palabras condensan en buena parte lo que significa ser cristiano y lo que el Evangelio viene a traer a nuestra vida. Primero, discípulos, discípulos atentos, que reciben con amor y con obediencia la Palabra de Jesús, el Maestro. Y luego, apóstoles generosos y también gozosos que transmiten con su testimonio y con su discurso, con sus palabras, aquello que han recibido.
Esta consideración nos invita a preguntarnos cuántas veces y de qué manera envió Jesús a su gente. Por ejemplo, en el Evangelio de hoy, capítulo décimo de San Mateo, encontramos que Cristo envía a sus apóstoles, pero esta vez hay una restricción, les dice: No vayan a tierra de paganos. Como que restringe la tarea, le da un perfil determinado y les dice que vayan únicamente a las ovejas descarriadas de la casa de Israel. No es el único envío, en otra oportunidad, según San Lucas, enviará no solamente a los 12, sino a un grupo más amplio, los 72, podemos llamar.
Y a éstos los envía con la consigna de que vayan y se adelanten a aquellas ciudades donde él todavía no ha ido. Y por mencionar un último ejemplo, después de Pentecostés, es evidente que el mandato del Señor se hace realidad, ya no solo para Jerusalén, Samaria y Galilea, sino hasta los confines del mundo. En todo caso, la pregunta hoy es ¿por qué esa restricción inicial, por qué Jesús al principio les dice que no vayan a tierra de paganos, por qué primero restringe la misión y por qué los invita, los invita no, les manda, a que se concentren únicamente en las ovejas descarriadas de Israel?
Pues hay varias explicaciones posibles, pero hay una que yo creo que sobre todo hay que destacar y es la fidelidad misma de Dios. El Dios que se revela en Jesucristo no es un Dios distinto, no es un Dios nuevo ni diferente del Dios que ha conducido al pueblo elegido hasta ese momento. Si hay dos atributos que caracterizan la revelación de Dios para su pueblo en el Antiguo Testamento, son la fidelidad y la misericordia. Es eterno su amor, repite muchas veces aquel salmo que es como una letanía, es eterna su misericordia.
Y ahí está la fidelidad que permanece y ahí está la compasión desbordante del Señor. Cristo no viene a revelarnos un Dios diferente, la compasión se muestra en los milagros, pero la fidelidad tiene que mostrarse también. Tiene que quedar claro que el Dios que le prometió a su pueblo que lo habría de consolar y que lo habría de sanar y que lo habría de perdonar, está cumpliendo su Palabra. Luego, en una especie de desbordamiento de esa misma misericordia, Dios va a hacer llegar ese mensaje a otros, que somos nosotros, las naciones que no venimos del judaísmo.
Pero en primer primer lugar, tiene que quedar muy claro, tiene que brillar ante todo que el Dios compasivo es el Dios fiel, porque eso significa que uno puede apoyarse en Él y que, aunque uno falle y todos hemos fallado, aunque uno falle, Él no falla jamás, eterno y fiel es su amor.

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