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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Rasgos del actuar del demonio: es arrogante, amenazante, se apoya en mentiras, pero en el fondo es miedoso y sumiso frente al poder de Dios y a la majestad de Nuestro Señor Jesucristo.

Homilía i133009a, predicada en 20250702, con 6 min. y 59 seg.

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Transcripción:

El estudio de las acciones propias de los demonios es tema importante para nosotros los cristianos, sin que llegue a convertirse en una especie de obsesión, pero sí es importante. Y es importante porque el enemigo realmente busca nuestra perdición y es astuto y es perseverante. Así que si estimamos la salvación que hemos recibido de Dios, ciertamente conviene que conozcamos lo esencial, lo básico de estas estrategias del diablo.

En el Evangelio de hoy precisamente, encontramos el enfrentamiento entre el enemigo, es decir, entre los demonios y la persona de Cristo. Y hay tres rasgos en el actuar del demonio que yo creo que es bueno subrayar a partir del pasaje de hoy. Primero, observamos la actitud amenazante, nos dice el evangelista: Nadie podía pasar por ese camino. Uno de los primeros predicadores sobre este tema del demonio en la historia del cristianismo, es el gran San Antonio Abad, que vivió en el siglo III. No confundirlo, por favor, con San Antonio de Padua, que vivió a finales del siglo XIII.

San Antonio Abad, una de las cosas que nos enseña sobre los demonios es precisamente esa búsqueda de miedo o de producir miedo que tienen ellos. Podríamos comparar con aquellos perros que ladran mucho y muestran mucho los dientes porque saben que una parte de su victoria está en que uno entre en pánico. Y en la medida en que uno esté más asustado, pues uno es más vulnerable. Así que eso también lo hace el demonio, su actitud es amenazante. Pero ¿cuál es su poder real? Eso es lo que vamos a ver precisamente en este pasaje, el poder real que tienen.

Y ¿qué encontramos? Pues encontramos que sí es verdad que son amenazantes, pero también son miedosos. Y ¿por qué son miedosos? Porque, utilizando una comparación futbolística que alguien me dirá que es demasiado infantil, el demonio siempre juega en cancha ajena y el demonio ya está derrotado. Es decir, frente a Dios el demonio no tiene ninguna, pero ninguna posibilidad. Además, el demonio se apoya en mentira, en la mentira, y la mentira siempre cae. Entonces, el demonio obra en el espacio que no es suyo, que es el espacio de la creación.

El demonio obra sabiendo que Dios es infinitamente más poderoso que él y que no importa lo que diga el demonio sobre Dios, pues Dios es infinitamente más fuerte que él. Y, en tercer lugar, el demonio se apoya sobre mentiras. Imagínate una persona, por ejemplo, por decir algo, un político que tuviera que afrontar un debate público. Y en ese debate tan importante, pues resulta que él sabe que tiene un pasado de fraudes y de estafas y de sobornos y de abuso de poder, y él sabe que todo eso es conocido por mucha gente.

Imagínate cómo se presenta él a la batalla, cómo se presenta él a una confrontación jurídica, una confrontación electoral, sabiendo que tiene todo ese pasado sucio que le denuncia. Algo parecido lo experimenta el demonio. Por eso el demonio es miedoso, es miedoso porque sabe que su derrota está próxima, es miedoso porque sabe que Dios lo puede todo, es miedoso porque sabe que sus argumentos, aunque sean muy elaborados, finalmente son falsos. Entonces, ahí tenemos una segunda característica, por una parte, el demonio es amenazante, pero por otra parte el demonio es miedoso.

Y un buen exorcista, y los hay, por supuesto. Un buen exorcista conoce bien ambas cosas, sabe que el demonio tratará de intimidarnos, tratará de derribarnos con su ostentación de poder y de ruido. Y por eso suceden tantas cosas extrañas en los exorcismos. Por ejemplo, piezas de mobiliario que se mueven solas, posesos que hablan lenguas desconocidas, intentos de inducir pánico o inseguridad en el exorcista, por ejemplo, hablándole de pecados, pecados que ha cometido. Es arrogante, es amenazante, pero al mismo tiempo es miedoso.

Si nos vas a sacar, mándanos a esa piera, y aquí viene el tercer aspecto. Finalmente, el demonio es sumiso frente a Cristo, frente al poder de Dios y frente a aquel que legítimamente le pone por delante ese poder. Por ejemplo, con la santísima Cruz, el demonio es miedoso y finalmente, el demonio es sumiso. Dice el apóstol San Pablo: «Al nombre de Jesús toda rodilla se dobla en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre». Y toda lengua también es las lenguas infernales, no pueden decir otra cosa.

Entonces, hoy estamos aprendiendo estas tres características del actuar del demonio. Que será siempre amenazante, es parte de su arrogancia. Que en el fondo es miedoso frente al poder de Dios, no frente a nosotros, seres humanos, frente al poder de Dios. Y tercero, que finalmente sumiso, de nuevo, frente al poder de Dios, frente a la majestad de Cristo, no frente a nosotros individualmente considerados. Pues demos gracias al Señor, toda la gloria y la alabanza para Jesucristo, en el que está toda nuestra victoria y toda nuestra paz. Amén.

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