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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Un exorcismo de Cristo nos enseña varias de las estrategias y características del poder de las tinieblas.
Homilía i133005a, predicada en 20150701, con 28 min. y 19 seg. 
Transcripción:
Hermanos, estaremos de acuerdo en que el pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar es bastante extraño. A veces la tentación que uno tiene cuando llega a un pasaje difícil en la Biblia es omitirlo, irse a otros lugares, a otros textos que sean más fáciles de comprender. Esa puede ser una buena idea, pero tal vez hoy podemos acercarnos con corazón humilde pidiéndole al Espíritu Santo que nos ayude a sacar alguna enseñanza de este pasaje, porque si el mismo Espíritu Santo quiso que quedara en la Biblia, debe ser porque sirve para nuestra instrucción y para nuestra conversión.
Como norma general, cuando en la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento, se habla de demonios, hay una triple enseñanza que se puede sacar. Normalmente, lo que el Nuevo Testamento nos dice del demonio, nos enseña sobre el demonio mismo en primer lugar. Nos enseña sobre el pecado, en segundo lugar. Y nos enseña sobre los males que hay en esta vida y en esta tierra, en tercer lugar. Así que sabiendo interpretar, repito, con un corazón humilde, obediente a la enseñanza de la Iglesia y un corazón en oración, como estamos nosotros ahora, podemos quizás encontrar enseñanzas en esos tres niveles.
Y ¿por qué tiene uno que aprender de esas realidades tan oscuras? Hay que aprender de lo malo para evitarlo. En primer lugar, hay que aprender de lo malo para evitarlo, nos enseña el beato Pablo VI. En una ordenación sacerdotal hizo una oración por los recién ordenados y decía este Papa, al que admiro tanto, decía a Dios nuestro Padre, pidiendo por los sacerdotes, que conozcan el mal, pero solo para evitarlo. Esa petición no es solo para los sacerdotes, eso vale para todo cristiano. Tenemos que aprender cuáles son las estrategias de las tinieblas, cuáles son los lazos y trampas que nos lanza para no caer fácilmente en ellos.
Otra razón por la que hay que estudiar esta clase de temas es porque tenemos que educarnos todos en un discernimiento. Tenemos que aprender a hacer discernimiento de estos temas. Sobre todo, darnos cuenta de que por encima de toda la exhibición que hace el poder del mal, siempre está por encima de ese poder, el bien, la fuerza salvadora de Dios. Sabemos que el mal es vanidoso, es arrogante, es exhibicionista, continuamente se muestra y hace ostentación de su poder. Pero precisamente, porque su poder es pequeño y limitado frente al poder de Dios.
Entonces, cuando conocemos de estos temas, aprendemos también a diferenciar en dónde está el verdadero peligro y en dónde está la fanfarronería, en dónde está la exhibición y la vanidad del demonio y de sus secuaces. Con esas motivaciones, saquemos algunas lecciones del pasaje que hemos oído que está en el capítulo octavo de San Mateo. Lo primero que encontramos es que estos endemoniados estaban entre las tumbas, estaban en el cementerio de aquel lugar. Yo creo que ahí empiezan las lecciones para nosotros.
La muerte, con mucha frecuencia, es un terreno de inseguridad, de perplejidad, de desolación para el ser humano. Y por eso, con mucha facilidad, el enemigo intenta dominarnos a través del miedo que nos produce la muerte, a través de la incertidumbre que nos produce la muerte, a través de la frustración que nos produce la muerte. Nos dice San Pablo que por envidia del demonio entró el pecado en el mundo. Y también nos dice que la paga del pecado es la muerte. Es decir que nosotros no estamos hechos para la muerte, nosotros estamos hechos para la vida. Pero hay que padecer, la realidad es esa, todos tendremos que pasar por esa puerta.
Y como esa puerta de la muerte trae tanta incertidumbre, desolación, decepción, frustración, entonces en ese terreno, en esa área de la muerte, fácilmente nos ataca el enemigo. Por algo dice la Carta a los Hebreos que Cristo nos liberó. Cristo liberó a todos aquellos que por temor a la muerte vivían como esclavos del demonio, nos dice la Carta a los Hebreos. Y esto se aplica con bastante amplitud, porque resulta que quien no tiene una esperanza de victoria más allá de la muerte, de inmediato se concentra en los bienes de esta tierra y entonces, cae en idolatría o cae en un temor compulsivo, cae en un miedo que hace que finalmente peque.
Aquella persona que considera consciente o inconscientemente que lo único que tiene es esta vida, esa persona se aferra a las cosas de esta tierra y entonces acumula, por ejemplo, dinero de una manera irracional, de una manera absurda, un dinero que nunca se va a poder gastar. ¿Por qué acumula todo ese dinero? Porque su corazón está obsesionado con asegurar el máximo de felicidad en esta tierra. La persona que mira la muerte como la despedida de la existencia, necesariamente idolatra los placeres de este mundo, por eso intenta llevar a su cuerpo hasta el límite del límite.
Por eso, hemos encontrado varios casos de grandes estrellas del cine, de la canción, figuras que son una referencia, especialmente para los jóvenes y que terminan suicidándose voluntaria o involuntariamente. Efectivamente, algunas de esas grandes estrellas de la televisión, o del cine, o de la canción tienen sus cuerpos mucho más allá de un límite razonable, tomando y tomando relajantes y somníferos para poder conciliar el sueño. Y luego al otro día, tomando y tomando estimulantes para poder llevar el día. El día se les vuelve insoportables si no toman estimulantes, la noche se les vuelve imposible si no toman tranquilizantes.
Y por supuesto, el cuerpo humano tiene límites. Y esas personas que tratan de exprimir esta vida hasta el límite, finalmente se encuentran con lo que tanto temían, se encuentran con la muerte. Así que ahí está la primera lección, cuidado con dejarnos esclavizar por el miedo de la muerte, porque en torno a la muerte, el espíritu de las tinieblas intenta atacarnos. Luego dice: Eran tan feroces estos endemoniados que nadie podía pasar por ese camino. Aquí hay una enseñanza importante, porque aquí se está viendo el límite que tiene el ser humano.
El ser humano tiene fuerza, fuerza física, fuerza en su inteligencia, fuerza en su voluntad, tiene fuerza. Pero, esa fuerza no es ilimitada, nosotros necesitamos de algo superior a nosotros mismos para vencer la tentación, para vencer al pecado, para vencer al mal. Al fin y al cabo, el demonio es un ángel, es un ser espiritual que está en un rango ontológico muy superior al ser humano. Por consiguiente, el ángel es casi, podríamos decir, infinitamente más astuto que el ser humano. Lamentablemente, es un ángel caído que va a buscar nuestra perdición.
Por eso, es una terrible ingenuidad, irresponsable ingenuidad, creer que nosotros podemos vencer con nuestras solas fuerzas al pecado, a la tentación o al demonio. De hecho, Jesús dice en el capítulo 19 de San Mateo: Para los hombres es imposible la salvación, pero para Dios nada es imposible. De modo tal que, ahí viene la segunda lección. En nuestra lucha contra las tinieblas tenemos que ser humildes y reconocer que no podemos con nuestras solas fuerzas, pero tenemos que ser creyentes para reconocer que sí hay uno que se llama Jesucristo, y que estando en nosotros y obrando en nosotros, nos da la victoria.
Por eso, también dice la primera carta del Apóstol San Juan: El que está en ustedes, refiriéndose al Espíritu Santo que nos dio Cristo, el que está en ustedes, el Espíritu Santo, es más fuerte que el que está en el mundo. Refiriéndose de este modo al espíritu de las tinieblas, que encadena con sus seducciones y con el miedo a tantos seres humanos. De modo que ahí está la segunda lección. Apréndaselo bien, la primera lección era, en torno a la muerte rondan las tinieblas y por eso tenemos que tener clara nuestra fe en la victoria del Resucitado. Segunda lección, el demonio ciertamente puede ser más poderoso que nosotros, pero no va a ser más poderoso que Cristo.
Tercera lección que la vamos a decir brevemente. Observemos la frase que dicen los demonios, a través de estos desventurados seres humanos: Has venido, le preguntan a Cristo: ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo? Y luego dicen: Déjanos entrar en esos cerdos. ¿Qué es lo que está haciendo el demonio ahí? Has venido, le preguntan a Cristo, ¿has venido para atormentarnos antes de tiempo? Es la expresión de un derrotado, eso concuerda con lo que hemos dicho antes. Ellos no le presentan, en realidad, combate a Cristo porque el demonio sabe muy bien que la lleva perdida delante del poder de Dios, eso lo tiene claro el demonio.
El demonio nunca confronta directamente a Dios porque sabe que está perdido y que la renovación de su derrota va a ser solamente amargura para su soberbia. Así que el demonio no enfrenta directamente a Cristo. Pero ¿qué es lo que hace? Intenta comprar, entre comillas, otro poquito de tiempo. ¿Has venido antes de tiempo?, como diciendo déjanos todavía otro tiempito. Y luego dicen ellos: Déjanos meternos en los cerdos. Están tratando de buscar un poquito más de tiempo y están tratando de buscar un poquito de lugar. Como dirían los estudiosos de la física, están buscando tiempo y espacio.
Eso nos enseña algo importante, el enemigo malo nunca sale de nuestra vida de buena gana, y lo mismo podemos aplicar a nuestros pecados y a nuestros vicios. Un vicio no sale de la vida de uno con buena cara y de buena gana, eso no sucede. El vicio siempre sale a la fuerza, siempre toca echarlo porque no quiere salirse y cuando se ve obligado a salir, el vicio, el pecado, el demonio intenta siempre agarrarse a un último poquito, a ver si me queda por lo menos esto. El demonio sabe muy bien que está derrotado. Como dice una canción carismática, el diablo está pisado. El diablo sabe que está perdido.
Pero perdido y derrotado como está siempre busca algún cerdo donde meterse, siempre busca otro poquito de tiempo para quedarse, siempre está tratando de sacar, por lo menos, la última uña para agarrarse de un borde. Y esto es muy importante porque de aquí nos enseñan algunos santos como la muy estimada doctora de la Iglesia, Santa Catalina de Siena, la cual dice que nuestros pecados, sobre todo, nuestros pecados dominantes, nunca mueren, solamente duermen.
Y eso quiere decir que, aunque uno crea que ya tiene dominado completamente un pecado, tenga cuidado porque el demonio siempre en el último momento, intenta meter la garra, intenta agarrarse de algo, intenta un pedacito y en ese pedacito quiere resurgir. Le voy a hacer una comparación que es un poco fastidiosa, no es muy elegante, pero es que estamos hablando de un tema que es sucio, que es el tema de las tinieblas. Esto se parece a las personas que han tenido problemas de hongos.
Usted sabe lo que pasa con los hongos, usted intenta sacar esos hongos y se echa su crema, se hace su tratamiento, pero si le queda un poquitito, aunque sea solo un poquitico, de ese poquito, vuelve otra vez a crecer lo mismo. Lo mismo pasa en muchas enfermedades dermatológicas, lo mismo pasa en muchas úlceras y lo mismo pasa con el pecado. Entonces, esta es una advertencia muy importante y es la tercera lección. Cuando uno le permite al demonio que quede siquiera un poquito, ahí hay peligro de recaída.
Como ustedes son gente muy inteligente, se estarán preguntando por qué Cristo les permite que entren a los cerdos, pues ahí viene la cuarta lección. Resulta que estos seres humanos, estos dos endemoniados, llevaban tiempo con esos espíritus horribles metidos en el cuerpo y, por lo visto, se aguantaban eso, los cerdos no se aguantaron. Esos animalitos en cuanto experimentaron la acción del demonio, mire lo que dice la Biblia: Salieron y entraron en los cerdos. Estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado y se ahogaron. ¿Por qué Cristo permitió que estos demonios quedaran con un pedacito, en este caso un pedacito de marrano, por qué lo permitió?
Lo permitió para dar una lección. Y esa lección es la cuarta, dentro de esta serie que llevamos. La cuarta lección es, la maldad que no se aguantan los animales, sí la tolera el ser humano. Es decir, cuando el ser humano se vuelve malo, se vuelve peor que cualquier bestia, peor que cualquier parásito, peor que cualquier animal. Y en medio de este tema tan serio, quiero recordar con ustedes una foto que me mandaron por internet. Es un parque natural, un parque muy bonito, de esos que tienen bosques y animalitos y arroyos.
Y tiene un letrero que dice: Los animales no destruyen tanto el medio ambiente como el ser humano. Al entrar en este parque le pedimos que sea un animal. Me parece muy interesante, cuando el ser humano va a hacer daño, hace un daño mucho peor que los mismos animales. Cuando se trata de crueldad, el ser humano se vuelve mucho más cruel que los animales. Fíjese, los cerdos no toleraron la presencia del demonio. ¿Por qué nosotros sí toleramos la presencia del pecado? Esa es una lección muy grande que nos da este Evangelio.
Claro que, ya hemos explicado, lo que aquí se dice del demonio, hay que llevarlo también a otras situaciones de la vida. Por ejemplo, como sacerdote, a mí me impacta muchísimo ver algunas personas que tienen un resentimiento, un resentimiento contra un hermano, porque ese hermano me maltrató, porque ese hermano me robó. Tenemos una empresa de familia y ese hermano nos robó. Y entonces, ¿usted qué? Yo le tengo rabia por no decir le tengo odio a ese tipo. Vaya, terrible. ¿Hace cuántos años tiene usted ese resentimiento? Hace 48 años que no le hablo a mi hermano.
Oiga, podemos los seres humanos tener un resentimiento años y años y años, un resentimiento significa como tener un alacrán prendido del pecho, envenenándonos todos los días y somos capaces de aguantar eso, lo que no se aguanta un animal. Los cerdos se precipitaron por el acantilado, los cerdos no se aguantaron esa presencia. Y nosotros, en cambio, a veces nos llenamos de un odio, de un resentimiento, nos llenamos de mala voluntad hacia una persona y son años y años. Y uno conoce familias donde hay una hija que no le habla al papá hace 40 años y donde hay hermanos que no se hablan desde hace 30 años.
Y uno conoce a personas que dicen: Yo lo único que quiero es mi venganza sobre tal o cual persona, incluso si eso significa la destrucción de su propia salud. Fíjese qué enseñanza tan profunda la que nos da este Evangelio, cuando nos dejamos dañar nos volvemos mucho peores que cerdos. Ustedes saben que el cerdo, que en realidad no es un animal muy atractivo para nosotros, no solo carecía de atractivo para los judíos, sino que era un animal impuro, un animal repugnante. Y Jesús quiso que sucediera eso del suicidio de los cerdos para mostrarnos que cuando admitimos el pecado, sobre todo el pecado que permanece y permanece y permanece, realmente estamos obrando peor que los cerdos.
Última lección, quinta y última lección, la tomamos de los últimos versículos. Resulta que estos endemoniados quedaron curados y la ciudad, esa población no sería muy grande, esa ciudad entera fue a buscar a Cristo. Pero en vez de darle las gracias, en vez de glorificar a Dios por esa misericordia, fíjate la actitud que tomaron: Al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio. Así dice el texto, este debe ser el versículo 34, Mateo 8, 34. Y a mí eso me parece sorprendente, a mí eso me parece realmente extraño.
¿Cómo así que esta gente recibe una misericordia tan grande de Dios y la actitud que toman es que Jesús se vaya? No tenemos una respuesta directa, explícita de por qué le pidieron eso a Jesús, pero podemos hacer varias suposiciones perfectamente razonables. Esta región que según el Evangelio de San Marcos se llamaba la región de Gerasa, es una región que queda prácticamente en las afueras de Galilea. Y Galilea era una región en la que a duras penas se conservaba la fe. De hecho, los judíos decían que Galilea era prácticamente tierra de paganos. Por eso, la llamaban Galilea de los gentiles, tierra de paganos.
O sea que fíjate en qué zona se está moviendo Cristo. Esto sí es como dice el Papa Francisco, ir a las periferias, porque Galilea, que es la tierra natal de Cristo, ahí está Nazaret, Galilea ya es afuera. Y dentro de Galilea, la Decápolis, que es esta región en donde sucedió esto, la Decápolis es lo más externo, lo menos cultivado en la fe. Es decir, que esta es una región en donde la magia, la superstición, la brujería, el satanismo abundan. No es casualidad que haya sido en este sitio donde se presente una escena tan dramática, tan impresionante.
¿Por qué se presenta aquí? Porque esa era una región que estaba cundida de superstición, de brujería, cundida de paganismo e incluso, muy probablemente, de alguna variedad de satanismo. Porque ustedes saben que en esas regiones del Medio Oriente se habían difundido unos cultos que hablaban de darle honra para tratar de estar bien con el poder de la luz y darle honra para tratar de estar bien con el poder de las tinieblas. O sea que esa es la región donde sucede esta escena. Es una región espantosa, una región llena de incredulidad, brujería, satanismo, superstición.
Y ¿cuál es la lección que sacamos? Que en esa región tan espantosa desde el punto de vista espiritual, llega un momento en el que la mente humana y el corazón humano ni siquiera son capaces de discernir lo bueno de lo malo. Les llega Cristo, el Hijo de Dios, les llega Cristo Santísimo y no son capaces de discernir. ¿Qué es lo que le pasa a esta gente? Pues esa gente parece que está metida simplemente en la idea de, déjenos llevar una vida tranquila, así sea con endemoniados en las tumbas, pero una vida tranquila.
Cuando el ser humano se deja hundir en la superstición, en la brujería, en la confusión, llega un momento en el que pierde toda capacidad de discernimiento y lo único que quiere es una vida, entre comillas, tranquila. Pero en esa tranquilidad está nuestra derrota y está nuestro desastre, esa sería la lección dicha de una manera negativa. Dicho de un modo positivo, la lección es esta, cuando nosotros salimos de la oscuridad, cuando nosotros salimos del paganismo y de la superstición, cuando nosotros llegamos a la luz, entonces aprendemos a distinguir cuál es un poder bueno como el de Cristo y cuál es un poder malo como el del demonio.
Y cuando llegamos a la luz, aprendemos a ser agradecidos con Aquel que nos libera, incluso si esa liberación supone la pérdida de tantísima riqueza, porque, según otra versión, esa piara tenía cerca de dos mil cerdos, o sea que fue una pérdida absolutamente millonaria. Pero no importa, no importa que se pierda lo que se pierda con tal de que se salve el corazón humano. Hermanos, estas son las principales lecciones que encontramos en este Evangelio.
Recordemos por qué hemos hecho este estudio, se trata simplemente de aprender a reconocer las estrategias y trampas del enemigo para no caer en ellas y para adherirnos con todo nuestro corazón a Jesucristo, el que vence sobre el pecado, sobre la muerte y sobre el demonio. A él sea la gloria y la alabanza por los siglos de los siglos. Amén.

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