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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nuestra oración de intercesión ha de ser humilde y sin exigencias a Dios, con gran compasión hacia el prójimo buscando vivamente la gloria del Señor.
Homilía i131006a, predicada en 20190701, con 6 min. y 33 seg. 
Transcripción:
¿Cómo podemos purificar y elevar nuestra intención cuando se trata de hacer oración por otras personas? La primera lectura de hoy nos ayuda a encontrar una buena respuesta a esta pregunta, porque todos los que somos creyentes sabemos que nuestra oración no debe ser únicamente por nosotros mismos. También oramos por otras personas. ¿Cómo debe ser nuestra oración? Bueno, podemos aprender del ejemplo de Abraham. Abraham se da cuenta de la gravedad del pecado de dos ciudades. Seguramente hay muchos pecados en muchas otras ciudades. Pero Abraham se da cuenta de lo que está sucediendo en estas dos ciudades, que han venido a ser como la imagen misma del pecado en su versión más depravada, en la Biblia. Estamos hablando de Sodoma y Gomorra.
Abraham se da cuenta de lo que está sucediendo y su amistad con Dios hace que perciba el destino trágico que aguarda a estas ciudades. ¿Y cómo realiza su intercesión? Bueno, lo primero es desde una profunda humildad. Abraham multiplica las expresiones que muestran la conciencia que tiene de quién es él. Yo no soy nada, dice Yo soy polvo y ceniza. Me he atrevido a hablar, yo que soy un pobre mortal. Es muy importante tener en cuenta, que nuestra oración de intercesión no es una exigencia, como si Dios tuviera que hacer las cosas. Este sería un error muy grave y sin embargo es un error que se comete.
Por ejemplo, se comete este error cuando la persona está tan convencida de que Dios debe hacer algo y luego, si no lo hace, entonces se disgusta y se resiente contra Dios. Cómo es posible que una persona se resienta contra Dios, a menos que tenga previamente en su cabeza, que Dios tiene que hacer algunas cosas. O sea, que lo primero que tenemos que quitarnos de la cabeza es que Dios tiene que. Dios no tiene que. Dios no está en obligación. Todo lo que recibimos y todo lo que recibamos de Dios es siempre regalo, es siempre un don. Es un don precioso, un don que a veces entendemos y a veces no, un don que a veces nos llega tan pronto que ni siquiera sabemos cómo desempacarlo, es lo que quiere decir, que no sabemos entenderlo.
Primera característica, humildad y por consiguiente, no le vamos a exigir a Dios. Eso es lo primero. Segunda característica. Nos damos cuenta de que aunque la situación de estas ciudades sea tan corrupta, Abraham tiene el presentimiento de que puede haber personas inocentes ahí. Entonces hay un sentir de compasión. No debe morir gente inocente. No es justo que sufran los que no deben sufrir. Aquí aparece un rasgo de compasión. Lo primero es la humildad, lo segundo es la compasión. Pero lo tercero, que puede quedar un poco oculto a nuestra mirada, pero que es supremamente importante, es que Abraham se preocupa por la gloria de Dios. Cómo va a ser posible que Dios, que es el Dios justo, cometa una injusticia. Esta idea aparece varias veces en la Biblia.
Por ejemplo, te vas a encontrar unos cuantos libros más adelante. Te vas a encontrar que Moisés utiliza un argumento muy parecido. Moisés le dice a Dios este pueblo ha pecado horriblemente. Cuando iban por el desierto. Este pueblo ha pecado terriblemente, pero si tú lo destruyes, los egipcios van a decir que tú lo sacaste de Egipto con mala intención para torturarlos y destruirlos en el desierto. Es decir, a Moisés le duele la gloria de Dios. Otro hombre que manifiesta esta misma inquietud es Ezequiel. Ezequiel dice En nombre de Dios yo lo hago por mi gloria, ustedes son unos pecadores. Y aquí es Dios el que está hablando. Pero yo lo hago por mi gloria, porque ustedes han profanado mi nombre entre las naciones. El hecho de que ustedes, corruptos, estén en tantos países y lleven esa vida de pecado escandaloso, obviamente destruye la gloria del Señor. O sea, que la oración de intercesión tiene también esta dimensión. Y de hecho, afirmó que es tan importante porque es la dimensión que nos puede conectar más con lo que Dios quiere.
Efectivamente, en la búsqueda de la gloria divina, en la búsqueda de que su nombre sea honrado. Ya estamos conectados con Jesucristo cuando dijo Santificado sea tu nombre. Efectivamente, lo tienes en el Padre Nuestro. Cuando nosotros en el Padrenuestro decimos Santificado sea tu nombre, estamos diciendo orientamos nuestro corazón, orientamos nuestra vida a tu mayor gloria, Señor. Tres características de la verdadera intercesión. Una profunda humildad, una gran compasión hacia el prójimo y una búsqueda viva de la gloria del Señor.

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