|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los Evangelios Sinópticos presentan la vida cristiana como "seguimiento de Cristo." En sentido material, esto implica participar de su suerte y modo de vida; en sentido simbólico, es acoger su enseñanza y su espíritu.
Homilía i131003a, predicada en 20110627, con 4 min. y 41 seg. 
Transcripción:
Estamos iniciando la Semana número Trece del Tiempo Ordinario. En la primera lectura continuaremos durante esta semana con la historia de los patriarcas. Vamos todavía con nuestro Padre en la fe, Abraham. Por eso aquel pasaje del Capítulo Dieciocho del Génesis, en el cual Abraham brilla como intercesor por una ciudad pecadora. De hecho, la ciudad pecadora por excelencia en la Biblia, la que soportó el castigo, la reprimenda durísima de Dios, la ciudad de Sodoma. Mientras tanto, en el Evangelio, durante estos días seguimos con San Mateo. La semana pasada terminamos el Sermón de la Montaña, el discurso o serie de discursos más famosa de Cristo. Desde el Capítulo Cinco hasta el Capítulo Siete de San Mateo.
Ahora estamos en el Capítulo Ocho. Y esta vez Cristo no está hablando, sino que está sobre todo actuando. Le vemos en movimiento. El Señor ha venido a buscar a la oveja perdida y por eso no se recluye en una montaña. No se separa de la gente, sino que al contrario, sale al encuentro del pecador. Jesús es el divino peregrino, es el buen Pastor, es aquel que recorre nuestros caminos para hacerse Él mismo camino. Pero Jesús también ha querido tener discípulos, y por eso hay una palabra que se repite, o mejor, una idea que aparece en el Evangelio de hoy, el seguimiento de Cristo.
Un escriba, por ejemplo, le dice a Cristo que quiere seguirlo, que quiere tomarlo como maestro. Esta expresión seguimiento tiene un sentido real y un sentido metafórico. El sentido real es acompañar a Jesús en sus viajes, en su caminar, en su continuo trasegar. Precisamente por el ministerio exigente que se ha impuesto. Ese es el sentido real y físico. El sentido metafórico es tal vez en el que está pensando este escriba. El sentido metafórico es seguiré tus enseñanzas, te tomaré como maestro mío. Pero este escriba necesita dar un paso más. Jesús le recuerda que las condiciones de su enseñanza no son tan agradables y no son tan cómodas como podrían ser las de un maestro que se reúne siempre en un mismo lugar con sus discípulos. Los grandes rabinos, los grandes maestros de aquel tiempo, tenían por así decirlo, escuelas de formación. Y aunque no hubiera toda la institucionalidad que tenemos hoy en día, con salones de clase y todo aquello, lo normal era que un maestro, que un rabino tuviera un cierto lugar de reunión, una cierta estabilidad. Este escriba seguramente estaba acostumbrado a esa forma de enseñanza.
Jesús rompe ese esquema y le dice que Él está de camino y por eso la comparación. Aunque las zorras tienen sus madrigueras, el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Lo cual también nos recuerda que el corazón de la enseñanza de Cristo no son solamente palabras o ideas. Es su vida misma la que nos da grandes lecciones. Y luego Jesús le dice a otro, que no espere a la muerte de su padre para empezar a seguirlo. Lo que dice Jesús Deja que los muertos entierren a los muertos. No quiere decir que a este hombre ya se le hubiera muerto el papá y que Jesús le prohibía asistir al funeral. Cuando el hombre dice quiero primero ir a enterrar a mi padre, es quiero esperar hasta que mi padre muera. Jesús le dice El rey no tiene prisa. Hay que anunciar el reino ya, es la prisa del amor. Déjate contagiar por ese amor, déjate contagiar por esa prisa.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|