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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El seguimiento de Cristo.
Homilía i131001a, predicada en 19970630, con 15 min. y 14 seg. 
Transcripción:
La lectura del Santo Evangelio nos presenta al mismo tiempo la grandeza, la urgencia, la premura y la primacía del seguimiento de Jesucristo. Te seguiré adondequiera que vayas, dice este letrado. Esta es una especie de fórmula técnica con la cual un discípulo judío se entregaba por completo en manos de su rabí, de su maestro judío. Con esa fórmula le estaba diciendo: Quiero ser completamente discípulo tuyo y que tú seas mi Maestro. Responde Cristo. No, que siga, no que no siga, sino la condición de ese seguimiento. El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. Estar pues, con él. De alguna manera es participar de su misma suerte. Y esta suerte, en el caso de Jesucristo, supone como estar en descampado, como permanecer en descampado, como estar siempre en pie de lucha. Cristo aquí habla como el que no tiene donde descansar, porque todo lugar es lugar de misión para Cristo. Y esto es duro, esto es duro. Todo lugar es lugar de misión para Cristo, y esto es duro. De alguna forma pequeña será. Yo lo he podido experimentar. Porque adonde va uno que no se necesite la palabra de Cristo. Donde los parientes de un. ¿Cuántas veces acudo? Visito a mis parientes, a mis papás, a mis hermanos y lo que encuentro es que me tienen bien reservadas unas cuantas preguntas. Una cantidad de problemas. Intenciones de oración, consultas o simplemente. Me disculpan la palabra fastidiosamente, quejas y quejas y quejas. ¿A dónde va uno si es discípulo de Cristo? ¿Y si va en el nombre de Cristo? ¿A dónde va uno que no se necesite a Cristo? Algún descanso se encuentra cuando uno va a un lugar donde hay hambre de la Palabra de Dios. Donde hay deseo de conocerlo y de servirle, porque hay muchos otros lugares a donde uno es invitado. Lugares donde probablemente hay cariño, hay simpatía, hay amistad. Pero muchas veces ese cariño y esa amistad tienen razones solamente humanas. Y creo que sin tener muchos años. Ya he experimentado lo que significa acercarse a las personas cuando solo tienen esas motivaciones, cuando el amor que le tienen a uno es solamente por motivos humanos. No es aquel amor grande del que habla el capítulo trece de Primera Corintios. No es ese amor grande que no lleva cuentas, sino este amor humano chiquito que lleva cuentas que yo por usted he hecho. Y yo como si lo tomo en cuenta y yo como si estoy. Y entonces las personas creen que están adquiriendo derechos con unos y que luego uno tiene que atenderlas o tiene que portarse con ellas como ellas quieren. Pues simplemente porque han tenido algunas atenciones con uno para permanecer libre, como es el Espíritu Santo, para permanecer libre como es Jesucristo. A uno le toca hacer el quite a muchas invitaciones, a muchos cariños, a muchas amistades, porque más que cariños y amistades son lazos, y más que regalos presentes o dones son negocios. Negocios afectivos con los que pretenden tener asegurado al sacerdote. Y como resulta que solo Dios juzgue, hay sacerdotes a los que si les llama la atención entrar en ese juego del cariño y del afecto, entonces hay familias, por ejemplo, que se disgustan con uno, porque uno no es como otros padres, que si es el padre de la casa, así como hay el médico de la casa o como hay el abogado de la casa. Hay gente que quiere tener el padre de cabecera, el sacerdote Manuelito, sacerdote que está en el bolsillo, con el que se cuenta en todo momento, el que está siempre ahí. Pero uno no se debe al que más lo quiera a uno. Uno se debe al que más necesite de la Palabra de Dios. Y por esta razón, pues es dura. Esa condición del seguimiento de Cristo es dura, pero es bizarra, es noble, es alta porque esto significa gastarse y quemarse solo por Dios. De pronto dirá alguien bueno, y entonces ¿qué servicio, qué cariño se le puede dar? ¿Qué atención se le puede hacer a un discípulo de Jesucristo? Como le comentaba alguna vez a algunos amigos en cuya casa me casa no encontraba un lugar. Por lo menos hablo de mí. Y que Dios tenga misericordia. El lugar que a mí me atrae es el lugar donde se busca la gloria de Dios, donde se puede encontrar, donde mi corazón por lo menos puede encontrar algún descanso. Es en ese lugar donde se busca conocerle más, donde se busca amarle más y donde la conversación, la presencia, la Palabra, la oración se encaminan hacia la gloria suya. No hay muchos lugares así. No son muchos los lugares así. Y por eso, incluso en esos lugares y en todos. Uno se acuerda de Cristo que no tenía donde, donde reclinar la cabeza. Hay otra interpretación que le oía a un sacerdote monje además, en torno a este versículo. La expresión reclinar la cabeza dicha por un hombre indica su hogar y particularmente su esposa. Parece que aquí estuviera diciendo Cristo. De acuerdo con esa interpretación, no hay para mí el cariño de una esposa. Decía aquel predicador, aquel monje, que este versículo no había que relacionarlo tanto con el voto de pobreza como con el voto de castidad, porque indicaba más bien como esa especie de despojo afectivo. Me parece que no hay que llevar las cosas hasta allá, porque la pregunta que le hace el letrado. Él no está aludiendo a la condición afectiva, esponsal o no, de su posible maestro, que sería Cristo. Así que no creo que haya que llevar las cosas hasta ese punto. Sin embargo, si nos ayuda a volver sobre la idea que estamos comentando, entrar a seguir a Cristo es quedarse en descampado. Es muchas veces no tener quien resguarde de las dificultades, de las durezas de la vida, o mejor dicho, tener solamente a Dios para que Él cuide, para que Él resguarde, para que Él provea. Digamos una palabra sobre el otro diálogo que se presenta en este breve pasaje. Fíjate lo que dice: Otro que era discípulo ya era discípulo. Le dijo: Déjame ir primero a enterrar a mi padre. Esa anotación, que ya era discípulo, es de mucha importancia, de inmensa importancia para comprender cómo se iban relacionando las personas con él. Este es uno de los versículos que nos ayuda a comprender cómo había en torno a Cristo, digamos, así como círculos concéntricos. Ser discípulo todavía no era tener verdadera y completa intimidad con la enseñanza del Maestro. Había un algo más. Ser discípulo era un paso, pero había algo más. Y ese más, ese paso más es el que Cristo quiere que este discípulo ve cuando le dice sígueme. Este seguimiento de Cristo es algo más que ser discípulo de Cristo. Es compartir su misma suerte. Y esto no lo no le sucedía a todos los discípulos. Sígueme ahí. Como en otros pasajes, alude a algo bastante concreto. Estáte conmigo, quédate conmigo y que lo que nos vaya a pasar nos pase a ambos o nos pase a todos los que vamos en este camino. Nos puede sorprender un poco como la dureza de la expresión de Cristo. Él dice: Déjame ir primero a enterrar a mi Padre. En nuestra cultura occidental, ¿eso qué significaría? Que este hombre tiene el dolor de que se le murió el papá y que el papá anda por allá muerto en otro pueblo y están en las diligencias del entierro. Y Cristo le dice no vaya a las exequias. Llamaríamos en nuestro lenguaje de hoy, no vaya a sentir usted, no vaya a sentirlo, siga por acá. Y entonces uno dice: Pero eso es inhumano. ¿Cómo así? Se le muere el papá y no vaya al entierro. El sentido no es ese. Déjame ir primero a enterrar a mi padre. Lo vamos a traducir de este otro modo. Deja que primero entierre a mi padre. Es muy parecido, pero no es lo mismo. ¿Y eso qué significa? Es un modismo hebreo- arameo para indicar esperemos a que mi papá se muera. Cuando el discípulo dice esto no es que el papá ya se murió, lo mandaron llamar y este está en el entierro del papá o seguir con Cristo. Si la escena fuera así, pues resulta como incomprensible, incomprensible por su dureza, lo que dice Cristo. Lo que él está diciendo es deja que primero entierre a mi Padre y obviamente, como no lo va a enterrar vivo, se trata de que primero mi padre muera y después de que yo haya solucionado mi problema familiar, después de que yo haya aclarado las cosas en mi casa y ya hayamos visto cómo quedan las cosas entonces ahí si mirare si te sigo. Y por eso la expresión de Cristo tiene sentido. Deja que los muertos entierren a sus muertos. Expresión que habría que entender de esta manera es enterrar a los muertos es esperar hasta que finalmente mueran. Esos encargos déjaselos a otros, a los que no tienen esta vida. Y eso déjaselo a otro. Espera a ver cómo yo me logro desatar. Miren, de los afectos humanos. Fíjate que el Evangelio todo tiene que ver con los afectos humanos. De los afectos humanos uno nunca se desata pulcramente y va a quedar todo el mundo tranquilo. El corazón humano tiene pegastic o pega, pega o lo como se llame, y es sumamente pegajoso y sumamente pegachento. El corazón humano no renuncia sino más a que alguien se vaya, que alguien se separe. Desde luego que quienes tenemos por bondad de Dios la gracia de encaminarnos, por ejemplo, en la vida religiosa, algo hemos podido experimentar de esto, algo hemos podido experimentar. Si uno espera, por ejemplo, para iniciar el camino de la vida religiosa a que todo el mundo en la familia quede contento y que uno se vaya, nunca se va. Siempre habrá alguien que hace mala cara, que le parece que eso es una estupidez, que le parece que a uno le lavaron el cerebro, que le parece. Cuántas tonterías se dicen en torno al llamado a la vida religiosa. Cuántas tonterías se dicen. De manera que hay una enseñanza, que hay muchas enseñanzas en un pasaje tan breve como este. Aquí está la urgencia, la importancia, la premura y la primacía del llamado de Jesucristo. Se necesita tener el corazón ardiendo para entender este evangelio. Se necesita estar enamorado para entender el Evangelio. Este es uno de los pasajes que nos hace comprender que el evangelio es como un lenguaje de amor o de enamorados. Y usted sabe que el que se encuentra una carta, que el novio le escribe a la novia. Todo eso son bobadas y babosadas. Si él no tiene amor, si no comprende el amor. Para su enamorado, puede ser que para ese amado, para ese novio, puede ser que le quedó pálida, la carta le quedó, le quedó pobre la carta, pero resulta que uno la va a leer y uno dice pero qué es tanto lo que le dice a esa señora. Tal ves está así. Y sin embargo, él cree que todavía le faltó describir cómo ella es linda y es bella y es. Entonces hay que tener de la misma manera, para comprender estos evangelios. hay que tener el corazón incendiado, hay que tener el corazón en ascuas, hay que tener el pensamiento pleno del fuego del Espíritu para descubrir así cuál era la prisa que tenía Cristo. Y por qué es tan importante eso de seguirlo.

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